Mendoza, la pesadilla más hermosa que viví [Parte 1]

Mendoza, fue el contraste real entre vivir un sueño hecho realidad y una pesadilla. Fue la experiencia más difícil pero, seguramente, la que definirá el camino de mis próximos años de vida

Mi experiencia en Mendoza es muy difícil de explicar con palabras. Fue un viaje de ilusiones y pesadillas, un sueño cumplido a medias, una emoción nostálgica.

He tratado de escribir lo que viví en esa ciudad muchas veces, y por más que lo intento, hay una presión en la boca del estómago que me impide que fluyan las palabras, es todo cuerpo, todo situación pechística.

Han pasado 3 meses desde la última vez que nos soñamos, Mendoza.

Intento #1

Todo iba normal hasta que, desde el bus que venía de Córdoba, vi a lo lejos una montaña con nieve. Nunca había visto nada si quiera parecido. Yo venía de la selva y el verde, el color blanco era de película.

Colapsé de emoción.

De repente me sentí los ojos llenos de lágrimas, y por dentro, un grito que estaba germinando desde las entrañas. Lo sentí desde que nació, percibí su recorrido por el estómago, su caminar al pecho y sus vueltas por el corazón; subió hasta el cuello y justo antes de que saliera al exterior, mis manos temblorosas y sudadas cubrieron mis labios. Y me frené ahí, en ese momento.

Viajar sola tiene sus puntos débiles y este es uno de ellos: no poder compartir la emoción.

Llamé a mis padres e intenté explicarles lo inexplicable: ¿Cómo les cuentas a alguien la emoción de un sueño cumplido? ¿Cómo le explicas que tu corazón está a punto de estallar, que no puedes dejar de observar ese momento, que la sonrisa te da vuelta la cara y que sientes plenitud?  (Deje su mensaje acá para próximos viajes)

Paréntesis

Un caraqueño sabe lo que implica ir a un terminal de buses. Crecimos sabiendo que podías estar en cualquier lugar, menos en una terminal. Eso era poner en juego tu suerte.

Intento #2

Llegué alrededor de las 10h y mi host de couchsurfing no salía del trabajo hasta las 14h, así que apenas llegué al terminal pensé que lo mejor era salir. Así que busqué el McDonald’s más cercano para desayunar, almorzar y esperar el mensaje que indicara cuándo podía llegar a casa e instalarme.

Paréntesis

Apenas me compré el café, me robaron en el McDonald’s.

Si, me robaron

Yo sé, no se entiende

Todo, me quitaron todo

Menos el café, mi libretita y el celular

No, no fue forzado

Sobreviví

Intento #3

Pasé del estado de éxtasis al bajón más profundo de mi ser.

Imagínense que están en medio de su graduación y les digan que atropellaron a su abuelo o padres.

¡Ajá! , ya conectamos con la emoción.

Recuerdo el momento exacto que pasé de la vida color rosa y aventurera al miedo, la ira, tristeza y resignación.

Es impresionante cómo, cualquiera de esas emociones, te llevan a olvidar por completo cualquier sentimiento lindo, amable, bueno (inserte aquí+sinónimos). En segundos ya me había olvidado de la nieve, de las montañas y de mi propósito, del viaje.

Pasé mi primer medio día en Mendoza junto a la policía. Llorando.

Descubrí varias cosas:

(tips para venezolanos viajeros inexpertos)

  1. Las terminales son seguras en el sur, es mejor quedarse ahí que salir a la calle.
  2. Estaba en el McDonald’s mas peligroso de la ciudad, pero como uno es turista, no parecía. Volver al punto 1.
  3. En Mendoza roban tanto a los turistas, que tuvieron que abrir una comisión especial dedicada sólo a ellos, nosotros, los que viajan,
  4. … Mientras estaba declaraba, hubo 3 casos más de robos.
  5. Tuvieron todo para descubrir a los ladrones, solo había que seguirlos en auto, y no fueron, porque “siempre pasa”. (Volver a punto 1)

Siempre, pasa

SIEMPRE PASA

Eso sí, me trataron bien y con respeto. Y ofrecieron llevarme a lugares para hacer trámites.

Obvio, no siempre podían llevarme.

Ya saben cómo es esta movida latina.

Intentó #4

Caminé todo el día bajo una nube gris y con un velo negro para no ver los colores. Tomé un baño lagrimeado, intenté dormir para descansar, salí a caminar sin rumbo, me encontré con un amigo de Cabo Polonio (eso fue una situación muy loca, que alguien me grite en Mendoza ¡Sinay! me hizo sentir mejor).

