BRASIL| El banquito de Tatuí, los músicos inmortales y el amor

La Capital de la Música

Me fui en bus desde São Paulo capital hasta Tatuí, como siempre, en el asiento que va junto a la ventana.

¡Qué espectáculo de fotogramas!

En 3 horas, observas cómo los edificios multicolores y lujosos van desapareciendo y se hacen más pequeños, los muros se transforman en árboles, el smog blanco se difumina hasta ser casi imperceptible y, de repente, el cambo aparece y el horizonte de cemento se reemplaza en una extensión de verdes… Y para mi deleite, me complacen con un atardecer naranja profundo.

Casi nadie conoce Tatuí, pero es parte uno de los municipios que componen el gran São Paulo.

Es un pueblo chico, que  cuenta con el mayor conservatorio de música de América Latina y 115 mil personas estimuladas por las campanas de las iglesias, y las presentaciones, formales o no, de los estudiantes de música. No hay bares, hay lugares para comer. Se baila en casa y se bebe en la plaza.

Pasamos de la contaminación lumínica, a la iluminación estrellada.

Fui al encuentro con un amor, de esos que quedan inconclusos y que te mueven kilómetros con tal de cerrar un ciclo.

Hay que ver que el amor mueve montañas.

Lo más placentero de ir a ese lugar, además de resolver muchas cosas emocionales fue sentarme a solas en el banquito de la plaza, que está frente al Museo Paulo Setúbal, con mi libreta.

Y ver a esos músicos.

Un grupo de hombres inmortalizados en estatuas están allí parados a la sombra de un árbol que los protege de un calor insoportable. Tienen un semblante contento y las bocas abiertas de cantos, goces y risas, los ojos cerrados de inspiración y hasta una pasión que no había sentido en mucho tiempo.

No sé cuánto tiempo me quedé allí sentada observándolos con sus instrumentos, su disposición en el espacio y sus posturas detenidas en movimientos tan reales que podría decir que casi los escuchaba cantando.

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Foto de http://tatui.sp.gov.br/

¿Estaré loca? ¿ O eso es lo que se siente cuando ves una excelente obra de arte?

Entre esos hombres, el árbol y la sombra, las florecitas que revoloteaban por ahí, el calor, las poquísimas personas que pasaban por el lugar, el silencio frente a  mi concierto personal y ese propósito mío de amor, me preguntaba:

¿En qué ando?

Había dejado una ciudad insomne, llena de adrenalina, prisa y marchas robóticas. Allá, había quedado el agite, el movimiento, los colores, el “hacer algo”, las bicis, la Paulista, las luces, los mendigos, los tacones, la publicidad, la hiper-realidad.

Y, lentamente estaba en medio del silencio.

La calma.

Lo verde.

Nada.

Y al mismo tiempo, reflexioné que en 3 horas había saltado de la diversidad a la homogeneidad, a lo tradicional.

Pasé de la furia, a la serenidad.

De la viveza a la ingenuidad

Pasé de São Paulo Capital, a su interior.

De tenerlo todo, a imaginarme escuchar estatuas.

Bienvenidos a Tatuí,

el que yo vi,

el que viví.

¿Cómo lo vivis(te) tú?

365

Rodeada de desconocidos, brindamos

¡Salú! por un 2015 próspero

4 años de relación aún perduraban -a medias-

renunciamos a todo

la costa uruguaya nos saludaba: La Pedrera, Valizas, Cabo Polonio, Punta del diablo.

hasta llegar a Florianópolis-Brasil

arriesgarnose y llegar hasta Río de Janeiro

volver a Uruguay

sin dinero

vivir en un hostel en la Pedrera

descubrir que siempre hay alguien dispuesto a ayudar

volver a Montevideo

¡chao amor de 4 años!

tener que vivir bajo el mismo techo, después de haber terminado

… fuerza.

Mucha fuerza.

Hola espacio de cowork: Sinergia Cowork

-el mejor de Uruguay, cuidado sino de Latinoamérica-

Conocer, aprender, explorar, analizar

reconocer talentos

entender: el futbol paraliza Uruguay

Inspirarme con Creative Mornings

inspirar a los demás

ser parte.

