NOCTILUCAS en Cabo Polonio, uno de los tantos fenómenos que explican el #UruguayTeQuiero

Buen día,

Me gustaría hacer una reserva para una habitación doble, pero antes quería saber si es posible que me digan cuándo habrá noctilucas, pues mi novia nunca las ha visto y me gustaría darle la sorpresa.

Gracias,

Fulano de tal.


Después de haber hecho una caminata magistral desde la playa norte a la sur, atravesando las dunas y bordeando el bosque de Cabo Polonio, vuelvo al pueblo sobre el atardecer y,  justo cuando estaba entrando a la Av. Ppal, veo una figurita menuda girando la cabeza cual ventilador, con los ojos desorbitados y la sonrisa congelada… Era M. 

M., es un personaje menudo y fino como una varita de terciopelo que camina como flotando, siempre con una mochilita a la espalda.  De esas personas que cada vez que las vez tienen una nueva lista de reproducción de palabras suburbanas y cuentos increíbles. 

Era la primera vez venía al cabo y había comenzado con el pie derecho al haber tomado el mejor puesto de todos: arriba del camión, en la esquina. Le hago señas con la mano desde la colina del puente de los gemidos y sin más que un par de miradas a distancia ya nos habíamos ubicado.

¿Qué se podía hacer en Cabo Polonio a las 5.30pm con una persona que nunca había venido?

Ir al sillón de la sur.

El “Sillón de la Sur”, es una formación natural de rocas que para ser un sofá solo le falta el acolchado y un par de almohadones. Es el living natural de la playa, que cuenta con vista HD al atardecer más increíble, brillante y colorido que vas a ver alguna vez en la vida… También tiene otras funciones, algunos suelen sentarse a ver la puesta de sol, beber, charlar y, dependiendo de la hora, el tipo de charla y la bebida, se presta para encuentros más carnales.

Y si te invita un poloniense, es el truco para enamorar a cualquier turista.

En nuestro caso, solo íbamos a ver el atardecer.

Como guía turística me muero de hambre, pero me encanta hacer el show e intentarlo, aún cuando sé que siempre me olvido de cómo llegar al lugar o cómo se llama… Menos mal que entre la búsqueda del sillón, M. Linn, la autora de la foto de este post, escuchó mi voz y saltó de la nada con un “¡qué haces Sina!” y no quedé tan desubicada.

La tormenta del día anterior había dejado el mar impetuoso, fuerte. Me sorprendió la cantidad de agua que sostenían las olas para formarse y la espuma que soltaban al romper, que por cierto estaba blanquísima, y quedaba regada por toda la zona rocosa como dientes de león entre el barro.

El sol bajaba tranquilo, marcando el paso del tiempo sin apuros, perfecto para disfrutar a plenitud de su despedida. Vimos con claridad cómo esa bola de fuego inclemente, de repente perdía la intensidad, y el amarillo se tornaba naranja, y el naranja en rosa eléctrico -para ese punto podíamos ver la silueta del sol perfecta-, para luego desaparecer.

En contraste, el cielo pasaba de azul a violeta. Vimos el rayo verde de Cortázar, pero no nos enamoramos de nadie. Vimos las nubes naranjas nítidas navegando cual barcos flotantes. Y, de un momento a otro, ya veíamos chispear las primeras estrellas.

M., no había visto un atardecer en un par de meses así que en el proceso enmudeció y ahí nos quedamos en silencio, sentadas en el mejor lugar del Cabo, observando y apreciando el momento sin siquiera mover un dedo ¡qué lindo poder ver este fenómeno sin pensar en el celular, y qué importante que es vivirlo!

Quedamos ahí, mutando, quién sabe por cuánto tiempo, para cuando reaccionamos, Linn ya se había ido. 

De repente, un rayo flúo azul apareció entre la ola.

¡Marica, NOCTILUCAS! Grité. No, no. No puede ser, me respondí. Seguro es una linterna que justo hizo reflejo y se vió así.