Y entonces…

Resultó que tuve el mejor host del mundo. Estaba en un lugar increíble, con vista a la pre cordillera, cerca de parques y hasta azotea.

Las plataformas colaborativas funcionan, agradezco por haber caído ahí, con ellos y su buena onda.

Nada podía estar mal después de haber pasado algo totalmente triste y luego recibir naturaleza, amor, cariño y empatía.

Lo material se recupera, pero ¿cómo recuperas las oportunidades?

Terminé el primer día, tomando cerveza artesanal con mi host. En el bar de un amigo de él.

Ya estaba en Mendoza, debía aprovecharla.

Pre cordillera, desde la casa de mi host. Mendoza, Argentina
Pre cordillera, desde la casa de mi host. Mendoza, Argentina

Gente que nunca pensé…

Aprovecho para agradecer.

Después de mi situación nefasta y desafortunada, hice una publicación en Facebook que, hasta el día de hoy, me sorprende… La cantidad de personas que me enviaron mensajes de fuerza, aliento, de “Vamo arriba” y “marik que arrecha eres”, me cambió. Aunque suene absurdo y medio cliché, me dio fuerza pa’ afrontar eso que me pasó.

Y, aunque no pedí ayuda de forma explícita, la recibí.

Y quiero que sepan que no me alcanzará el corazón pa’ agradecer todos los gestos que tuvieron conmigo. Gracias a USTEDES, estos seguidores/lectores/amigos/conocidos/desconocidos pude tener un cierre de viaje increíble.

TODOS formaron parte de esta increíble experiencia que me cambió la vida. Sin su apoyo, sin sus palabras y sin sus manifestaciones de cariño, la historia sería otra.

GRACIAS

Continuará…

“Volveré a Viajar”, lo prometo.

¡Hola Córdoba!

¡Aaa! Cielo azul, calles amplias, vista panorámica, árboles, edificios modernos, quebradas. 
¿Por qué todos son tan lindos acá? Fue la primera pregunta que me hice al llegar a Córdoba Capital mientras caminaba por el Blvd. San Juan. No importa el género, todos eran hermosos.

Digamos que mi bienvenida fue bastante aceptable después de estar 18 horas en tren.

Estaba en un lugar del que no sabía nada más que el acento cooordoobés (léase con el tono pertinente). Después de vivir la furia porteña, llegar a Córdoba fue mas bien un alivio y un regalo. Días soleados, gente riendo, personas que van y vienen a un ritmo normal (sí, en Buenos Aires es distinto) y mucha gente joven.

En realidad, más que historias sobre la ciudad, me quedan cuentos en primera persona.

Me quedan los nervios de la primera vez que iba a hacer Couchsurfing e iba a entrar a la casa de un desconocido. Me queda el alivio y la alegría de encontrarme con V., una host super buena compañera, que me recibió con toda la buena onda y una comida casera que había preparado especialmente para mi llegada.

Me guardo los momentos de Altagracia, un pueblo que queda a 36km de la Capital, me invitó V. antes de conocernos. Allá nos recibieron un gato del tamaño de un perro Pekinés, un perro que no paró de exigir amor y una pareja que abrió las puertas de su casa para compartir con nosotras algo de beber, comer y música.

Me llevo de ese día las fajitas caseras (en especial, la que tenía forma de cara de gato), los comentarios de un chico fanático de series, películas y música que comentaba datos absolutamente curiosos que nadie más sabía; la historia del papel higiénico que tiene un cuento   “heteronormativa” ilustrado que puedes leer mientras reflexionas en el baño, Mr quedó con la cara dolorosa de risa y la llenura que tenía después h an er comido y bebido tanto. 

Parque Sarmiento

Todavía me duelen las piernas de la vez que recorrí el Parque Sarmiento, junto a V. nos sentamos en el rosedal sin rosas y vimos un faro construido solo para admirarlo. Caminamos rodeando el lago y me desilusioné cuando supe que en realidad era artificial, admiramos la belleza del otoño y pasamos por una parada de bus con forma de pancho (perrocaliente/hotdog).

Nos detuvimos un rato en el mirador y le pregunté a V., si iba con frecuencia a estudiar o con amigos. Me dijo que nunca lo había pensado.