Resolver: el aprendizaje y el dinero a veces no van de la mano

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entrar a conciertos, bares y presentaciones, gratis

¡Gracias Federico!

comenzar a dibujar

rodearme de gente talentosa

integrarme

hablar uruguguayo

enseñar a hablar venezolano

enamorarme

y saber que es mutuo

ir todos los domingos al candombe

mi ritual con Ronald y Marcelo

pertenecer

tener grupo candombero

Conocer la espiritualidad,

las energías

el tambor.

Cerrar un ciclo

¡Hasta pronto amor!

Gracias, Sinergia Cowork.

valorar (me)

descansar

volver al hostel

y el 31

las copas se levantaron

y rodeada de amigos y desconocidos

en la costa uruguaya

en luna creciente, como una empanada venezolana

brindamos

¡Salú!

 

Bienvenido 2016

 

 

La clave, es saber conjugar el verbo

A veces, no nos damos cuenta de que en nuestras conversaciones cada vez más se conjugan verbos en futuro… Entonces pregunto ¿cuándo vas a hablar en presente?

Durante la vida, pasamos hablando de un futuro mejor, de lograr objetivos, de hacer cosas importantes, de tener dinero y de estar estables económica y sentimentalmente; pensamos en la casa, el perro y el columpio. Pero ¿cuándo hablamos de lo que hacemos en la actualidad?

Casi nunca

El presente es como un momento difuso; es un verbo que se puede conjugar, pero que en milésimas de segundos pasa a convertirse en pasado. Es el tiempo que se puede comparar con la acción de tomar una foto, allí capturas el presente, pero el momento que transcurre desde que sacas la foto hasta que la ves, ya no somos los mismos.

El presente, es el ahora, el estoy y el quiero.

No nos damos cuenta de que en nuestras conversaciones cada vez más se conjugan verbos en futuro, generando una especie de galaxia paralela que nos absorbe con su gravedad, que nos hala gritándonos todas las cosas que debemos hacer, pero que en realidad no nos garantiza nada.

Se escuchan más un quiero estar tranquilo que estoy tranquilo, cuando debería ser todo lo contrario.

El presente determina nuestro futuro, pero vivimos pensando tanto en el futuro que nuestro presente se pierde.

Porque no hay tiempo para estar pensando qué queremos “ahora”, mejor pensar en lo que se quiere “después”… Así tenemos más tiempo para decidir.

Desde mi experiencia

Muchas amigas me han preguntado cuáles son mis planes para el futuro, qué tengo pensado hacer; la pregunta debería ser más sencilla:

¿Qué haces?

Yo, siempre respondo lo mismo: No sé cuáles son mis planes, no sé qué es lo que quiero para mañana, no sé qué es lo que voy a hacer; lo que sí sé es que ahora estoy bien, estoy trabajando, estoy haciendo cosas que me satisfacen y, sobre todo, me siento feliz así.

Tengo objetivos, metas y ganas de hacer cosas, pero lo que hago ahora es concentrar mis esfuerzos en dejarlo todo bien en el presente, de sentirme bien conmigo misma y dejar de pensar tanto en lo que sentiré al llegar a la meta.

A partir de esta paz interna que tengo, he logrado hacer cosas que ni siquiera me esperaba, que ni siquiera sabía que podía hacer. He cumplido mis objetivos poco a poco sin ponerles un límite, sin preguntármelo, sin preocuparme por fechas.

Se llama vivir.

Todos ponen frases en Facebook sobre la vida, la felicidad y el ser, pero ¿Quiénes de verdad viven como esas frases? ¿Cuántos hacen cosas hoy para poder lograr lo que quieren ser mañana? 

¿Cuántos lograron hacer lo que aman para no trabajar? Ojalá que tenga muchos comentarios diciendo “yo lo hago”

La vida ha dejado de tener el sabor y el calor que deberíamos de darle, y eso no está bueno. Tenemos que empezar a sentir placer por lo que hacemos ahora para que el futuro tenga mejor gusto. El destino ahora es importante a medida de que construyas tu vida en torno al bienestar en todos los sentidos, para tener un después mucho más productivo.