#TeCuento La tempestad de mi llegada a Cabo Polonio

Cabo Polonio. Octubre, 2016

La gente cree que porque viene 2 o 3 veces a Cabo Polonio se sabe la historia. Me da risa cuando escucho a un extranjero hablando sobre que no hay electricidad, que las casas tienen esa forma porque “x” y que es un pueblo de hippies. Hablan como si supieran todo viste.

¿Hippies? ¡La gente acá es rustica! Una persona que vive acá hace cosas que un extranjero ni se imagina… Es que si vieras cómo era Cabo hace 10 años… ¡No tiene nada que ver con lo que es ahora! ¿Entendés?

Alguien, un día cualquiera.

***

Llegué una noche de tormenta y alerta de quién sabe de qué color. Era las 20:30h y el viento parecía correr a más de 50km/h. No había luz en la Terminal del Cabo. Un ente negro salió a buscarnos y nos llamó para que entráramos a la sala de espera. Nos informaron que no había paso, la “cañada” estaba inundada y el carrito nos dejó a 1km del pueblo.

Si la gente que estaba ante’ llegaron caminando, ustedes también van a llegar, no les va a pasar nada.

Una familia de franceses, una francesa, una ronchense, un montevideano que tiene 3 años viviendo en el Cabo y yo nos arriesgamos a la aventura, no teníamos de otra. “Pero si quieren, pueden quedarse aquí a pasar la noche”, nos informó un jóven con licor de Butiá en mano. “Nos arriesgamos a ir caminando, gracias. ¿Eso que estás bebiendo es para compartir”, solté. Bebí un trago.

El frío parecía que cortara el cuerpo. Apenas me bajé del carrito para caminar, sentí la primera bofetada de viento. Me arrepentí. Ahora no me quedaba más que caminar al lado de mi mayor miedo natural.

-L, ¿me puedo agarrar de ti mientras vamos caminando? Tengo miedo.

Los  franceses no entendían español, nosotros ne parle pa francaise y ahí, ente gemidos, risas y gestos, nos comunicábamos en aquella catástrofe de viento, con el mar a nuestras faldas, espuma (¿de dónde salió tanta espuma?), con frío y sin más luz que 2 linternas de celulares para 8 personas.

El casi nativo nos trataba de guiar entre la costa. El viento impedía dar pasos limpios, teníamos los pies mojados, el cabello en la cara, la espuma hasta las rodillas y los pantalones mojados. Los zapatos de una de las francesas, antes brillantes y limpios, habían quedado tapizados de arena y agua de mar, sentí lástima, porque parecían ser caros y ella no tenía medias puestas.

Las olas reventaban casi en nuestras caras, la luz del faro (la única que se veía) apenas nos daba esperanza de una llegada segura… Con cada paso, parecía que estuviéramos retrocediendo.

Llegamos.

-Esta es la Av. Principal ¡Bienvenidos al Cabo! Los franceses se quedaron atónitos ante un camino de tierra apenas distinto del resto del paisaje. -Es que esto avenue? -Sí -respondío el chico que vivía ahí-.

“Claro, como vienen de Europa, se esperan caminos bien señalizados y avenidas de cemento”, gruñó nuestro guía.


Era mi primer día de trabajo en La Perla del Cabo. Llegué empapada, arenosa y muerta de cansancio y miedo. Apenas abrí la puerta, percibí caras largas. La Perla, estaba con la puerta rota, caracoles hasta el living y arena.

Las olas habían entrado hasta el restaurante. El techo de la casa de mi jefe se había volado. Y yo, acababa de llegar.

¿Qué haces acá?

Bueno, vine porque quedé en empezar mañana de mañana.

¡Qué momento este, chiquilina!


 

¿Te gustó?  Sucríbete. Me encantaría compartir contigo mis borradores y otras cosas lindas que me pasan. 

Amor en Sampa

No sé si soy amor o me rodee tanto de él en São Paulo que me transformé en el.