1 min después. Otra chispa flúo.

M., dice ¿viste eso? ¿Esas son noctilucas?

No sé, le respondí. Ya había visto noctilucas, pero nunca las vi tan cerca, tan iluminadas, nítidas y tan sorpresivamente.

Observo directo al mar, justo donde se formaba la ola, me voy al detalle:

Vi cómo el agua se juntaba para formar una masa corpulenta, altísima y masisa. Minusiosamente detallé ese instante en que la gran masa, pasó a tener forma de ola y formaba un tunel de agua natural. (¿¡cómo me había perdido antes de este proceso tan hermoso!?) y ahí, entre medio del cuerpo de la ola y la cresta de espuma, allí entre la nada y el todo, apareció una serie de luces azul flujo que permanecieron prendidas hasta que la gravedad y la fuerza del mar hicieron que rompiera. 

¡SON NOCTULUCAS, SON NOCTILUCAS! gritábamos.

Las noctilucas son dinoflagelados (una especie de alga), organismos unicelulares que miden alrededor de un milímetro y que se alimentan de plancton vegetal. Como la mayoría de los organismos bioluminiscentes, emiten brillo como resultado de una reacción bioquímica: el oxígeno oxida una proteína llamada luciferina y el ATP (adenosín trifosfato) proporciona energía para una reacción que produce agua y luz.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero no lloré. El impacto y la adrenalina  me provocaron dar un salto y junto a M., comenzamos a saltar sin parar abrazadas, girando sobre nuestro propio eje, riendo a carcajadas, felices, incrédulas.

Reparé que ni siquiera era totalmente de noche, la luna estaba creciente y con tanta luz que veíamos nuestra sombra,  y aún así seguíamos viendo aquellas lucecitas flúo nacer entre la cresta de la ola.

Para cuando volteo la mirada hacia la costa, las cientos de olas que iban a reventar a la orilla, iban cabalgando campantes con sus crestas azules en movimiento. 

¿Somos las únicas que estamos viendo esto? Preguntó M.

Algunas familias habían salido de sus ranchos para averiguar el por qué de los gritos, pero estaban tan encandilados por la luz de sus casas que los veíamos salir y entrar de nuevo sin entender nada de lo que estaba pasando.

Parece que sí, dije. 

El motivo por el que estos organismos gastan su energía en producir luz es aún desconocido. No poseen órganos sensibles a la luz, por lo que no pueden percibirla como una señal. Existe una hipótesis según la cual se iluminan para exponer a sus depredadores a la vista de peces más grandes y así deshacerse de ellos.

Foto de Guzman Infanzon.
Foto de Guzman Infanzon.

Estábamos en medio de un cuento de hadas, éramos las sirenas entre las rocas, rodeadas de un fenómeno que nunca se sabe cuándo va a pasar, que no está en cualquier parte del mundo y que, además estaba sucediendo con luna y al final del atardecer.

¡Nos sentimos tan afortunadas! ¿Sabes cuántas personas ni siquiera han visto el mar? Quienes lean este post seguro que hasta estarán aburridos de hacerlo, pero somos minoría. Y además, ver el mar junto con este fenómeno galáctico, es… Galáctico, mismo. 


El mail de Fulano de tal, llegó un día antes de que aparecieran las noctilucas. Cuando la recepcionista nos contó, reímos todos a carcajadas, ¡era imposible saber eso! 

Pudimos haberle mentido en juego diciéndole que al día siguiente iba a poder ver las noctilucas, pudimos haberle dicho que viniera igual, que nunca se sabe, si Fulano no hubiese dudado, pudo haberle dado la sorpresa a su novia.

Pero Uruguay es así, una incertidumbre. Una caja de pandora que va revelando sus misterios cuando quiere, no cuando lo buscas. Por eso hay que tener los ojos abiertos, estar atentos y no esperar nada, porque las cosas increíbles de este paícito llegan solas.

Nunca duden. 

#GraciasUruguay, te quiero. 

