#TeCuento La tempestad de mi llegada a Cabo Polonio

Cabo Polonio. Octubre, 2016

La gente cree que porque viene 2 o 3 veces a Cabo Polonio se sabe la historia. Me da risa cuando escucho a un extranjero hablando sobre que no hay electricidad, que las casas tienen esa forma porque “x” y que es un pueblo de hippies. Hablan como si supieran todo viste.

¿Hippies? ¡La gente acá es rustica! Una persona que vive acá hace cosas que un extranjero ni se imagina… Es que si vieras cómo era Cabo hace 10 años… ¡No tiene nada que ver con lo que es ahora! ¿Entendés?

Alguien, un día cualquiera.

***

Llegué una noche de tormenta y alerta de quién sabe de qué color. Era las 20:30h y el viento parecía correr a más de 50km/h. No había luz en la Terminal del Cabo. Un ente negro salió a buscarnos y nos llamó para que entráramos a la sala de espera. Nos informaron que no había paso, la “cañada” estaba inundada y el carrito nos dejó a 1km del pueblo.

Si la gente que estaba ante’ llegaron caminando, ustedes también van a llegar, no les va a pasar nada.

Una familia de franceses, una francesa, una ronchense, un montevideano que tiene 3 años viviendo en el Cabo y yo nos arriesgamos a la aventura, no teníamos de otra. “Pero si quieren, pueden quedarse aquí a pasar la noche”, nos informó un jóven con licor de Butiá en mano. “Nos arriesgamos a ir caminando, gracias. ¿Eso que estás bebiendo es para compartir”, solté. Bebí un trago.

El frío parecía que cortara el cuerpo. Apenas me bajé del carrito para caminar, sentí la primera bofetada de viento. Me arrepentí. Ahora no me quedaba más que caminar al lado de mi mayor miedo natural.

-L, ¿me puedo agarrar de ti mientras vamos caminando? Tengo miedo.

Los  franceses no entendían español, nosotros ne parle pa francaise y ahí, ente gemidos, risas y gestos, nos comunicábamos en aquella catástrofe de viento, con el mar a nuestras faldas, espuma (¿de dónde salió tanta espuma?), con frío y sin más luz que 2 linternas de celulares para 8 personas.

El casi nativo nos trataba de guiar entre la costa. El viento impedía dar pasos limpios, teníamos los pies mojados, el cabello en la cara, la espuma hasta las rodillas y los pantalones mojados. Los zapatos de una de las francesas, antes brillantes y limpios, habían quedado tapizados de arena y agua de mar, sentí lástima, porque parecían ser caros y ella no tenía medias puestas.

Las olas reventaban casi en nuestras caras, la luz del faro (la única que se veía) apenas nos daba esperanza de una llegada segura… Con cada paso, parecía que estuviéramos retrocediendo.

Llegamos.

-Esta es la Av. Principal ¡Bienvenidos al Cabo! Los franceses se quedaron atónitos ante un camino de tierra apenas distinto del resto del paisaje. -Es que esto avenue? -Sí -respondío el chico que vivía ahí-.

“Claro, como vienen de Europa, se esperan caminos bien señalizados y avenidas de cemento”, gruñó nuestro guía.


Era mi primer día de trabajo en La Perla del Cabo. Llegué empapada, arenosa y muerta de cansancio y miedo. Apenas abrí la puerta, percibí caras largas. La Perla, estaba con la puerta rota, caracoles hasta el living y arena.

Las olas habían entrado hasta el restaurante. El techo de la casa de mi jefe se había volado. Y yo, acababa de llegar.

¿Qué haces acá?

Bueno, vine porque quedé en empezar mañana de mañana.

¡Qué momento este, chiquilina!


 

¿Te gustó?  Sucríbete. Me encantaría compartir contigo mis borradores y otras cosas lindas que me pasan. 

Emigrar también implica “estar hospitalizado”

Esta vez no fui yo. Pero, lo viví de cerca con un gran amigo.

M., se sintió mal todos estos días, tenía el nervio ciatico inflamado y de un momento a otro, un nervio, paralizó su trabajo, su fin de semana, su en encuentros, su cuerpo, y lo tumbó en la cama.

Una semana de dolor intenso, de quejidos, gemidos, respiraciones, pastillas, ceño fruncido de rabia, de sábanas calentitas, de comida desparramada en la cama, vasos, platos, tabaco, humo.