El recordatorio es latente, está en casa, en las aceras, cabinas telefónicas, ómnibus, calles, muros, postes; en los abrazos que ves de lejos y en los que te dan a diario (o cada 3 días); en las lágrimas de la muchacha que estaba llorando en la plaza y en las tuyas cuando tienes el verbo “extrañar” en mayúscula; en el pão de queijo que te comes y en el pan que hice yo.

El amor.

Por supuesto que a veces te invaden otros sentimientos, pero apenas volteas a cualquier costado, recuerdas, amor. Ahí está. Escuchas los latidos, lo sientes, te sientes, ahí, del lado izquierdo en tu pecho. Tú. Amor.

São Paulo, ciudad de furia, ciudad de amor.

Polaroid CUBE
Beco do Batman, Vila Madalena -São Paulo

 

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2 años esperando volver a Venezuela y perdí el vuelo

En mi taller de Escritura de Viajes hablamos de los No-Lugares.

¿Qué es un No Lugar? Un espacio por donde transitas. Es el estar, pero no.

2 años pasaron desde que no veía a mi familia y cuando tomé la decisión de volver a verlos, perdí el vuelo y me quedé varada en el Aeropuerto Intercancional El Dorado en Bogotá.

Por suerte, tuve la desgracia de sentirme tan mal que lloré a cántaros, desconsolada, privada, avergonzada de lo que acababa de pasar, porque ya mi familia estaba en el aeropuerto esperándome. Y digo “por suerte”, porque yo era uno de los personajes que dan vida a los no-lugares, sin duda.

Me vi. Me vi llorando en cámara cenital con luces pálidas y miradas de condolencia a mi alrededor.

Me vi reflejada en los ojos azul celeste de la señora que estaba detrás de la ventanilla de Avianca, tratando de hacerme entender que no podían hacer nada, que debía volver a pagar para salir de esa pesadilla.

Me vi en los ojos de la señora de al lado de la ventanilla, que me observaban con discreción y pena, porque mi boca exclamaba que eran los últimos 100usd que tenía en el bolsillo.

Me escuché en el “acabas de perder el vuelo” de la aeromoza que anunciaba otro vuelo.

Me sentí en sandwich de Subway que me compré, el que pedí vegetariano y me dieron con sabor a dolor, a menos dinero, a miedo.

Me sentí en el aire frío de atardecer en Bogotá. Me sentí en el equipaje pesadísimo que cargaba encima, en las notas de voz de mi mamá que me decía “ya pasó, mañana nos vemos”, en las 24h que faltaban para que yo pudiera verlos de nuevo.

24 horas que pasaron tan lento como 2 años.

Hasta que encontré un pedacito de aeropuerto que se transformó en lugar. Mi lugar. Un rincón que pasaba desapercibido si no girabas a la derecha de la entrada y seguías hasta el final, después de la agencia de viajes. Bien al fondo.

Mi lugar eran 5 sillas que terminaron siendo sala de cine, comedor, cama y tiempo de espera. En ellas percibí todas las facetas del cielo “rolo”, allí vi todos los colores que pasaron entre el azul cielo y el negro noche. Incluyendo los violetas, rojos, naranjas y verdes de entre medio.

El lugar que me decía que estaba entre Colombia y Venezuela. Pero que me mostraba Colombia. El lugar que me calmó la ansiedad con las montañas de enfrente y olor a lluvia. El lugar en el que pasé frío a media noche y el que me dio la bienvenida con el amanecer.

El lugar en el que escuché a otros personajes, como el guardia que habló con su amante y su esposa, prometiéndoles el mismo amor. Y el otro guardia que se reía al ver a la señorita de limpieza.

También me mostró la felicidad de la pareja gringa que fue junta al baño, y el hombre que estaba buscando dónde conectar su teléfono para cargar y me mostró que el aeropuerto no tiene lugar para el “batería baja”

Vi desde ahí, cómo la fila del check-in iba disminuyendo, vi a las señoritas de las aerolíneas bien maquilladas y peinadas, mostrando una sonrisa hasta el final de su turno. Vi las luces encendidas y apagadas, vi el día y la noche, la felicidad y la nostalgia de los que se despiden.

Vi y viví. Hasta que se hizo la hora, bebí un café Juan Valdez increíble que me devolvió el alma y me fui, hasta mi otro próximo lugar.

