Una tal Mercedes

Dicen que Mercedes, por lo general está quietita todo el año. Que el río está manso, que la rambla está silenciosa, que los árboles ya no tienen historias de amor para contar y los botes no han causado ninguna nostalgia.

Dicen que la gente se esconde de casa en casa, de escuela a casa, de shopping a casa… Entre el asado, los guisos, las sábanas, el tiempo y los abrazos familiares.

Y pasa mucho tiempo sola, vacía.

Yo no conocí a esa Mercedes.

Esa semana entre el 19 y 21 de Enero de 2018, para mí, Mercedes fue el puente de reencuentros entre la vida impuesta, (esa que te dice que debes trabajar 8 horas, la casa, el auto, lxs niñxs y el perro) y el tiempo presente, el único momento que expresa con fidelidad, aquella frase:

LA VIDA ES AHORA – Disfruta.

Conocerla durante el Jazz a la calle, fue la excusa perfecta para decir que sí a un plan que, a pesar de que vayas cada año, siempre es diferente. Un plan sin plan. Una improvisación, un jam.

En mi caso, duró solo 3 días.

La Mercedes que yo vi es alborotada, enérgica, llena de vida. La conocí gozando, bailando, cantando en el idioma universal, tocando hasta los latidos del corazón.

Y pensar que, en algún momento fue motivo de risa algunos “intelectuales”

 ¿Vos pensás que vamos a tocar para cualquier persona? ¿Una vez por año? ¿De dónde sacamos músicos de jazz ¡DE JAZZ! quieran tocar gratis en la calle de un pueblo en el interior de Uruguay? ¿Vos pensás que va a funcionar? ¿En Mercedes? ¡No me hagas reír!

Repleta de Pasión

Ah, sí. Funcionó.

Yo vi a la máquina humana trabajando para callar todas esas risas que algunas vez dudaron, hace más de 10 años.

Vi a Mercedes en el sudor de las madrinas correteando a los músicos, las vi invirtiendo sus ahorros, su tiempo y pasión en desconocidos ya muy queridos, en amigos del futuro, en un proyecto que le da vida a su entorno, a su casa, a sus valores.

Las vi, buscando fuerzas de abajo de la tierra para aguantar los últimos 3 días del Jazz a la Calle. Las escuché, hablando con orgullo sobre su cansancio y su satisfacción, contando con una sonrisa de oreja a oreja su recorrido, sus historias más increíbles, el cambio de sus vidas, su montaña rusa de emociones.

Las vi sonriendo de noche bajo el cielo abierto y estrellado, escuchando en vivo y directo a los músicos que estaban en el escenario, pero que, horas antes, seguro habían compartido desayuno con ellas.

Las vi con los ojos brillantes de pasión por lo que hacen, algo bastante escaso en estos días…

 

También había padrinos, pero a ellos no los conocí. Me disculpan.

Vi la música divirtiéndose, vi instrumentos bailando con swing. Vi ojos cerrados y bocas expresando una fuerza emocional de plenitud. Los ojos del que escuchaba también estaban cerrados, y mi mano no pudo evitar dibujar, así es como ella se expresa.

Mercedes…

No me la imagino sola, ¿sabes?

Porque la viví entre cientos de personas, entre notas musicales, cantos y cuentos. La viví entre artistas, sentada en el pasto, en la acera, en la playa y en un barco: “mi sueño”, se llamaba… Ahí estaba sentada en el sueño de alguien, el de miles, el de algunos, en el mío, porque desde que llegué a Uruguay quería ir a escuchar Jazz.

La vi entre los que quieren hacer el cambio, entre los que empatizan, entre los inquietos que siempre buscan más.

Improvisando

Me gusta mucho comparar los lugares con personas, porque cada espacio tiene una personalidad, un alma y un cuerpo. Como nosotrxs.

¿Quién sería Mercedes?

Una mujer, obvio. Y no lo digo por el nombre, sino por el entusiasmo, la sensibilidad y la sutileza. Lo digo por la improvisación. Por quienes le dan vida.

Una mujerona, de silueta bien marcada con el sol a contraluz, de cabello bien grueso y largo… y negro… y profundo.

Una mujerona que cuando está sola, se intimida, se amarra el pelo, prende la luz y se hace invisible ¡Ah! Pero esas curvas, las de la rambla que muestra aquel Río Negro de aguas profundas. Una curvatura que te distrae, y cuando piensas que estás en la orilla, vas directo a 8 metros de profundidad.

También por eso me parece una mujer, por la profundidad.

Mientras el resto habla y habla, ella escucha, analiza, evalúa y pasa directo a la acción. Ella escucha las propuestas, no se cierra a nada, a veces se arriesga y dice “bueno, por qué no”.

Mercedes es la olvidada del invierno y la favorita de todos en verano. Es el agua helada que te cae en el cogote a 40º y te refresca, te despierta, vibra.

Es una sorpresa.

Si ves a Mercedes, mándale saludos, date un chapuzón de río y no te olvides de escuchar las campanas de la iglesia a las 12 h en punto. No es necesario que te persignes, con escucharlas ya sabrás que has llegado al plan.

Gracias Mercedes, #UruguayTeQuiero

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