Una semana de un cuerpo dolorido y muchos amigos que entre charla y charla, la única solución que veían para aliviarlo era la risa y un par de chismes.

Después de 8 días de dolor, M. va al hospital para revisión. Se le habían acabado los calmantes y debía resolver pronto. M., es extranjero, habla medio español, medio su idioma, su familia no está cerca, así que no tuvo “la sopita de mamá que todo lo alivia” ni la compañía de un familiar para apoyarlo. Fueron él, su nervio inflamado y su limitada capacidad de caminar.

***

Apenas me enteré que lo habían dejado internado, salí rápido hasta el lugar. Por suerte, este tipo de noticias corre rápido entre amigos, ni bien el había terminado de enviar el mensaje y ya unos cuantos amigos le hacían compañía.

Llegué y ahí estaba, con una sonrisa que le daba la vuelta a la cabeza, estaba contento porque al fin que no le dolía, el suero ya tenía calmantes y todo eso estaba entrando de una a la sangre.

A mitad de mi visita, lo trasladaron de hospital, y ahí estaba yo dando vueltas en una ambulancia, cagada de risa con M. y J., gozados.

“¿Cuántas veces tenemos la posibilidad de ir gozados en una ambulancia?”, pensé.

***

Ya van unos cuantos días que M., está internado. Es extranjero, le duele cada vez menos, sonríe cada vez más y come como un pozo sin fondo, su familia no está, él ni se inmuta “los únicos que deben estar en un hospital son los enfermos, aquí no permito que se quede nadie conmigo”. 

Hay varias postulaciones para quedarse acompañándolo, pero no quiere “hay muchas enfermeras lindas acá, ellas me ayudan a bañarme”, dice con picardía.

Su sentido del humor no pasa, traspasa. No me queda más que mirarlo y sonreír.

En mi ideal de emigrante, no tenía la hospitalización como una opción. Ahora sé que existe y que, si tienes amigos puedes llevar el tema con más tranquilidad.

El primer día que vi a M. sentado en la camilla, con una aguja en sus venas, drogas y enfermeras en medio de una habitación blanca y con olor a alcohol, me movió un montón de cosas ¿qué pasa con quienes están recién llegados a un país y les toca? ¿Qué pasa con la familia a distancia? ¿Qué pasa con la ayuda? ¿Qué pasa con nosotros cuando estamos solos en esas situaciones? ¿Qué pasa con “la sopita de mamá que todo lo alivia”, te la mandan por Skype?

Y entiendo que, enfermarse y estar hospitalizado, también le pasa a los inmigrantes.

13 años antes de irme a Uruguay

Cuando tenía 10 años, vi una noticia sobre Uruguay en la TV. “Papá, ¿qué es Uruguay?, ¿Quién va para allá?¿Qué país es ese? ¡No tiene nada! ¡Qué horror!”

En medio de mi ego, las palabras de mi padre llegaron, sin que yo supiera en ese momento, para quedarse: “Uruguay es un país al sur, bien cerca de Argentina. Tiene playas muy lindas. Es tremendo país”.

“Nunca va a ser como Venezuela”, respondí.

***

Cada vez que alguien me pregunta cómo hacer para irse de Venezuela, respondo que no es muy difícil. Solo hay que abrir el mapa mundi o “Googlemaps” y observar con detalle cada país, sus fronteras, sus límites y sus climas.

Comenzar a sentirse en el lugar, preguntárte qué climas estás buscando, qué aires quieres respirar, qué cosas te motivan de cada región, qué mares vas a admirar y qué comida quieres experimentar.

Mientras el cuerpo y la mente estén bien, la energía fluye y los portales se abren a nuevas oportunidades.

13 años después me encontraba tomando un avión que no solo me trasladaba a un nuevo destino, también iba rumbo a una nueva vida, casualmente, Uruguay iba a convertirse en mi hogar.

Qué ironía de la vida haberme burlado un día de un lugar que tiempo después me abriría las puertas para abrazarme, porque ya mi país no podía hacerlo más.

Entre burlas y burlas, se traga una el agua de nuestra propia tormenta.

¿Nunca les pasó?

Entrada también en Medium

Ya vengo, me voy a perder

¿Qué probabilidades tiene una venezolana común de estar São Paulo y tener una amiga de Curitiba?