Parque Sarmiento, Córdoba Capital

Eso es lo que pasa cuando lo cotidiano se vuelve rutina y no te permite ver todas las cosas hermosas que tienen las ciudades para mostrarnos.

Pasamos por el Zoo, me extrañé no sentir la ilusión que de niña me hacía ver animales, parece que ahora estoy más sensible con el encierro y mi ser no puede tolerarlo ni como excusa educativa.

El Museo de Arte Contemporáneo es hermoso y para estar cuesta $14 argentinos.  Aprovecho el momento para mostrarles algunas piezas que tienen un antes y un después en mi vida:

***

Feria del Paseo de las Artes

Los fines de semana se pone la “Feria Artesanal Paseo de las Artes”, que está por la Calle Belgrano. Es una feria llena con tiendas de artesanos, no compré nada, pero probe la sopa paraguaya, que no es sopa, sino una especie de tarta con queso (o algo así).

Eso de pedir sopa y que te den tarta, es muy raro.

En los alrededores hay muchísimas tiendas de diseño (que me encantan), está todo lleno de luces, gente, lugares para tomar algo y comer.

Es un paseo que vale la pena, aunque sea para admirar.

***

Un día antes de irme, una compañera del trabajo anterior me escribió preguntándome cómo no le había escrito para vernos, si ella es Cordobesa. La verdad que no me pasó por la mente.

Tuve que posponer mi salida de córdoba y aproveché para ir a un pueblito llamado Unquillo, que queda a 28km de Capital a ver las Sierras de las que todo el mundo habla. Apenas llegué, mi amiga me llevo a caminar por hasta la Capilla Buffo.

Capilla Buffo

Esta Capilla la hizo un hombre conocedor de la arquitectura, astronomía, metafísica, música y filosofía. Dicen que cada lugar está pensado en torno al cosmos, cada ventana tiene un por qué, en algunas, tenían que ver con la incidencia de los rayos del sol y, de acuerdo a los movimientos, se pueden apreciar mejor las pinturas que hay dentro.

Dicen que esta casa la construyó, porque su esposa estaba muy enferma y quería pasar los días en un lugar más tranquilo. Hace ese templo, en honor a ella y a su hija.

Para llegar Caminamos una hora entre árboles, saltamos un riachuelo y admiramos a Córdoba Capital desde la Sierra. 

La capilla es hermosa, no dejen de ir si pasan por Unquillo. 

***

Este post, más que una descripción de la ciudad, es una forma de exponer las cosas que hice. Y agradecerle a todos los que fueron parte de ese viaje, haberme recibido con tan buena onda y haber compartido conmigo su experiencia, sus placeres y su tiempo. 

Gracias. 

 

Gracias Córdoba.

18 horas en tren

Hablemos de los no-lugares, del presente, de las experiencias en tren y lo que pasa en 18 horas.

Andar en cualquier medio de transporte es raro, porque una sabe muy bien de dónde viene y a dónde va, pero no queda claro dónde estamos en el momento exacto que alguien pregunta… Para cuando respondes se está en otro lugar.

Hablamos de los no-lugares en el curso de escritura de viajes, pero ¿que es un no-lugar?

Es el espacio que divide el pasado y el futuro, el trayecto de un lugar a otro, es la transición, es estar en el medio del todo… O la nada.

Es mal uso del verbo ¨estar¨.

El no lugar, es este tren que va desde Buenos Aires a Córdoba, ese espacio donde estuve durante 18 h.


Es la primera vez que viajo en tren.

B. y F., me acompañaron hasta la estación Retiro de Buenos Aires, ninguno de los 3 teníamos muy claro cómo iba a ser mi despedida, pero para resumirles, me vi entrando por un portal negro de alrededor de 3m de alto que tenían el número 8 centrado en la parte superior junto a la bandera argentina que decoraba cada portal. Del otro lado, un tren azul celeste larguísimo estaba aguardando a los pasajeros.

¿Te vas a Hogwarts? me dijo B.

Estación Retiro, Buenos Aires, Argentina

Solo me faltó la lechuza, un carrito de supermercado y pasar a través de un muro para que la visión fuera exacta. La estación Retiro, es como entrar en otro mundo.

Cuando me despedí, me di cuenta de la desventaja de viajar sola. No podía expresar mis pensamientos como quería, sufrí del síndrome de la emoción no compartida. Tenía el gritito de colapso (de felicidad) en la punta de la garganta y lo único que me sirvió de desahogo fue abrir más los ojos, esbozar una sonrisa y tener a mano mi libreta y lápiz.

