El problema de la ciudad es que no la queremos

¿Cuándo vamos a dejar de ver el patio del vecino para darnos cuenta de que nuestra mata de mango está cargadita, o que tenemos flores nuevas?

Que la lavanda está de ensueño, y larga tanto olor que ni siquiera nos dimos cuenta de que el aromatizante de casa ya se había acabado.

Observamos de reojo, aquellas naranjas del árbol de Juan, y nos olvidamos que hace unos meses tiramos unas semillas de calabaza y dieron fruto.

Pasamos los días viendo Instagram, viajando a través de las fotos de otros, pensando cuándo será el día que visitemos tal o cual lugar, leyendo blogs inspiradores. Buscamos planes para ir a tomarnos una caipirinha frente a las playas de Brasil, atravesar el desierto del Sahara, sentir el olor de los pinos del bosque canadiense y cazar la luz boreal Noruega.

No es que esté mal, pero se nos olvida…

En la búsqueda de la aurora boreal, se nos olvidan la posición de las estrellas de nuestro cielo, pensando en la caipirinha, dejamos de saborear bien el ron, pensando en el té inglés con croissant, no le prestamos atención a la arepita con queso blanco y el café recién hecho que tenemos en frente.

Pensando en lugares civilizados y más limpios, tiramos la basura en la calle, o si la vemos, no levantamos ni una cajita de jugo. Pero nos encanta criticar la ciudad. Vivimos para decir que está todo mal y que queremos…

Quiero

Quiero

Quiero

Tú /Él/ella/ustedes, tienen

Y los pronombres en primera persona se conjugan con el verbo “Querer”.

… ¿Y qué tenemos?

¿Qué hacemos para que eso sea mejor?

La ciudad

Me fui a la base, la definición ¿Qué es ciudad?

Busqué en Wikipedia (una búsqueda muy precaria):

Una ciudad es un espacio urbano con alta densidad de población, en la que predomina el comercio, la industria y los servicios.

Aburridooo.

Pero continuo…

En el concepto religioso, tanto en la Alta Edad Media como en otros periodos como el Renacimiento y anteriormente al siglo XII, solo era ciudad la que dentro de sus murallas tuviera una catedral donde un obispo ostentase su propia cátedra...

Esto va cada vez peor.

Acá va otra

Una aglomeración de hombres más o menos considerable, densa y permanente, con un elevado grado de organización social: generalmente independiente para su alimentación del territorio sobre el cual se desarrolla, e implicando por su sistema una vida de relaciones activas, necesarias para el sostenimiento de su industria, de su comercio y de sus funciones.

Según Sinay, como el monte:

La ciudad, es un espacio amplio que refugia e identifica a una comunidad con valores e intereses comunes, que tienen la posibilidad de transformarlo para su bienestar colectivo, de manera que juntos habiten un lugar que les permita vivir en armonía entre ellos y su entorno.

La ciudad no es religión, ni son hombres, ni está totalmente apartada de la actividad agrícola. La ciudad  es de TODOS, pero nadie nos lo dice, a todos nos enseñan que le pertenece al Estado (¿con mayúscula?), así que nos convertimos en espectadores de un lugar que -se supone -nadie más conoce mejor que nosotros.

Y lo desconocemos.

Nadie nos dijo que podíamos hacer cosas por nuestra ciudad, no nos llegó el mensaje de la botella, el que decía que prestáramos atención, que agradeciéramos, que HICIÉRAMOS,  que pensáramos en nuestro entorno.

Nos pintaron el pasto amarillo, para que en vez de regarlo y cuidarlo, le diéramos atención al patio del vecino, porque está un poco más verde que el de nosotros, pero las rosas, están medio tristes. Pero como las nuestras están lindas, hacemos caso omiso al asunto y nos enfocamos en lo que NO TENEMOS: el pasto.

Total, rosas tengo.

Tener

Yo me enfoco en esto, porque me pasó a mí. Pasé años buscando más allá sin siquiera ver a mi alrededor las herramientas que se me  estaban presentando para mejorar.

Crecí convencida de haber estado en el tercer mundo, cuando ni siquiera sabía muy bien por qué lo calificaba así.

Me hicieron creer que no valía la pena aportar un granito de arena a un mar enfurecido.

Vi siempre para el otro lado del charco, vi siempre por el ojo mágico cómo le crecía el jardín al vecino en vez de invertir ese tiempo en ponerle agua a mis plantas.

Conjugué mucho tiempo el verbo “querer”.

Hay que volver a creer

Hay que volver a amar lo propio

Hay que hacer que nos duela

Y ver el patio del vecino, decirle los lindas que están sus plantas y no olvidar mostrarle las nuestras

Propongo

Sustituir el querer por el tener.

Hacer y luego evaluar

Y ver lo que tiene el vecino

Pedirle ayuda

Y HACER juntos.

Para vivir en esa ciudad nuestra, o la que elegimos para vivir.

Da igual, pero vuelve a querer tu ciudad.

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