¿Que probabilidades tiene esta venezolana de fumar con su amiga e ir a vender Palha Italiana y #Negritas en  la Av. Paulista?

¿Qué probabilidades hay de que la venezolana vaya hasta la Av. más importante de Brasil, se siente en el piso de la acera y dedique 3 horas de su día a estar ahí?

***

Debe haber más de 5000 filtros de cigarro en la Av. Paulista de SP. Pareciera que el mantenimiento gubernamental solo barriera las hojas de los árboles.
Así la ciudad se ve menos parque.
Con este sol, las medias azules con estrellas blancas de la Mishi me dan calor.


¡Y hambre! Aunque no tiene nada que ver. De todas formas ya me arrepentí de haberme puesto zapatos negros.


Dos chicos bien vestidos (y parecidos) se acaban de detener a pegar sus diseños en la pared de Bradesco justo en nuestra frente.


¡Dios, qué sol!


Desde que nos sentamos en la acera, han pasado 635 personas. 325 están vistiendo jeans, 100 están de shorts y el resto creo que son menores de edad. Sin contar, lo bien vestidos que están los chicos que están pegando sus diseños en la pared, bonitos -los diseños-.


Del otro lado de la calle, una chica conecta un parlante y comienza a cantar What a wonderfull world acompañada de su guitarra y el pum pum del cajón peruano que está tocando su amiga ¿Serán amigas o novias? ¿Por qué dije amiga? ¡Yo qué sé!.


Mmm… Acaba de llegar un olor a pan con canela y azúcar que me levantó hasta lo que no fue. En mi pueblo, ese olor sería de Cinnamon o rollitos de canela.


Ahí van 2 hombres, 1 señora y 20 adolescentes jugando Pokemon Go. Lo sé, porque caminan guiados por el instinto automático y la mirada fija en la pantalladel celular. Casi se tropiezan entre ellos por intentar cazar uno.


También pasó una japonesa de lentes, y recuerdo la enseñanza de un amigo “São Paulo es la ciudad con la mayor colonia japonesa en Brasil”


Fumé marihuana hace un rato, estoy sensible. Escucho el taconeo de la señora, el “obrigado” de la cantante al otro lado de la acera, el sonido de la tapa de la alcantarilla que acaba de pisar el muchacho de camisa amarilla y las campanillas de las bicis que van por la ciclo vía.

¡Cuántas “illas” en un mismo párrafo”!


Hace 2 minutos, un vagabundo se detuvo frente a mí, supongo que le llamó la atención verme escribiendo en plena furia citadina, y preguntó “Cadê a caneta?”
Mi cara reflejó un perfecto “no entendí” y Mishi levanta su lápiz.


“Ah! Ai está a caneta!” . Suelta una carcajada, me ve, extiende la mano, yo le doy mi mano también, y dice “O cor, né?, somos do mesmo cor?”


Nos veo.

“Somos, sim”.

***

DSC05338

De tarde el reencuentro es inminente.

El Ibirapuerra nos da la bienvenida con un árbol repleto de flores color rosa fuerte, casi con luminaria natural. Una muchacha con audífonos puestos coloca sus manos en el tronco del árbol, y como si lo estuviera empujando baja la cabeza entre los brazos, cierra los ojos y se queda ahí, quieta. Ni se inmuta ante nuestras miradas.

Ella es, junto con el árbol.

¡Ta lotado de pessoas! dice mi amigo.

Descubrimos el estado de tranquilidad de los patos recibiendo el atardecer nadando en el lago, y nuestra tranquilidad al verlos. También que el GPS interno de los chicos no estaba funcionando bien y dimos más vueltas de las necesarias para poder encontrar tomar un lugar para tomar café.

¡La música es tan necesaria en los espacios públicos! La diferencia entre caminar con música de ambiente en mute, y la transición emocional al escuchar una batería y un saxo en pleno camino, te cambia el tumba’o.Caminas con ritmo y hasta con sonrisa.

Pasamos por el puente sobre el lago y el sol nos bañó de amarillo, nos calentó y nos recargó.

¡Foto, foto!

Descubrimos que la chica que nos atendió, le encanta que le digan que su café es buenísimo y tengo la sensación de que va a lanzarse a un emprendimiento. Ella se lo cree, nosotros somos sinceros con ella.

