Cuando las despedidas no paran

Hace 6 meses despedí a mi familia en el Aeropuerto de Maiquetía, entre la nostalgia nos dijimos “hasta pronto” y desde ese entonces las despedidas en mi vida no han parado.

Llegué a Montevideo con la certeza de que todo iba a mejorar y que el verbo “extrañar” solo iba a conjugarse cuando me refiriera a quienes dejé en mi amado país, pero resultó que desde que llegué, las despedidas son el pan de cada día. Creo que nunca me había fijado en eso, pero ahora me despido más que cuando estaba en Caracas, quizás porque soy más sensible frente a las personas que conozco, quizás porque con quienes comparto son personas pasajeras… La verdad es que no lo sé.

Lo que sí sé es que cada una de esas vidas ha llegado a mí por alguna razón. Nunca había conocido tantas personas en tan poco tiempo, y cada una de ellas me ha dado un aprendizaje, una visión más amplia del mundo, muchas sonrisas y buenos momentos.

Pensé que cada uno de estos “adioses” se me hacían más frecuentes, debido a que trabajo en un hostel, pero me senté a pensar en todas las cosas que he vivido desde que llegué a Montevideo y el resultado fue que desde que pisé este país he ido conociendo y despidiendo personas muy influyentes en mi vida.

No sé si esto es bueno o malo, pero me parece que ha estado bien.

Despedirse te da más fortaleza frente a lo que se viene, te da vida, energía y las ganas de luchar por hacer las cosas bien y convertir todos esos aprendizajes y valores en un puente para ir construyendo el camino de la vida día a día.

Si me hubiese quedado en Caracas, JAMÁS hubiese podido vivir siquiera la mitad de las cosas que he hecho fuera del país, no porque no me lo permitiera, sino porque el conformismo y la rutina me invadían e impedían hacer las cosas que de verdad dictaban mis sentimientos.

Cada cierta cantidad de días, un amigo de temporada lleva sus sábanas a la recepción, entrega su número de cama y me dice “voy a hacer el check out” con cara de tristeza. Yo me hago un poco la dura, pero a veces quiero que se queden siempre, como mi familia, como mis amigos; pero luego pienso en que caería en una rutina y los dejo ir, tal como vinieron.

Me quedo con las experiencias, me quedo con los recuerdos y los buenos momentos. Esos van en la maleta de mi corazón, así que no tendré que preocuparme por el “peso extra” cada vez que salga a recorrer el mundo.

Cada “hasta luego” es una experiencia que trae consigo más “mucho gusto”, es un ciclo de vida. Es parte de mi naturaleza y es lo que decidí vivir.

Nos vemos pronto.

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s