Para mí, viajar en tren es vivir aquello que siempre viste en TV.

Implica escuchar el sonido de la campanilla cuando el tren está a punto de salir, dormir con el sonido de rieles, admirar muchos paisajes a través de las ventanas grandes, entender que los pueblos siguen, que las praderas se extienden y que las personas avanzan mientras tu estás sentado, medio incómodo (caso de trenes argentinos) sin muchas distracciones alrededor, pero contento.

Vas al baño sin bajar la cabeza ni agarrarte de los asientos. Se camina cómodo, tranquilo, sin movimientos bruscos a causa de frenos o bocinas. No hay tráfico, no hay semáforos.

Solo hay paisaje, pueblos y la estación Rosario a mitad de camino.

Había una cantina y, a pesar de que no tenía ganas de tomar café, lo compré igual. Me senté en una de las mesas, al lado de la ventana mientras el paisaje iba de volada, admiré mi alrededor.

Me acuerdo a la pareja de señores que discutían sobre qué hacer en Córdoba, el olor de  las medialunas -que no compré -recién salidas del horno, el sonido de la máquina de café sabiendo que el que salía era para mí, la carpa de circo que vi entre el paisaje, que por cierto me recordó al hermano de N., que nada que ver.

Me reí sola por ese recuerdo, pensé en enviarle un mensaje, pero no venía al caso. Así que sostuve la cabeza con el brazo apoyado a la mesa y agradecí al señor por haberme traído el café.

Estaba  malísimo, pero te sientes tan bien que el sabor es lo de menos (¿eso último tiene sentido?).

El primer sorbo lo brindé por la primera vez que me tomaba un café en un tren, me sentí que había acumulado una experiencia más a mi vida. El resto de los tragos, me hicieron olvidar al bebé que lloró toda la noche, la conversación de los hippies que hablaban de fumar marihuana en los baños a todo gañote y las zancadas del niño que estaba practicando su nueva habilidad de correr de un lado para otro.

También agradecí, por estar en ese lugar, por cumplir uno de mis objetivos e ir en el trayecto rumbo a una ciudad desconocida.

No sé si viajaría muchas veces en ese tren, pero sí que me hubiese arrepentido de no haberlo hecho.

Mesas del cafetín del tren que va de Córdoba a Argentina

#GraciasArgentina, por la experiencia.

PD. No se olviden de hacer un playlist para viajar. Yo no fui prudente y pasé 18h sin música. Aún no tengo un playlist de viajes, pero me encontré con este disco que me parece que es lindo para compartir.

***

¡Soy toda oídos y corazón!
Escríbeme en caso de que tengas alguna consulta, si quieres comentarme algo o si tienes ganas de compartir tu experiencia. Trataré de responderte lo más pronto que pueda :)

 

¡Hola Buenos Aires!

Confiezo que estaba negada. Cuando veía al cielo solo me encontraba con edificios, ventanas, ropa colgada, algunas plantas, cajas de aires acondicionados, todo cerrado y tonalidad sepia.

Buenos Aires puede parecer un tanto agresivo viniendo de lugares como Cabo Polonio o mismo de Montevideo, debo advertirles que, si pasan de Uruguay a Argentina, tengan cuidado con el shock.

Ya me habían comentado, lo veía venir apenas salí del barco de Colonia Express, estaba todo como muy lindo allá en Uruguay… Las hojas de otoño cayendo en cámara lenta, la Rambla de Colonia brillante a más no poder, el pasto verde saturado, pajaritos cantando y niños en bici guiados por los padres.

Y, apenas sales del barco en “Capital”,  BOOM! 

El elevado de una autopista pasando justo encima de tu cabeza, una calle de dos vías al frente, un cruce que lleva a un lugar desconocido y oscuro. Ninguna parada de bondi. Ninguna señalización que diera alguna esperanza de una plaza cercana. Ni siquiera la cara del amigo que había quedado en esperarme estaba ahí.

Y mi modo venezolano se prendió:

“Sinay, tienes que poner cara de c*l0 ya. No estás en en Uruguay”, susurraba mi conciencia.

Así que fruncí el ceño, caminé a cualquier lugar con el corazón en la garganta, pensando que tenía demasiada cara de turista, que si la mochila, que si la cara de la gente…  Y a media cuadra, me di cuenta que estaba la sala de espera de la terminal. Entré.