Foto de Guzman. Cabo Polonio. Luces de mar, Valizas y Punta del Diablo.
Foto de Guzman Infanzon. Cabo Polonio.

* Los datos sobre las noctilucas los copié de acá

Una excusa para contarles sobre mi nuevo hogar

Quería instalarme, quería una vida normal. Después de mi viaje a Brasil volví a Uruguay con la intención de tener aquel trabajo anhelado de 8h, un cuarto para alquilar y mis vacaciones por 15 días anuales.

Y me llamaron para trabajar en Cabo Polonio.

***

Quién diría que iban a encontrarse un catalán, un mendocino, un cordobés, una argentina, una paraguaya-uruguaya, una venezolana y 4 uruguayos para compartir un mismo techo en el recóndito pueblo de Cabo Polonio.

Si no fuera porque Q, escuchó que una huésped del hostel donde trabajaba comentó que en el restaurante estaban buscando un ayudante de cocina,

Si no fuera porque J., un día vino al Polonio y se encontró con que su amigo era jefe del restaurante y justo necesitaban gente,

Si no fuera porque W. recomendó a A. para que viniera a trabajar,

Si no fuera porque la cocinera estrella no podía, y recomendó a un amigo y ese amigo tampoco podía,  y justo P. buscaba una aventura, 

Si no fuera porque T., recomendó a su amigo para que viniera,

Si no fuera porque E. dijo “eu fazo tudo”,

Si no fuera porque llamé a una amiga y le dije “Bo, ¿qué onda el Cabo? ¿Me das un mail para mandar mi CV y trabajar la temporada?

… El Poderoso sería otro.

***

Una vez, mientras me estaba cambiando de ropa en el rancho después de trabajar escuché que alguien le preguntaba a A.: Disculpá ¿vivís acá?, sí, respondió A. ¡Qué de más! ¡Está increíiiible este rancho! Parece uno de los castillos de Miyazaki, ¡En cualquier momento saca unos cohetes y despega, qué viaje!

En ese momento, me di cuenta en dónde estaba viviendo.


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El Poderoso es el único rancho en Cabo Polonio que tiene dibujitos hechos a mano por una brasilera, el único que se construyó teniendo como base un container que terminaron botando, pero que entre tabla y tabla, terminó siendo una obra de arte de muchas manos, muchos clavos y muchos tragos.

Durante el invierno se transforma en el bar de los amigos, un espacio recreativo que le permite al dueño y sus secuaces hacer lo que se les cante, por eso montan una barra para los tragos, ponen un cable de electricidad de 20 metros para poder escuchar música y se cubren del frío y la humedad.

Dice la leyenda, que las noches de invierno son tan agitadas en este lugar, que cuando se limpia la primera vez en verano puedes sacar de entre las paredes y tablas del suelo almas viejas, alcoholizadas y drogadas. Y si tienes suerte, hasta puede que resucite un panky.

Durante el verano es un hogar modesto de trabajadores, un lecho. Cuando hay viento, nos mece cual bebés en la cuna y cuando hay sol nos tuesta con su techo de zinc.

Si llueve, el metal del techo amplifica cada gota de agua en una batería moderna, si la lluvia es constante no podemos hablar entre nosotros,  porque hay tanto ruido que no nos escuchamos.

El Poderoso es la típica casa de cuentos de hadas: es madera oscura, tejado triangular, dos puertas de menos de 2 metros de altura, escaleras exteriores que te obligan a concentrarte bien después de una noche de copas y unas ventanitas de vidrio que permanecen siempre abiertas, no porque querramos, sino porque algunos cuadritos de vidrio están rotos.

¿Será por el bar?

No hay electricidad. Nos alumbran las velas ( cuando recordamos prenderlas) y un poco nuestras almas y las risas.

Huele a humedad de casa vieja con oleadas de perfumitos, desodorantes de aerosol y agua de mar. Sabe a café frío de la mañana.

No se puede estirar mucho los brazos cuando estás de pie. Se escucha todo, pero no se ve nada.