Ya de noche las calles se nos perdieron y nos encontramos en las desconocidas… Ellos viejos encontrando lo nuevo en su propia ciudad, yo nueva, entre lo nuevo.

Callejones, arte, árboles de mora, casas de ensueño en alquiler, el Instituto de Biología y su arquitectura de terror, la calentura de la noche en pleno invierno, nosotros en la caminata, mi emoción, la emoción de ellos. Nuestro reencuentro, con nosotros y con la ciudad.

Compramos un vino, cocinamos burguis de lentejas “Não fale de burgui, Hamburguesa é uma palavra linda”, escuchamos música, mía y de ellos.

Recordamos el pasado, agradecimos el presente y en el futuro quedamos para ir a costa paulista.

¿Recuerdas qué sentiste la última vez que te perdiste?

Cuando estoy aquí, estoy allá. Cuando estoy allá, estoy en Yacullá

¡Ya va!, así se escribe Yacuyá?

En mi curso de Escritura de Viajes, me llamó la atención un post de Marina Porquéno:

Paso a dejaros una cancioncita que en Quito me recordaba a Madrid y en Madrid siempre me recuerda a Quito.
¿Estamos escribiendo? ¿Estamos bailando? ¿Estamos queriendo?

Y entonces el cerebro me comienza a enviar mensajes de memorias escondidas que nunca revisé. ¿Acaso no les pasa que cuando están en un lugar, piensan en estar en otro, y cuando ya están en ese otro, quieren volver o cambiar?

Recordé todos mis viajes. Volví a los 18 años, cuando pasé unos meses en Trinidad y Tobago y escuchaba salsa trancada (salsa, genero musical. “Trancada” es un adjetivo personal, sinónimo de salsa dura) por causa de la extrañación. Después de vivir 3 meses allá, cuando volví a Venezuela, lo primero que hice fue un playlist de Socca T&T 2010. Me acuerdo que me reencontré con mis amigos y les regalé un CD de mis grandes éxitos, me parece que fue mi forma hacer que se empaparan del viaje. 

Creo que solo lo escucharon cuando estuvieron conmigo y luego se perdió… Es difícil pasar a otros nuestras experiencias.

¿Nunca escucharon Socca? Les dejo una muestra de ese poder caribeño (de mi época).

Ya para los 23 años, cuando dejé todo y me fui a Uruguay, en realidad quedé un poco en el limbo. Fue un golpe de transición fuerte, me mudé de país. Así que estuve entre lo nuevo y lo mío.  Entre 5 minutos y nada más y mi salsa, mi música de negros y la música de, para ese entonces, mi novio.

Luego, me empapé tanto de la música uruguaya que conocí el Candombe, el rock uruguayo, conocí las murgas, el hip hop y otros géneros que me hicieron amar tanto Uruguay, que se me fue de las manos mi cultura.

Para ese entonces me mudé, viví con 6 venezolanos y volví a entrar en mi tierra, me acurrucaron y me hicieron recordar. Volvieron el folclore, las danzas, el aguinaldo y hasta el reggaetón.

Entre la transición, un amigo me enseñó a escuchar música brasilera, y ahí me colé un tiempo.

Entonces, en Brasil ¡Hola São Paulo! ¿Cuál es mi playlist? Música uruguaya.

Reencuentro en Venezuela, ¿y qué escuchas? Música Brasilera.

Vuelvo a Brasil, ¿qué estás escuchando? Música venezolana.

Estoy aquí, y quiero estar allá, estoy allá, quiero estar aquí. Y no termino de estar en alguna parte.

***

Y así pasamos la vida, reconociéndonos en otros lugares, empapándonos de todo y buscándonos.

Queremos recordarnos, sentir lo mismo que sentimos en ese momento único que ya tuvimos. Nos gusta husmear en el pasado, y darle “play” tantas hasta gastar la aguja del disco.

Los sentidos tienen memoria, por eso cada vez que nos perdemos buscamos entre ellas algo que nos reencuentre: un olor, una canción, un sabor, una cosa, un color, un detalle que nos confirme ¡Sí! Sigues siendo tu, el de esa vez, y el de ahora.

¿Eras tú el mismo de aquella vez? ¿Seguro?

Y dejamos el presente, para después.

***

Dejo para ustedes una canción, linda, que me llenó de amor cuando estuve en Uruguay, que me recordó a Brasil cuando estuve en Venezuela y que, ahora que estoy en São Paulo, tengo tiempo sin escuchar.