Cuando llega la persona que estabas esperando, algo en todo tu ser hace FIUFFF! y te vuelve la confianza, dejas de sudar y tu sonrisa empieza a asomarse. Lo bueno de la emigración venezolana es que es probable que ahora tengas conocidos en cada ciudad del mundo.

***

Edificios a la deriva, Buenos Aires, Arg

Confieso que estaba negada. Cuando veía al cielo solo me encontraba con edificios, ventanas, ropa colgada, algunas plantas, cajas de aires acondicionados, todo cerrado y tonalidad sepia.

Caminaba y miles de personas corrían, tratando de llegar al subte o tomar el bus, millones de celulares en las manos, ojos perdidos, caras de conductores cansados de la rutina, bofetadas de bocinas, tráfico, semáforos, rápido, express, ya.

Ahí estaba yo, con mi lentitud de siempre en medio del caos, el cemento y las recalcadas madres que los parieron, como me dijo el tipo del almacén.

Respiro, extiendo mi mente, abro mi cabeza y junto a mis sentidos empiezo a buscar las cosas lindas y las encontré:

Vi los rieles del tren con las hojas de otoño haciendo un túnel natural, vi personas disfrutando de su tiempo libre en el parque, las lucesitas de colores de Plaza Serrano, sus tarantines de feria y el cambio drástico de los bares que prestan sus espacios, se transforman en tiendas y amplían las opciones del evento.

Vi gritos de amor en algunas calles, ruedas de la fortuna brillando en centros comerciales, personas besándose a orillas del Delta de Tigre. Vi abrazos a costados de los árboles, a mis amigos sonriendo al recibirme tratando de buscar lugares que puedan gustarme.

Vi muestras de arte plasmadas en camisas, escuché el poder de las percusiones de La Bomba del Tiempo mezclándose entre el rock argentino y la vida africana. Escuché la pasión por el fútbol entre indicaciones para dar una dirección.

Me perdí muchas veces, pagué dos veces el mismo bondi sin darme cuenta. Caminé con la seguridad de quien va a un lugar desconocido. Escuché a los vendedores ambulantes de trenes que pasan de un vagón a otro respetando los tiempos entre sus compañeros y repitiendo el mismo discurso para ganarse la vida.

Se me acabó el saldo de la SUBE a mitad de la noche y tarde en encontrar un lugar para recargarla. Admiré la belleza de la librería El Ateneo y el ruido del centro comercial grafiteado que no recuerdo cómo se llama.

Me vi caminando en la ciudad de la furia, sin tango, sin paseos turísticos. Voy entre los mortales porteños, como una más entre la multitud.

¿Quiénes somos en ciudades furiosas?

Nosotros

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Y si llueve, ¿qué hago en Cabo Polonio?

Recuerdo charlar con varios clientes que, entre cara larga, me comentaban que habían escogido el peor día para visitar el lugar y me pedían recomendaciones para hacer “algo” entretenido a pesar de la lluvia, porque las opciones son pocas y la playa, para ellos, solo era posible con sol (continua)

Yo trabajaba casi todo el día y parte de la noche en Cabo Polonio, mis distracciones estaban enfocadas en lavar tazas, vasos, levantar desayuno tipo bufete, atender al público, limpiar, charlar, leer el horóscopo los lunes, tomar mis horas de descanso para dormir o leer y quizás, de noche, dependiendo de la lluvia, salir a tomar algo después del trabajo. Daba igual si era soleado, nublado o lluvioso.

Recuerdo charlar con varios clientes que, entre cara larga, me comentaban que habían escogido el peor día para visitar el lugar y me pedían recomendaciones para hacer “algo” entretenido a pesar de la lluvia, porque las opciones son pocas y la playa, para ellos, solo era posible con sol.

Sinceramente, nunca tuve una respuesta convincente ante las quejas, pero insisto, la lluvia es muy disfrutable.

  1. Razones banales: Te recuerdo que eres de los pocos que tienen el privilegio de estar en ese lugar (porque es caro e inaccesible para muchos), y además, te convertirás en alguien más exclusivo ¿Por qué? Porque a todos les tocó el sol… Pero tú, tú caminaste entre las dunas sin que se te hundiera el pie, te metiste en la playa y te mojaste el doble, ya  el mar alborotado de olas y no necesitaste de sombrilla y un bloqueador para disfrutar. A ti no se te quemó la piel del sol, ni te encandiló el brillo del mar.
  2. Razón verdadera: ¿Qué hay de malo con la lluvia? Al final, la idea de “vacacionar” es el descanso.