Vivimos a la antigua:

Lo niños duermen abajo y las niñas en el piso de arriba, pero nos escuchamos hasta los suspiros. Nos llamamos sin vernos, nos escuchamos mientras nos vestimos, dormimos mientras los otros caminan y si a las niñas se les ocurre barrer,  la arena cae entre la ranura del suelo de madera y abajo caen los restos de un día de playa.

Si el día está gris, El Poderoso se transforma en nuestra guarida especial. Nos juntamos uno al lado del otro sentados en círculo, hacemos ronda de mate, contamos historias, leemos en voz alta y si estamos muy místicos, filosofamos.

Escuchamos la lluvia, nos inundamos (literalmente), secamos, invitamos al silencio a sentarse con nosotros a veces, sin incomodarnos, lo escuchamos y nos concentramos en el sonido del último sorbo del mate.

El sueño americano

El Poderoso, Cabo Polonio- Uruguay
El Poderoso, Cabo Polonio- Uruguay

Vivo en una casa de madera rústica, rodeada de pasto, caballos, sapos, hongos en la tierra, arena y mar; vivo en una cabaña que me mece, me acurruca y me regala ratos de silencio, en un hogar que ahora comparto con personas de distintas partes del mundo, personas a las que llamo, familia.

Vivo en un lugar que sabe a café (frío, pero café al fin), que tiene ventanas con mira al mar, al atardecer o a la galaxia, que se hizo a mano y que tiene un nombre enérgico: El Poderoso.

En cualquier momento, me voy volando. 

Pero, ¿cómo pude pensar que trabajar 8h era mejor que vivir en este lugar?

¡Que sigan los viajes!

¿Cuando fue la última vez que viste un atardecer con los ojos cerrados? 

Playa Sur, Cabo Polonio- Uruguay

Atardecer

Ya vienen los últimos suspiros del sol, el azul del mar se va cambiando a tonos rojos y naranjas, las nubes hacen fiesta alrededor del sol y hacen del horizonte su pista de baile… Está sereno, las olas se balancean como bailando un bolero y la espuma rabiosa de las olas desaparece,  porque el día se despide. 

Mis pies, aferrados a la orilla de la playa, sienten el roce de las olas que ahora se encompinchan con la arena de para hacerme cosquillas. Los grumos saltarines que surgen del contacto mar-tierra me da gracia y me hunden poco a poco para que no me mueva.

Ahora tengo los pies enterrados, la piel húmeda, el culo mojado porque recién acabé de orinar y sensible, porque estoy menstruando. 

Hay una brisa que se viene levemente para envolverme con una manta anti humedad y lo agradezco.

¡Ah! El sol. 

Ahí está, frente a mi. Lo sé porque siento su reflejo y su calor, lo se porque entre mis párpados cerrados hay un color rojo intenso, ¿será que la ceguera tiene color? 

Observo el atardecer desde la piel y con el viento de verano que me arropa, lo observó desde mis pies enterrados en la arena recibiendo golpecitos de agua caliente del Atlántico ¡qué placer!

Observó el atardecer escuchando el vaivén del agua,  también escucho los murmullos de los turistas que están detrás de mí, escucho risas a lo lejos, a un chico tocando una guitarra en el fondo, el sonido de haber destapado un termo de mate para cebar la ronda el chapoteo mal encarado de alguien que acaba de clavarse al agua. 

Suspiro.

Abro los ojos, una nube se interpone en el horizonte y marca una nueva puesta de sol. El cielo ahora es violeta y veo la silueta de dos humanos haciendo Kayak, típica postal de verano. 

Cierro los ojos. 

Me llevo los brazos a la cabeza y entrelazo los dedos de las manos justo en la nuca, arqueo la espalda y me estiro junto con una bocanada de respiración profunda. 

Hay un silencio colectivo, con excepción del mar, que siempre tiene algo para decir. Siento que el frío se incrementa y que el sol debe estar por irse… ¿Me veré muy ridícula viendo un atardecer con los ojos cerrados?  No los puedo abrir, no quiero. 