Polaroid CUBE
Volando Colombia

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Veracidade o ver a cidade?

Se llama Mauro Neri da Silva. Es graffitero. No lo conocí en persona, pero conocí sus trazos, que dejan huella en todos los rincones de Sampa.
Veracidade y ver a cidade. Su invitación informal a la observción, a prestar atención y ser buenas personas, ¿volver a los valores?

Unas mujeres que yo llamo “sus negritas” acompañan su VER y su VERACIDAD. Ellas siempre con la mirada hacia arriba, ¿será que tenemos que comenzar a dejar de ver el suelo y comenzar a ver las caras, a dejar las pantallas por las bocas?

Quién sabe.

Mauro, ni siquiera me conoce, pero sin saberlo, ya me enseñó mucho.
Ver, verdad, veracidad, ver la ciudad. Amarla, cuidarla, valorarla y sentirla.

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En mi maleta llevo: cotidianidad

Otra vez mi curso de Escritura de Viajes rompiéndome la cabeza. Esta vez con un ejercicio sobre la cotidianidad en los viajes.

No me voy de la ciudad si no tomo un café en un sucucho.

“Con leche, por favor”.

Observo, busco los puntos en común con los lugares que ya visité, escucho. Veo hacia arriba, mucho. Busco el edificio más alto, la noche más oscura, el cielo más azul, las cortinas cerradas, las ventanas abiertas.

Eso lo hago en mi casa, en la casa del otro y en los otros planetas por los que mi imaginación se pasea.

Busco la puesta de sol así tenga que escalar hasta las nubes. Descalzo los pies con cualquier pedazo de verde, respiro el aire, el humo y la comida.

Siempre me cepillo los dientes de mañana, en la tarde ya me da pereza. Compro el mismo shampoo, no importa dónde esté. Busco el mismo splash de vainilla, porque los olores florales me caen mal. No falta el café con leche casero, la avena ni las berenjenas en mi dieta.

Conservo mi timidez así vaya al lugar más buena onda del mundo, también conservo mi sombrero de paja y mis bolso Jeansport que, aunque cambie de trama, no cambia de forma. Y dentro de él, siempre hay basura.

Si es gratis voy, si no es gratis, debe valer la pena para que vaya.

Voy y vengo siempre en automático, pero entre el “auto” y el “mático” me despierto. Observo, pienso, resuelvo.

Y vuelvo. A caminar despacio, porque no tengo otro ritmo, y a llegar siempre tarde, porque sigo confiando en mi pésimo sentido del uso horario.

Viajamos, pero ¿Qué es lo que conservas de ti? Porque, los lugares cambian y nosotros somos, en esencia, los mismos.

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Ya vengo, me voy a perder

¿Qué probabilidades tiene una venezolana común de estar São Paulo y tener una amiga de Curitiba?

¿Que probabilidades tiene esta venezolana de fumar con su amiga e ir a vender Palha Italiana y #Negritas en  la Av. Paulista?

¿Qué probabilidades hay de que la venezolana vaya hasta la Av. más importante de Brasil, se siente en el piso de la acera y dedique 3 horas de su día a estar ahí?

***

Debe haber más de 5000 filtros de cigarro en la Av. Paulista de SP. Pareciera que el mantenimiento gubernamental solo barriera las hojas de los árboles.
Así la ciudad se ve menos parque.
Con este sol, las medias azules con estrellas blancas de la Mishi me dan calor.


¡Y hambre! Aunque no tiene nada que ver. De todas formas ya me arrepentí de haberme puesto zapatos negros.


Dos chicos bien vestidos (y parecidos) se acaban de detener a pegar sus diseños en la pared de Bradesco justo en nuestra frente.


¡Dios, qué sol!


Desde que nos sentamos en la acera, han pasado 635 personas. 325 están vistiendo jeans, 100 están de shorts y el resto creo que son menores de edad. Sin contar, lo bien vestidos que están los chicos que están pegando sus diseños en la pared, bonitos -los diseños-.