La magia de la lluvia, es que puedes tomar hábitos que tenías olvidados desde hace un tiempo, ¿desde cuándo tienes el libro dando vueltas en tu mochila sin leerlo? ¿Desde cuándo no te tomas un café o un té viendo el mar? ¿Desde cuándo no tienes una buena charla con el soundtrack de gotas de lluvia?

Olvidemos un poco ese ideal que nos fue impuesto, ese que tiene que ver con sombrilla, el bloqueador, sombrero, cerveza y lentes de sol, sugiero que los amoldes de acuerdo a la realidad. Y si llueve, sustituye la sombrilla por el living de casa, el sombrero por la ventana por la que verás el paisaje, la cerveza por un café o un vino y los lentes de sol por el libro que habíamos hablado, o mejor aún, ¿por qué no cerrar los ojos y soñar?

*Por cierto, ¿anotaste tu último sueño?*

Si vas por un día, puedes tomarte algo en Lo de Dany (aceptan tarjeta), a La Perla, si quieres comer algo increíble y tener una experiencia cómoda, o en Si Supieras, si quieres que te atiendan bien y comer comida casera, sana y deliciosa… No desperdicies las tardes de té.

Si te quedas en un hostel, aprovecha y conoce gente nueva, prende una estufa, conecta, colabora, pregunta las leyendas del lugar.

Si estás en un rancho solo, retoma y valora el tiempo contigo mismx, descansa, aprovecha el día libre.

Si estás acompañado por amigos, disfrútense. Rían, beban, coman y amen.

Si estás con tu pareja, practiquen para lograr la mejor cucharita que puedan.

Es simple:

No hagas nada.

¿Desde cuándo no lo haces?

Y si quieres hacer algo, te dejo esta frase del libro Voces del Desierto que dice:

La mayoría [de los humanos] se muere sin saber qué se siente al estar desnudo bajo la lluvia.

Cuando llovió, yo hice esto y sobreviví.

También puedes leer la historia completa sobre ese día.

 

P.D.: Si ya fuiste al cabo, deja un comentario y sugiérenos algo, ¿qué hiciste/harías en un día de lluvia? Me encantaría que compartiéramos sugerencias :)

¡Hasta luego, Cabo Polonio!

Justo cuando encontré la calma entre la espuma de las olas y descubrí el silencio entre los soplidos del viento. Justo, cuando ya le estaba tomando cariño a la gente, y haces amigxs que provoca tener cerca más que una temporada de verano.

Justo,

me voy.

Me voy.

Justo cuando me estaba acostumbrando a despertarme con el trinar de los pájaros, los susurros del viento y los cantos de la mar; justo cuando los caballos ya empezaban a saludarme y los aullidos de los lobos eran el eco del viento; justo cuando empecé a conocer el ritmo del pueblo y la mano no paraba de saludar desde que salía hasta que llegaba a casa; justo cuando ya sentía el concepto “hogar”.

Ya había encontrado mi roca preferida y me estaba acostumbrando a mi propia compañía, sabía vestirme sin luz y a encontrar todas las cosas que necesitaba con tan solo tantear en el cajón las texturas; también encendía velas sin quemarme, aunque nunca pude evitar que se derramara el cebo al apagarlas.

Justo cuando ya no me molestaba hablar conmigo, cuando entendí que los dolores duelen, y que es normal, y que debía acostumbrarme a que los estados de ánimo son extremos en ese lugar: si estas feliz, es MUY feliz, si estás triste, es casi una depresión… Aprendí la técnica de la”neutralidad”.

Justo cuando empezaba a acostumbrarme a las historias polonienses, al tono, a los colores, a los panes del Bunker, a los sábados de Estación Central, a las tardes de capuchino en Si Supieras, a las tortas fritas de Mary, al cafecito con Nela, a los gritos del Panky, los vinitos de Jhonny y a caminar a ciegas en noches de luna nueva sin caerme.

Justo cuando encontré la calma entre la espuma de las olas y descubrí el silencio entre los soplidos del viento. Justo, cuando ya le estaba tomando cariño a la gente, y haces amigxs que provoca tener cerca más que una temporada de verano.

Justo,

me voy.

Y me choqué contra el sonido del motor del bus durante 5 horas de viaje, contra las luces blancas del Terminal de Tres Cruces con música de fondo y miles de olores que te estimulaban entre el hambre, la sed, las ganas de comprar ropa y las de salir corriendo.

