Yo tan otoño, tú tan primavera

“Las aceras andaban con frío, menos mal que las hojas se dieron cuenta rápido y se dejaron caer para ir a su encuentro a acobijarlas”. Así fue que el color marrón se puso de moda en el sur.

La playa va quedando cada vez más sola, las medusas, los peces y la bionumiliscencia ya se esfumaron en búsqueda de aguas más cálidas. El viento llegó con tarjeta de invitación y las despachó. Los invitados primero.

Se nota cómo el sol se está alejando lentamente. Ya empezaron a reemplazarse las sonrisas por un suéter y los pies en la grama por unas medias en el suelo de casa.

La nariz ya empieza a vestirse color rosa. Dicen que es debido al cambio de temporada, pero lo que nadie sabe es que desde hace un mes los árboles empezaron a quitarse el maquillaje verde primaveral y sin querer, el viento voló las mopas de algodón que habían dejado sobre la copa. Así que estas salieron a volar por la ciudad dejando un caos en el sistema respiratorio.

¡Pobres! No saben que están haciendo mal.

¡Pobres narices!

Lo lindo del otoño es que a veces deja que el calorcito se quede más tiempo y no permite que el frío haga de las suyas tan rápido. Lo irreversible es que las hojas siguen cayendo, ellas saben más que nadie que la temperatura va a bajar. Solo las fuertes quedan amarradas a sus raíces.

Mientras tanto, tú, el del norte, vas dejando algunas chaquetas en casa, porque la primavera ya llegó.

Ya tú empezaste a guardar abrigos para sacar tus remeras y sandalias… El sol está más cerca de ti ahora. Ya ves cómo la tierra se regenera y se pinta de verde para dar paso a la luz de las flores y de tu sonrisa, que seguro combina con el azul del mar.

La playa debe estar calentándose, junto a las palmeras que te darán sombra en estos próximos 2 o 3 meses.

El hielo ya se empieza a romper por allá, metafórica y literalmente. Y acá recibimos los pedacitos para costruír nuevos icebergs: naturales y sociales.

Por cada hoja que cae en el sur hay miles de flores esperando dar su gran show en el norte

Por cada abrigo extra, una camiseta menos.

Por cada estadía en casa por el viento, hay un bar sacando las mesas a la calle.

Por cada vino que se destapa, se desempolva una cerveza.

Por cada minuto de oscuridad, llega una hora de luz.

Mientras el sur prende la estufa, el norte apaga los fogones.

Y así van los dos, primavera y otoño caminando en paralelo por esta canica. Cada uno mostrando la antesala de lo que vendrá.

Mientras tanto, nosotros aprovechamos los últimos raticos de calor

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