Amaría que mi familia estuviera conmigo, me lo imagino, los veo sentados en la arena riéndose y tocando maracas, sonrío. 

Mis párpados ahora ven colores opacos, abro los ojos. El sol ya no está… 

Y mi familia tampoco. 

Bueno, cada uno ve el atardecer que quiere ¿Cuál es el tuyo? 

¿Cómo le describirías a alguien que nunca pisó Uruguay, cómo es Cabo Polonio?  

Esta pregunta me la hizo un amigo después de haberle descrito a mi abuela cómo era el lugar donde estaba viviendo ahora.

Abuela, estoy en un pueblo que está como a 5 h en bus desde la capital de Uruguay. Es rústico, aislado de la rutina de ciudades. En invierno viven 70 personas nada más ¡imagínate!

No tiene electricidad, todo funciona con plantas eléctricas, paneles solares o candelabros y la oscuridad permite ver toda la galaxia. Estrellas al infinito, la noche más oscura o más clara dependiendo de la luna… Por cierto que ¡nunca vi tantas estrellas!  Tampoco vi tantos atardeceres tipo documental de África, ni salidas de la luna por el mar, ni puestas de luna… Es increíble.

Te encantaría estar aquí, hay gallinas, patos, gansos, botes pesqueros, caballos y lobos marinos. Está como para que te orilles* y te tomes algo tranquilita…es más, si vienes te veo viviendo acá, es todo rústico como te gusta, así como la señora del recorte de periódico que tienes en tus libros ¿sabes? la que tenía a sus gallinas y tu decías que algún día querías estar como ella, viviendo con lo que necesitas,  comiendo en platos de peltre y tus 10 gallinas.

Feliz.

“No me convence mucho tu explicación”, me interrumpió mi amigo cuando le conté.

Es que, estoy pensando que cuando vuelva a España, voy a tener que explicarles a todos mis amigos y a mi madre todas las cosas que vivo acá, y no quiero que me hagan preguntas o que me digan que soy un hippie, por las sensaciones que les voy a describir, ¿si me entiendes?  Por ejemplo, el día de la luna llena y vino el lobo marino y tal… ¿Cómo le digo a mi madre que fue mágico? Y que me entienda ¡esa es la parte difícil.

No hay descripción para las sensaciones del Cabo. Sí podes describir que hay noches de luna nueva que te paralizan de tanta oscuridad en la tierra y brillo de estrellas en el cielo. Puedes decirle que este lugar te permite aislarte y concentrarte más en el presente y en el valor que tiene la naturaleza. Puedes hablar sobre los personajes del Cabo, que acá viven solo 70 personas y que esto generó 70 personajes de película, que cada uno se hizo su casa, que tienen las manos grandes y con cayos de tanto trabajar,  que fruncen el ceño y tienen la boca doblada a un lado de tanto gruñir…

No. Porque me va a preguntar por qué la gente es así o que qué es eso de vivir el presente,  o cualquier otra cosa ¿sabes?  Y no quiero responder preguntas. No sé cómo explicarle eso…

Entonces, me parece que lo que tienes que hacer es buscar puntos de comparación con otros países o regiones que tu madre conozca y a partir de eso, empezar a contarle cosas, lugares o emociones con las que tu madre se sienta identificada. Por ejemplo, a mi abuela le gustan las gallinas y los animales, si yo no le digo eso, a ella no le hubiese emocionado el lugar.

Para generar una sensación, busca ese “algo” que le genere emoción al que escucha.

Imaginate un lugar aislado de la ciudad,  donde trabajas en lo que te gusta,  te pagan,  tienes casa y comida asegurada y además te desconectas del ritmo de la ciudad y te rodeas de naturaleza. 

Imaginate un lugar que veas por donde lo veas es playa, dunas, cielo azul saturado y zonas de pasto verde y que tengas acceso a infinitas salidas y puestas de sol y de luna. 

