Lo venezolano se pega

Venezuela es chévere
Venezuela es chévere

De acuerdo con las leyes del sentido común, las personas que emigran, sobre todo a países de su mismo idioma, deberían tratar de comunicarse casi con un diccionario en la mano para evitar modismos y poder tener una charla fluida con el residente del lugar. Es como el dicho “el que llega, saluda”.

Los venezolanos faltamos a esa clase de sentido común, pues preferimos hacer cualquier cosa antes de alejarnos de nuestro coloquio, de nuestros modismos, de lo que nos hace ser quienes somos y de lo que explica exactamente lo que sentimos sin necesidad de tanta palabrería. En vista de que no podemos sustituir lo que sentimos, debemos enseñar para que los demás nos comprendan.

Llegamos a otros países pretendiendo que la gente entienda lo que significan las palabras “burda, chévere, brutal, marico(a), weon, vaina, está garuando , qué chimbo o verga. Para nosotros es más fácil explicar lo que significan cada una de esas palabras que tener que sustituirlas por otras que no reflejan exactamente lo que queremos decir. “Chimbo” no es lo mismo que “qué mal”, por ejemplo.

Digamos que enseñamos Cultura General.

Yo  no sé si esto bueno o malo, pero si la RAE incluyó la palabra chévere, vamos en el camino hacia algo interesante.

Conquistemos el mundo

Como siempre tengo un cuento, no podía dejar de escribir lo que me pasó un día que fui a la fiesta de una amiga, aquí mismo en Montevideo y  no sé por qué razón esa reunión se convirtió prácticamente en un centro cultural en el que había más extranjeros que tipos de alcohol en la mesa. Lo que más me llamó la atención fue una pareja de amigos conformada por un venezolano y un ruso. Debo admitir que es de las amistades más extrañas que he conocido. La diferencia cultural y de idioma es abismal.

Me acerqué a donde ellos estaban. Al principio pensaba que el rubio era belga o algo así, no ruso. Me había preparado para que mi cerebro pensara en inglés y pudiera comunicarme sin pasar vergüenza. Fallé. Cuando supe que era ruso, lo primero que se me ocurrió decirle fue dó-bra-ye ú-tra -Buenos días (lo único que me sé en ese idioma). Obvio que al ruso ni le importó esa frase.

Luego de hacer un intercambio de palabras entre el venezolano y yo, me di cuenta de que el tipo ruso entendía español. Pero no cualquier español, ENTENDÍA VENEZOLANO. Así fue que me enteré:

El venezolano abrió una chupeta…

– ¡Esssssssssssoooooooo! -Exclamó el ruso

– Marico, ¿qué te pasa weon?

– ¡Ah! Estás chupando un Chupa Chups, ¿te gusta chupar? ¡Chúpame este!

Colapsamos todos de risa

– Marico que te pasa weon, jaja…¿No me puedo comer mi vaina tranquilo? Jaja. Deja el chalequeo marico

– Jaja, no te estoy chalequeando. Ven acá… No te gusta chupar?

– ¡Ah bueno, deja la vaina pues! Este bicho es senda rata weon -me decía mientras lo señalaba con la chupeta-.

-¿Rata? no soy una rata. Tú eres el que esta chupando

Esas cosas de doble sentido EXAGERADAS, solo las puede enseñar un venezolano. En este caso, el probre había enseñado tan bien, que le salió el tiro por la culata, pero fue divertido.

Para confirmar nuestra dominación del mundo, les cuento que en donde vivo, hay más uruguayos que venezolanos. En 4 meses que tengo acá ya todos incluyen las siguientes palabras en sus frases: CHAMO(a), MARICA, MAMAGUEVO (eso no sé dónde lo aprendieron), CHÉVERE, BRUTAL, ARRECHO.

Yo aún no tengo ninguna palabra pegada. Sí me sé algunas, pero no las uso en mi día a día. Todavía se me escapa un chévere, un coño, un qué vaina.

Creo que la realidad es que ningún venezolano está completamente feliz de emigrar y dejar su tierra, y una de las formas de llevarla consigo está en esas palabras coloquiales que decíamos en nuestro día a día, ¡Y qué mejor que practicarlas con tu nuevo círculo social para sentirte como en casa! Ellos ahora son como nuestra “pequeña Venezuela”.

Salú!
Salú!

El venezolano nunca deja su tierra, la lleva consigo a todas partes entre recuerdos, palabras y algunas fotos guardadas. Porque somos felices siendo venezolanos, somos felices alardeando de nuestra cultura, de nuestros paisajes, de nuestras vivencias. Porque a pesar de todo lo malo, nos llevamos muchas cosas buenas para compartir en nuestro nuevo hogar, porque a pesar de todo, sentimos que nuestras raíces nos llaman y se preguntan cuándo vamos a volver.

Lo venezolano se pega porque somos chéveres, porque somos buenos, porque somos amables, porque somos increíbles. Nos encanta llevar con nosotros el color del caribe y el sabor criollito para plantarlo en todos los lugares que visitamos.

Queremos sentirnos vivos, queremos seguir siendo felices, queremos seguir siendo venezolanos.

Salú por todos nuestros amigos extranjeros que ahora nos dicen ¡Épale chamo!

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