¡Acá [NO] se habla venezolano!

Estos últimos días han sido bastante inquietos con respecto a mi forma de hablar en el paicito. Después de un año y medio conviviendo, trabajando y saliendo con uruguayos, me he dado cuenta de que cada vez me parezco más a ellos, cada vez se me sale con más frecuencia un “¡qué salado!”, el “¡estuvo de más!” y esas frases por el estilo.

Es que “si no puedes contra ellos, úneteles.

Cada nuevo día implica un paso más hacia la uruguayisación (¿eso existe?). Mientras más palabras adopto, más los entiendo a ellos, mientras más actividades hago acá, más vivo la migración en formato 360°. Confieso que hay palabras venezolanas que no puedo dejar de decir, una mentada de madre es imposible no escupirla en un momento de rabia y la vaina no la dejo “ni de vaina”, sin embargo mi objetivo es VIVIR EN URUGUAY.

Ahora soy una especie de bichito que no está ni en Venezuela, ni en Uruguay, sino que cruzo las fronteras de vez en cuando, y me salen frases abstractas como:

  • Marica, ¡qué salado esto!
  • …Y que arrechera que te pasen ese tipo de cosas, ¿entendés?
  • Coño, te dije que estoy yendo pa i.
  • El lugar era arrechísimo, muy muy zarpado la verdad.

Y así sucesivamente…

“¡Ay sí! -me dicen los venezolanos cuando me escuchan hablando-¿ahora dices morrón en vez de pimentón? ¡Habla bien chama!”

Y mi respuesta es siempre la misma “Yo no vivo en Venezuela querido, vivo en Uruguay. Y acá, te guste o no, se dice morrón”.

[Ya no digo chama, por ejemplo].

El hecho de que yo cambie palabras, hable en otro idioma y asuma otra cultura no quiere decir que soy menos venezolana, porque lo soy MÁS QUE NUNCA, ahora desde otro lugar, con mucho más aprendizaje, con más cosas para decir, con más cosas para compartir con el mundo.

Mi venezolaneidad la llevo en el alma. Yo sé de dónde vengo, pero la verdad es que no me quiero quedar ahí, porque moverse es lo más lindo que puede pasar: la comparación entre lo que tú comes y lo que come el otro puede que se parezca, pero nunca es lo mismo. Y ahí está lo maravilloso del viaje, en el entender a otras personas, en ponerse en los zapatos del que está frente a ti y adoptar su postura, vivir como vive y oler lo que huele. Si vienes y no estás abierto a otra cosa, discúlpame, pero estás perdiendo el tiempo de aprender.

Yo lo venezolano me lo sé de memoria. Pero ¿qué se de un extranjero? Nada, así que vamos pa’ i.

Sobre el aprendizaje de otras culturas, solo queda aprovechar tomar todas esas cosas que te gustan del otro y llevarlas contigo. No importa si usas, tiras, cambias o juegas con esas cosas, da lo mismo. El aprendizaje queda y eso es importante. 

Cada palabra que aprendo es una nueva experiencia, cada nueva forma de decir las cosas, una expresión adquirida y una exigencia para que mi cerebro se pregunte ¿cómo le puedo explicar tal cosa sin tener que usar mis palabras? ¡Ah, ya sé!.

Y un día, todas esas preguntas se transforman en conversaciones fluidas, y las expresiones que antes eran desconocidas, ya son parte de una forma de comunicación.

Es verdad que cada país tiene su manera de comunicarse y eso conforma gran parte de lo que somos y nuestra personalidad, pero también es verdad que hablar en otro idioma o decir expresiones de otro país no nos aleja de ese origen, más bien nos hace cuestionarnos las expresiones: ¿qué significa esto? ¿de dónde viene? ¿en qué contexto la dicen?¿cuál de mis expresiones se parece a esto?

Poder escoger entre quedarte en tu zona de confort o dar el salto también es parte de la dinámica, ¿qué cosas quiero aprender a decir? ¿cómo lo digo? ¿cómo hago para que me entiendan? Y a partir de allí surgen muchas cosas maravillosas llamadas CAMBIOS, y no solo desde el lugar de donde venimos, sino al lugar al que queremos ir y la forma que tenemos de hacerlo.

Nunca pierdas el acento caribeño, no pierdas tus expresiones y no digas palabras foráneas si no quieres, pero si quieres, transforma esas palabras, juega con ellas, busca, aliméntate y observa tus propios cambios.Al final, a nuestra tierra no le falta ni le preocupan los acentos, ni las palabras, ni las expresiones… Las fronteras las hicimos nosotros hace mucho tiempo.

 

2 Comments

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  1. No entiendo a la gente que se niega a adaptarse… acaso cuando emigran a Canada siguen hablando castellano? Creo q es una falta de respeto cambiar las costumbren de un pais que no es el nuestro.. simplemente adaptarse y disfrutar… creo que ser Venezolano es mucho mas que eso…

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  2. Excelente post! y muy chévere lo de mezclar palabras de ambos países en una misma frase. Saludos desde Barquisimeto. Éxitos por ashá.

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