Imaginate, que como no hay electricidad (mejor dicho, hay acceso limitado) puedas mirar el cielo lleno de estrellas con colores y todo… Y que te acuestes en la arena mirándolo y se te acaben los deseos de tantas estrellas fugaces que vas a ver. 

Imaginate, un lugar en el que vives tranquilo, sin apuro y contento, como en un sueño. 

Y cierres los ojos y de noche escuches hasta tu respiración… Y te duermas con el aullido de los lobos marinos, el viento soplando y el mar. 

Como una mezcla entre los atardeceres en el malecón de Choroni, el silencio del Pico Naiguatá de El Ávila, las playas como maracas beach en Trinidad y Tobago y las dunas de Coro. 

Eso en un solo lugar. 

¿Ves? Eso es Cabo Polonio.



Pd. Quiero leer tu descripción. 

Lo que vio Artigas el día de la Marcha por la Diversidad 2016

Artigas, es un personaje polémico de Uruguay. Algunos lo celebran como el prócer, el héroe; otros lo ven como el traidor o como el invento ante la ausencia de un mártir propio; como el tipo que tuvo relaciones con su prima, o como un departamento de Uruguay.

Sea lo que sea, la imagen de este personaje está inmortalizada en el Centro de la Plaza Independencia de Montevideo. Ahí se puede ver cabalgando valiente, con pinta de prócer (ya saben, uniforme, capa, todo eso) con la vista y el cuerpo en sentido este, dando inicio a la Avenida 18 de Julio (¿o es el final?).

Debajo de él, su mausoleo. Un lugar medio oculto que guarda las cenizas de los restos de lo que algún día fue. Dice la leyenda que en realidad sus cenizas no están, que se quedaron por ahí en una embarcación. Otros dicen que esas cenizas no son de él, puesto que sus huesos fueron sacados de una fosa común.

Pero esa es otra historia.

Lo importante, es que el pasado 30 de septiembre, Artigas fue testigo de una de las movilizaciones más importantes de la ciudad: La Marcha por la Diversidad.

Así lo vivió.

***

El día estuvo movido,Colectivo Ovejas Negras, Mujeres en el Horno, Mizangas Mujeres Afrodescendientes, Proderechos, la Unión Trans del Uruguay, el Área Académica Queer, la Red Uruguaya de Jóvenes y Adolescentes Positivos, Llamale H Uruguay y Multimostro Colectivo, fueron algunos de los encargados de este despliegue histórico y cómplices de transformar la Av. 18 de Julio con pancartas, colores del arcoiris, carteles, frases, cámaras, pintura, avisos, producción, etc.

A mis faldas (hablando de diversidad) montaron carpas de colores y una tarima que quedó justo en las patas del caballo. Desde acá solo daba para observar los techos de colores, y las cabecitas de los transeúntes. Estaba frío el día, así que la mayoría-en principio- iban abrigados, con termo y mate en la mano, tranqui.

Pero, a partir de las 5pm comenzaron a aparecer pelucas, tu tus, vestidos, tacos altos, pinturas, banderas, flores, música de fondo, caricaturistas y hasta un par de minas que iban de bodypaiting (que, por cierto, me daba frío de solo verlas).

También había muchos trans con vestidos que dejaban al descubierto nalgas voluptuosas, tangas, piel, cuerpo, pelo y extremidades.

Escuché la historia de una chica que vendía ilustraciones, cada una con una historia. Me llamó la atención una sobre tres hermanas: una simbolizaba la imposibilidad de hablar y mostrarse, otra era la que plantaba las manos y pisaba firme, y la última, era la iluminada. Me hubiese gustado escuchar otras historias, como la que nombró de la mujer que contemplaba su aborto, o la que idealizaba, pero empezaron a hablar por el altavoz y mi atención cambió de rumbo.

