Una vez trabajé en un hostel. Tengo muchas historias sobre lo que es trabajar en ese lugar, pero lo que voy a contarles lo que en realidad cambió mi vida.

Un día, llegó un francés. Era un hombre adulto contemporáneo, con el cabello largo y la nariz pronunciada, era bastante callado y pasó largo rato en la computadora tratando de resolver algo vía web, lo vi, pero no presté atención.

Cuando salí de mi turno, me senté en la sala de estar y allí estaba él. Hablaba muy bien español, en realidad tenía más acento porteño que francés, me preguntó las razones por las cuales me había ido de Venezuela, le conté. Le dije que lo hice porque me había cansado de la inseguridad y otras cosas, pero sobre todo, me fui por el temor a quedarme encerrada en mi propio país.

Él vivía en Buenos Aires, era profesor de francés, ganaba bien, le gustaba la ciudad y se quedó. Yo le dije que era liceciada en comunicación, que antes me dedicaba a la publicidad, después ese ámbito dejó de llenarme el alma, comencé a escribir sobre experiencias y pensamientos y me abrí un blog.

¿Alguien es artista en tu casa?, me preguntó.

Sí, mi padre es músico.

¿Haz pensado que podés llegar a ser artista?

No sé, no me gusta mucho.

Ahora sé que no lo estás viendo por tu situación profesional y porque apenas estás viviendo otras cosas en Uruguay. Estoy seguro de que tu forma de escribir tenga algún ritmo, porque tu padre, sin querer, tuvo que haber influido mucho en tu oído y y tus formas de expresarte… Eso se manifiesta tarde o temprano, me dijo.

Sé que en algún momento el arte se va a abrir en ti de alguna manera, ya sea a través de la escritura, la danza o la pintura.

Mmm… No sé, no creo.

Ya verás, puede ser que pase ahora o en unos años.

Para cuando quise darle las gracias, ya era tarde. Nunca más supe del francés, ni siquiera sé cómo se llamaba.

Meses después, comencé a darle vida a las experiencias, me di cuenta que escribir era una distracción, una forma de comunicarme y también un baúl de recuerdos donde podía entrar para recordar. Es mi escape, mi profesión y expresión.

Brindé inspiración y creatividad como colaboradora de CreativeMornings Montevideo, le puse color a la cultura uruguaya a través de Cooltivarte, colaboré para el diario El Estimulo, Guayoyo en letras y mujeres del siglo 21.

Comencé a ilustrar años después, un día que el odio pudo más que yo y en el desahogo salió lo que ahora atesoro como personaje: Negritas.

La vida también me llevó a hacer trabajos de oficio durante las temporadas de verano. Ser inmigrante no es fácil, pero me arriesgo, me amoldó, voy y vengo con tal de seguir haciendo las cosas que me gustan. Trabajé en espacios de cowork que me hicieron explotar la cabeza de inspiración y fui redactora y correctora freelance.

Viajé, bailé, hice amigos, escribí, dibujé, experimenté y aún sigo en este camino que aprendo. Cuando me veo de lejos y me veo en antes y después, recuerdo al francés, me recuerdo a mí, recuerdo a mi padre y la música.

Hoy soy Sinay, como el monte. Redactora, viajera, redactora de la vida cotidiana, artista, amante de la naturaleza, de la inspiración y la creatividad. Fiel creyente de la colaboración, el intercambio y la amistad.

A veces, soy Sinay Medouze, pero eso lo dejo para momentos más formales.

Barra del Chuy- Uruguay
 

 
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2 Comments

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  1. Muy interesante tu blog! me alegro que puedas vivir de tu trabajo aquí; es muy cierto eso que decís que la diversión está escondida. Y suele pasar también (y esto es lo que más me gusta de leer blogs de extranjeros viviendo en Uruguay) que el que viene de afuera ve cosas que nosotros no vemos, o no valoramos, o pensamos que no son importantes o destacables. Y al revés, cosas como la comida nuestra nos parecen lo mejor del mundo y no, cada uno piensa que la comida de su infancia es la más rica y la mejor, por eso tu extrañas las arepas y otras cosas. También te quería comentar que el consumo de yerba mate es anterior a la colonización española, es un uso de la etnia guaraní. Los guaraníes están presentes en Uruguay solo en los nombres de muchos lugares: Tacuarembó, Uruguay, Batoví, Arapey… pero sí que como etnia siguen viviendo en Paraguay, donde el idioma guaraní se habla mucho, y en el noreste de Argentina. Y la cultura guaraní también está en el sur de Brasil, donde también toman mate; y mucho. En Paraguay, donde hace mucho más calor que aquí, lo toman con agua fría, es el tereré. Así que ni argentino, ni uruguayo: guaraní
    Saludos!

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