¿Ya ustedes tienen la suya?

Si vienes a restar, mejor que ni entres

Hoy tuve una charla de esas que te dejan con dolor de cuello y de corazón. De esas que por más azucar que agregues, no endulza la amargura ni la tristeza.

Empezamos a hablar de las cosas más divertidas de la vida de cada uno. Lo gracioso de aquel día cuando cuando una chica perdió el control en una fiesta; todo lo que reímos cuando nos dimos cuenta que gustaba la misma persona; cuando sentí que se me durmió el brazo después de fumar; las actuaciones de las frases célebres de madres y abuelas, etc.

Y en algún momento, los amigos llegaron a la charla, comenzamos por las cosas lindas y agradecimos a todos los que hoy son parte de ese círculo. Luego, esta persona hizo una pausa, se levantó, caminó, fue al baño, salió, buscó algo en la computadora.

Como dirían en mi pueblo, estaba pajareando.

En mi otro pueblo dirían, boludeando.

Algo se le estaba moviendo por dentro, yo lo percibí (Neptuno en piscis). Me quedé quieta, esperando, sentada en la mesa en silencio, tomándome los ultimos sorbos de mi taza de té.

(Cuando esté preparad@, hablará)

Dejó la computadora, envió el último mensaje del teléfono.

Tengo que comentarte algo que me pasó

***

Escuché cada palabra con detalle, cada silencio y cada suspiro. Escuché lo que dijo y lo que no dijo.

Mientras el otro hablaba, sentía que mi cuello se tensaba . Se creaba una conexión energética fuerte, no sé si es que la empatía se me fue de las manos o si soy vulnerable a las tristezas de los otros.

Me paré, tomé agua.

Qué hijos de puta, ¿cómo estabas con gente así?

Llené otro vaso de agua.

Escuché.

Bebí.

Y luego otro vaso.

¡Fa!, no puedo entenderlo.

***

Esta persona estaba débil de espíritu, se sentía mal. Consideraba que las cosas no le estaban saliendo como quería, sentía que no estaba actuando como en realidad debió actuar. Bebió mucho, fumó mucho y se rodeó de personas que, estando en condiciones mucho peores, detectaron su debilidad y la usaron.

…Para mal.

Persona 1

“Es que tú eres un@ borrach@. Mira cómo estás, gastas más en alcohol que en comida. ¿No te das cuenta?

Pero, yo como bien. Solo que hoy tomé.

¡Estoy cansado del olor a alcohól!, ¿no ves cómo estás? Qué verguenza….¿Y dices que comes? Claro, si te la pasas pidiendo comida.

(Llora, llora, llora)

Persona 2

Me encanta que seas nuestr@ amig@ pobre (risas)

No me gusta que se jueguen así, no me da risa.

Es joda, lo sabes.

(Llora, llora, llora)

Persona 3

Estoy super preocupada por ti (llora). Viste que yo soy tu única amiga. Los demás ni siquiera te valoran. Estoy preocupada, mira cómo estás.

¿Como?

¡Así, así!

Así cómo.

***

Estamos preocupados por ti.

¿Por qué? ¿Por qué se tienen que preocupar por mí, si no pasa nada?

Es que a veces bebes.

Sí, bebo. Pero normal.

Pero es que bebes.

¿Y qué pasa?

***

Estaba bebiendo, es cierto, pero también comía, trabajaba y me gozaba la vida.

Me empecé a creer lo que me estaban diciendo. Lloraba todos los días. Me miraba al espejo y no me reconocía. Tenía miedo. ¡Pánico!

Te juro, lloraba mucho. Porque ellos estaban viendo un comportamiento en mí que yo no lograba ver. Me preguntaba qué era lo que estaba haciendo mal, me evaluaba, me estudiaba… No encontraba ese punto en común entre lo que ellos veían y yo.

Y seguía refugiándome en esas personas, porque entendía que estaban haciendo las cosas por mi bien.

¡DESPIERTA! ¿No te das cuenta?

Me estás contando que te sientes mal, que no te reconoces , pero ¿quiénes son los que te dicen eso?

Mirá bien:

Una frustrada que después que el novio la dejó terminó rogando amor a todo el mundo. Ella, que te imita, que te roba los pasos. Ella que quiere ser como tú, te juzga.