Soy Drag Queen, es mi primera vez en escena, así que muero de nerviossss

La Drag estaba de espaldas a mí, así que solo pude ver sus las nalgas moviéndose de un lado a otro entre esas piernas montadas sobre tacos a gran escala, al menos puedo afirmar que se movía y cantaba bien. Dos chicas se juntaron a pintar un cuadro en vivo al ritmo de la música, no pude ver el resultado, pero sí pude ver centenas de personas apreciando, aplaudiendo, gritando.

Nila Cohen, también estaba por ahí con un megáfono, un vestido con corset, un tu tu, y una peluca verde… ¡QUÉ VIVA EL AMOR CHIQUILINES! gritaba por el megáfono que tenía.

Me llamo Nila Cohen, pero mis amigas me llaman “Ni la cogen”. No le digas a nadie. Es secreto.

A pesar del día gris, nada detuvo las fotos la sesión de fotos con las cuatro vedettes que estaban junto a comando de sonido. Nada detuvo a los dos señores que cargaban una pancarta “Mi hijo es hétero, pero igual lo queremos”, nada frenó el recital, nada frenó la asistencia progresiva de personas. Mientras más de noche, más personas.

Muero por las polleras.

(…) y hay una culpa en las polleras,

y es que entre ellas, también se crían machitos.

Soy puto, bien puto, increíblemente puto.

Soy la negra del bigote con pollera, la que tiene pelo en las tetas.

(…) Está lindo chuparnos todo entre todos 

Yo nunca vi tanto amor junto, ni siquiera en mí mismo cuando creía en la unión de Río de la Plata.

Inexplicable la cantidad de personas que había besándose, abrazándose, lanzándose besos, dándose las manos, escuchando, respetando, andando hombro a hombro, o al descubierto, o con ojos bizcos de tanto observar lo “no común”.

Nunca vi yo en este suelo sureño tantas personas defendiendo un concepto: diversidad. Nunca vi yo tanto orgullo por lo diferente, por lo igual o por lo que existe.

Como dijo la nena del tambor Somos este río enorme que nos une, no dejemos que nos desunan.

***

A la noche, ya se podía ver el verdadero trabajo: toda la Av. 18 de Julio maquillada. Maquillada de igualdad, de diversidad. Cada poste vestido con un color de la bandera LGBT, abrillantaba ese “Montevideo gris” e iluminaba con la energía de todas las personas que no fueron escuchadas, que se reprimieron y fueron reprimidas, de los que alguna vez tuvieron miedo, y de los que nunca tuvieron y tuvieron fuerza para movilizar todo un país.

Caían esas luces como agua fresca para despejar el cuerpo y la mente de los machistas, racistas, homofóbicos, antisociales y cualquier persona que promueva el odio.

La primera carroza salió a eso de las 8pm. A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, de Gloria Trevi a todo dar. Desde acá divisaba las miles de banderas, banderitas, flores, corazones en la mejilla, pelucas, carcajadas, cajas de vino, botellas de cerveza, cuerpos saltarines, equipo de seguridad a los lados de la camioneta.

Escuché también algunas expresiones “Bo, ta tremendo”, “tremenda fiesta/marcha/movilización”, “¿y vos no vas a venir?” “¿Te vas a perder esto?” “¡Qué viva el amor!”

Desde esta altura, la movida era imponente. Entre música, tragos y otras cosas, la defensa por el concepto de diversidad, acabó en diversión y un momento de felicidad, una demostración de hay una mayoría que quiere un cambio social profundo, una transformación, una nueva forma de ver a las personas.

Ya no tengo más por qué luchar. Este país se las arregla solo. Cierro los ojos, me despido y continúo inmortalizado con el corazón de 65 mil personas latiendo en un mismo ideal de vida.

 

Un día en Colonia del Sacramento y 5 mujeres desconocidas

*Una historia que quedaba pendiente por contar:

DSC04862Ya el universo me venía gritando que POR FAVOR visitara Colonia. Las personas que tenía a mi
alrededor hablaban sobre ese lugar, sobre los mejores atardeceres, sobre los cafés, la comida, las calles, el romanticismo, la cosa… Y yo, seguía en Montevideo.