Y corrí. Y me choqué contra una muralla de autos, el sonido de sus frenos, del arranque, de la bocina, de la campanita de la bici que iban de costado y de la puteada del dueño del auto, que no le gustan las bicis.

Ahora entiendo a la gente del interior, cuando dice que Montevideo es rápido.

Rápido, pero necesario.

Porque del otro lado, hay un sol radiante, túneles de árboles que te arropan, una rambla te saluda, amigos que te reciben, un mate recién echo, un café, un amigo que tiene una muestra, una exposición, una palabra, arte. Un parte, una cerveza, un plan.

De la nada al todo… ¿O del todo, a la nada?

¿Cómo volvieron de cabo?

NOCTILUCAS en Cabo Polonio, uno de los tantos fenómenos que explican el #UruguayTeQuiero

Las noctilucas, un fenómeno de luces que vale la pena vivir en Uruguay.

Buen día,

Me gustaría hacer una reserva para una habitación doble, pero antes quería saber si es posible que me digan cuándo habrá noctilucas, pues mi novia nunca las ha visto y me gustaría darle la sorpresa.

Gracias,

Fulano de tal.


Después de haber hecho una caminata magistral desde la playa norte a la sur, atravesando las dunas y bordeando el bosque de Cabo Polonio, vuelvo al pueblo sobre el atardecer y,  justo cuando estaba entrando a la Av. Ppal, veo una figurita menuda girando la cabeza cual ventilador, con los ojos desorbitados y la sonrisa congelada… Era M. 

M., es un personaje menudo y fino como una varita de terciopelo que camina como flotando, siempre con una mochilita a la espalda.  De esas personas que cada vez que las vez tienen una nueva lista de reproducción de palabras suburbanas y cuentos increíbles. 

Era la primera vez venía al cabo y había comenzado con el pie derecho al haber tomado el mejor puesto de todos: arriba del camión, en la esquina. Le hago señas con la mano desde la colina del puente de los gemidos y sin más que un par de miradas a distancia ya nos habíamos ubicado.

¿Qué se podía hacer en Cabo Polonio a las 5.30pm con una persona que nunca había venido?

Ir al sillón de la sur.

El “Sillón de la Sur”, es una formación natural de rocas que para ser un sofá solo le falta el acolchado y un par de almohadones. Es el living natural de la playa, que cuenta con vista HD al atardecer más increíble, brillante y colorido que vas a ver alguna vez en la vida… También tiene otras funciones, algunos suelen sentarse a ver la puesta de sol, beber, charlar y, dependiendo de la hora, el tipo de charla y la bebida, se presta para encuentros más carnales.

Y si te invita un poloniense, es el truco para enamorar a cualquier turista.

En nuestro caso, solo íbamos a ver el atardecer.

Como guía turística me muero de hambre, pero me encanta hacer el show e intentarlo, aún cuando sé que siempre me olvido de cómo llegar al lugar o cómo se llama… Menos mal que entre la búsqueda del sillón, M. Linn, la autora de la foto de este post, escuchó mi voz y saltó de la nada con un “¡qué haces Sina!” y no quedé tan desubicada.

La tormenta del día anterior había dejado el mar impetuoso, fuerte. Me sorprendió la cantidad de agua que sostenían las olas para formarse y la espuma que soltaban al romper, que por cierto estaba blanquísima, y quedaba regada por toda la zona rocosa como dientes de león entre el barro.

El sol bajaba tranquilo, marcando el paso del tiempo sin apuros, perfecto para disfrutar a plenitud de su despedida. Vimos con claridad cómo esa bola de fuego inclemente, de repente perdía la intensidad, y el amarillo se tornaba naranja, y el naranja en rosa eléctrico -para ese punto podíamos ver la silueta del sol perfecta-, para luego desaparecer.

En contraste, el cielo pasaba de azul a violeta. Vimos el rayo verde de Cortázar, pero no nos enamoramos de nadie. Vimos las nubes naranjas nítidas navegando cual barcos flotantes. Y, de un momento a otro, ya veíamos chispear las primeras estrellas.

M., no había visto un atardecer en un par de meses así que en el proceso enmudeció y ahí nos quedamos en silencio, sentadas en el mejor lugar del Cabo, observando y apreciando el momento sin siquiera mover un dedo ¡qué lindo poder ver este fenómeno sin pensar en el celular, y qué importante que es vivirlo!