 Un tipo que tiene dinero de lugares oscuros, porque no trabaja, ni estudia, ni un carajo, pero tiene plata. Y un extranjero mantenido por sus padres, que se droga día y noche.

¿Esas son tus referencias?

Si no es por ese amigo, siento que me hubiese deprimido. Por él, recapacité.

Y te cuento esto, porque me acaba de llegar un mensaje de uno de ellos:

“¿Sabes qué pensé cuando se me perdió la plata aquella vez en la casa? Que tú me la habías robado”

***

Insisto, ¿por qué mantuviste a esas personas cerca de ti?

No lo sé. Los quiero eliminar.

(Léase bien “Los QUIERO eliminar”)

¿Y por qué coño no lo haces? Dame el teléfono.

ELIMINAR, BORRAR, EXCLUIR, BORRAR GRUPO, BLOQUEAR, ESTO ES SPAM.

***

No juzgo. A veces pasa que dejamos a las personas incorrectas entrar en casa. No es un pecado capital ni es para reprochar. Estamos para aprender.

Suele pasar que entregamos el corazón a personas que nos hacen daño, y lo sabemos, lo aceptamos y nos quedamos ahí asumiendo que MERECEMOS esos tratos.

Porque, así como la violencia doméstica, los culpables somos nosotros.

“Ahora que lo cuento y lo veo de lejos, no entiendo por qué son tan hijos de puta”, me decía.

No. Ellos son como son. Esa es su personalidad, esas son sus frustraciones, sus miedos, sus locuras. El error está en ti, en permitirlos y en dejarlos entrar a tu vida.

Cri cri, cri cri.

Un amigo me comentó, le dije, que el momento de más exposición de nuestro espíritu es cuando bebemos o nos drogamos. Y tú, entre las fiestas, las jodas y la vida loca expusiste mucho tu sensibilidad. Por eso, llegaron estas personas supieron cómo hacerte daño.

Tu sabes quiénes son tus amigos. Lo sabes y no los alimentas, no los conservas ni los mantienes. No distingues entre los panas de la joda, los de las birras, los que te ayudan, con los que lloras y así…

Tienes que respetarte, primero a tí y a tu cuerpo. Y valorar eso que eres.

Reconócete, mírate y escoge bien a las personas que quieres a tu alrededor. Y que vengan las que van a sumar y agregar valor, porque, como dice mi amiga Lucía, si vienen a restar, mejor que ni entren.

***

Le recordé, a él y a mí misma.

365

Rodeada de desconocidos, brindamos

¡Salú! por un 2015 próspero

4 años de relación aún perduraban -a medias-

renunciamos a todo

la costa uruguaya nos saludaba: La Pedrera, Valizas, Cabo Polonio, Punta del diablo.

hasta llegar a Florianópolis-Brasil

arriesgarnose y llegar hasta Río de Janeiro

volver a Uruguay

sin dinero

vivir en un hostel en la Pedrera

descubrir que siempre hay alguien dispuesto a ayudar

volver a Montevideo

¡chao amor de 4 años!

tener que vivir bajo el mismo techo, después de haber terminado

… fuerza.

Mucha fuerza.

Hola espacio de cowork: Sinergia Cowork

-el mejor de Uruguay, cuidado sino de Latinoamérica-

Conocer, aprender, explorar, analizar

reconocer talentos

entender: el futbol paraliza Uruguay

Inspirarme con Creative Mornings

inspirar a los demás

ser parte.

Resolver: el aprendizaje y el dinero a veces no van de la mano

mudarme

volver a mudarme

escribir para Cooltivarte

entrar a conciertos, bares y presentaciones, gratis

¡Gracias Federico!

comenzar a dibujar

rodearme de gente talentosa

integrarme

hablar uruguguayo

enseñar a hablar venezolano

enamorarme

y saber que es mutuo

ir todos los domingos al candombe

mi ritual con Ronald y Marcelo

pertenecer

tener grupo candombero

Conocer la espiritualidad,

las energías

el tambor.

Cerrar un ciclo

¡Hasta pronto amor!

Gracias, Sinergia Cowork.

valorar (me)

descansar

volver al hostel

y el 31

las copas se levantaron

y rodeada de amigos y desconocidos

en la costa uruguaya

en luna creciente, como una empanada venezolana

brindamos

¡Salú!

 

Bienvenido 2016