Hasta que mi mamá me mandó cosas de Venezuela con una amiga de BAires que venía a pasar el día al otro lado del charco, ¡bingo!

Ahora, ¿con quién voy?

Mi compañero de aventuras, se iba de viaje a su pueblo en Brasil, así que no contaba con él para esta expedisión. Y cada una de mis amigas más cercanas ya tenían planes para el fin de semana.

Entonces, se apareció Valentina. Una genia que trabajaba en una de las oficinas de Sinergia Cowork. No nos habíamos terminado de dar el “mucho gusto” y ya nos estábamos contando la vida entera y parte de otra.

Colonia del Sacramento -UruguayElla había pasado por un tema de amores fuerte, así que le tiré la invitación, ella dudó, porque tenía un
Baby Shower:

¿Prefieres hablar de bebés o ir a Colonia a disfrutar de la vida y tomarnos una birra frente al río?

Invitó a 2 amigas y ahí nos fuimos: una artista plástica, una madre multitasker fanática de la economía y política, su hija de 2 años, mi amiga la candombera de La Melaza y yo, sinaycomoelmonte.

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Durante las tres horas de camino, el paisaje y el clima fueron bondadosos. El cielo bien azul, el contraste de colores, las variantes de los verdes, los amarillos y los naranjas de la ruta. Las flores, los pájaros… ¡Hasta las vacas se brillaban!

Como amigas de toda la vida, ahí estuvimos las 5 hablando de todo un poco sin parar y con el ánimo en modo creciente.

¡Llegamos!

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DSC04843Otro Uruguay apareció: casas coloniales bien cuidadas, calles de piedras, árboles frondosos, flores gigates
y de colores vibrantes amarillas, moradas, rojas, fucsias, naranjas.

Lugares para tomar café que no deberían envidiar nada a Europa, tiendas de curiosidades, heladerías, choperías.

Recorrimos la parte colonial en poco tiempo, suspiramos en la calle de los suspiros, entramos a todas las tienditas de regalo solo para ver qué había, charlamos con la gente, tomamos un batido de helado, hicimos yoga, dormimos.

DSC04828El sol se vistió con sus mejores galas y nosotras lo recibíamos con los brazos abiertos. Después de tantos
meses de invierno y viento, que pudieras salir en short o vestidos nos puso contentas y nos dieron ganas de celebrar. Nos fuimos a La Bodeguita y comimos unas pizzas bien económicas y muy buenas, pedimos cerveza bien fría y brindamos frente al río.

Cabe destacar que el Río de la Plata era, literalmente, PLANEADO. Y yo, caribeña al fin, venida de montes y quebradas de ríos color marrón tropical, no lo podía entender.

La desventaja de Colonia, es que conoces todo en muy poco tiempo. Es un lugar pequeño, pero sin duda, vale la pena.

Si estás en Buenos Aires, vente en barco, cruza el charco (verso sin esfuerzo) y disfruta un día de este pueblo.

Si tienes pareja, mejor. Es de ensueño.

En fin, estas chicas hermosas y yo, estábamos tan existencialistas que hubo ratos en que expresábamos hasta con silencios el placer de estar ahí, con buena compañía, en una primavera que dejaba ondas de verano y una niña de 2 años que no podía más de diversión.
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Agradecimos a la pachamama, tomamos un café en Ganache muuy bueno, porque traen granos de Colombia y Perú y a todas estas, a las 17:00h ya estábamos más que listas para volver.

Sí, lamentablemente no pude ver el atardecer (lo dejo para la próxima)

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5 mujeres intensas, tan distintas, tan desconocidas entre sí y con tantas cosas para contar y compartir. Todas juntas en el momento exacto, para darnos una dosis de lo que nos faltaba.

Ese es el placer de lo desconocido, encontrarte y verte en los otros.

Ese es el placer de Uruguay, darte esas experiencias.

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¡Gracias Uruguay!