Quedamos ahí, mutando, quién sabe por cuánto tiempo, para cuando reaccionamos, Linn ya se había ido. 

De repente, un rayo flúo azul apareció entre la ola.

¡Marica, NOCTILUCAS! Grité. No, no. No puede ser, me respondí. Seguro es una linterna que justo hizo reflejo y se vió así.

1 min después. Otra chispa flúo.

M., dice ¿viste eso? ¿Esas son noctilucas?

No sé, le respondí. Ya había visto noctilucas, pero nunca las vi tan cerca, tan iluminadas, nítidas y tan sorpresivamente.

Observo directo al mar, justo donde se formaba la ola, me voy al detalle:

Vi cómo el agua se juntaba para formar una masa corpulenta, altísima y masisa. Minusiosamente detallé ese instante en que la gran masa, pasó a tener forma de ola y formaba un tunel de agua natural. (¿¡cómo me había perdido antes de este proceso tan hermoso!?) y ahí, entre medio del cuerpo de la ola y la cresta de espuma, allí entre la nada y el todo, apareció una serie de luces azul flujo que permanecieron prendidas hasta que la gravedad y la fuerza del mar hicieron que rompiera. 

¡SON NOCTULUCAS, SON NOCTILUCAS! gritábamos.

Las noctilucas son dinoflagelados (una especie de alga), organismos unicelulares que miden alrededor de un milímetro y que se alimentan de plancton vegetal. Como la mayoría de los organismos bioluminiscentes, emiten brillo como resultado de una reacción bioquímica: el oxígeno oxida una proteína llamada luciferina y el ATP (adenosín trifosfato) proporciona energía para una reacción que produce agua y luz.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero no lloré. El impacto y la adrenalina  me provocaron dar un salto y junto a M., comenzamos a saltar sin parar abrazadas, girando sobre nuestro propio eje, riendo a carcajadas, felices, incrédulas.

Reparé que ni siquiera era totalmente de noche, la luna estaba creciente y con tanta luz que veíamos nuestra sombra,  y aún así seguíamos viendo aquellas lucecitas flúo nacer entre la cresta de la ola.

Para cuando volteo la mirada hacia la costa, las cientos de olas que iban a reventar a la orilla, iban cabalgando campantes con sus crestas azules en movimiento. 

¿Somos las únicas que estamos viendo esto? Preguntó M.

Algunas familias habían salido de sus ranchos para averiguar el por qué de los gritos, pero estaban tan encandilados por la luz de sus casas que los veíamos salir y entrar de nuevo sin entender nada de lo que estaba pasando.

Parece que sí, dije. 

El motivo por el que estos organismos gastan su energía en producir luz es aún desconocido. No poseen órganos sensibles a la luz, por lo que no pueden percibirla como una señal. Existe una hipótesis según la cual se iluminan para exponer a sus depredadores a la vista de peces más grandes y así deshacerse de ellos.

Foto de Guzman Infanzon.
Foto de Guzman Infanzon.

Estábamos en medio de un cuento de hadas, éramos las sirenas entre las rocas, rodeadas de un fenómeno que nunca se sabe cuándo va a pasar, que no está en cualquier parte del mundo y que, además estaba sucediendo con luna y al final del atardecer.

¡Nos sentimos tan afortunadas! ¿Sabes cuántas personas ni siquiera han visto el mar? Quienes lean este post seguro que hasta estarán aburridos de hacerlo, pero somos minoría. Y además, ver el mar junto con este fenómeno galáctico, es… Galáctico, mismo. 


El mail de Fulano de tal, llegó un día antes de que aparecieran las noctilucas. Cuando la recepcionista nos contó, reímos todos a carcajadas, ¡era imposible saber eso! 

Pudimos haberle mentido en juego diciéndole que al día siguiente iba a poder ver las noctilucas, pudimos haberle dicho que viniera igual, que nunca se sabe, si Fulano no hubiese dudado, pudo haberle dado la sorpresa a su novia.

Pero Uruguay es así, una incertidumbre. Una caja de pandora que va revelando sus misterios cuando quiere, no cuando lo buscas. Por eso hay que tener los ojos abiertos, estar atentos y no esperar nada, porque las cosas increíbles de este paícito llegan solas.

Nunca duden. 

#GraciasUruguay, te quiero. 

Foto de Guzman. Cabo Polonio. Luces de mar, Valizas y Punta del Diablo.
Foto de Guzman Infanzon. Cabo Polonio.

* Los datos sobre las noctilucas los copié de acá