Del otro lado de la calle, una chica conecta un parlante y comienza a cantar What a wonderfull world acompañada de su guitarra y el pum pum del cajón peruano que está tocando su amiga ¿Serán amigas o novias? ¿Por qué dije amiga? ¡Yo qué sé!.


Mmm… Acaba de llegar un olor a pan con canela y azúcar que me levantó hasta lo que no fue. En mi pueblo, ese olor sería de Cinnamon o rollitos de canela.


Ahí van 2 hombres, 1 señora y 20 adolescentes jugando Pokemon Go. Lo sé, porque caminan guiados por el instinto automático y la mirada fija en la pantalladel celular. Casi se tropiezan entre ellos por intentar cazar uno.


También pasó una japonesa de lentes, y recuerdo la enseñanza de un amigo “São Paulo es la ciudad con la mayor colonia japonesa en Brasil”


Fumé marihuana hace un rato, estoy sensible. Escucho el taconeo de la señora, el “obrigado” de la cantante al otro lado de la acera, el sonido de la tapa de la alcantarilla que acaba de pisar el muchacho de camisa amarilla y las campanillas de las bicis que van por la ciclo vía.

¡Cuántas “illas” en un mismo párrafo”!


Hace 2 minutos, un vagabundo se detuvo frente a mí, supongo que le llamó la atención verme escribiendo en plena furia citadina, y preguntó “Cadê a caneta?”
Mi cara reflejó un perfecto “no entendí” y Mishi levanta su lápiz.


“Ah! Ai está a caneta!” . Suelta una carcajada, me ve, extiende la mano, yo le doy mi mano también, y dice “O cor, né?, somos do mesmo cor?”


Nos veo.

“Somos, sim”.

***

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De tarde el reencuentro es inminente.

El Ibirapuerra nos da la bienvenida con un árbol repleto de flores color rosa fuerte, casi con luminaria natural. Una muchacha con audífonos puestos coloca sus manos en el tronco del árbol, y como si lo estuviera empujando baja la cabeza entre los brazos, cierra los ojos y se queda ahí, quieta. Ni se inmuta ante nuestras miradas.

Ella es, junto con el árbol.

¡Ta lotado de pessoas! dice mi amigo.

Descubrimos el estado de tranquilidad de los patos recibiendo el atardecer nadando en el lago, y nuestra tranquilidad al verlos. También que el GPS interno de los chicos no estaba funcionando bien y dimos más vueltas de las necesarias para poder encontrar tomar un lugar para tomar café.

¡La música es tan necesaria en los espacios públicos! La diferencia entre caminar con música de ambiente en mute, y la transición emocional al escuchar una batería y un saxo en pleno camino, te cambia el tumba’o.Caminas con ritmo y hasta con sonrisa.

Pasamos por el puente sobre el lago y el sol nos bañó de amarillo, nos calentó y nos recargó.

¡Foto, foto!

Descubrimos que la chica que nos atendió, le encanta que le digan que su café es buenísimo y tengo la sensación de que va a lanzarse a un emprendimiento. Ella se lo cree, nosotros somos sinceros con ella.

Ya de noche las calles se nos perdieron y nos encontramos en las desconocidas… Ellos viejos encontrando lo nuevo en su propia ciudad, yo nueva, entre lo nuevo.

Callejones, arte, árboles de mora, casas de ensueño en alquiler, el Instituto de Biología y su arquitectura de terror, la calentura de la noche en pleno invierno, nosotros en la caminata, mi emoción, la emoción de ellos. Nuestro reencuentro, con nosotros y con la ciudad.

Compramos un vino, cocinamos burguis de lentejas “Não fale de burgui, Hamburguesa é uma palavra linda”, escuchamos música, mía y de ellos.

Recordamos el pasado, agradecimos el presente y en el futuro quedamos para ir a costa paulista.

¿Recuerdas qué sentiste la última vez que te perdiste?

Sobre cómo sobreviví un mes con ‎€ 50 en Brasil

Las líneas entre países están cada vez más difuminadas, el mundo se moviliza, las personas salen de sus casas, la mente quiere expandirse y los viajeros, cada vez somos más.

Del otro lado, las plataformas colaborativas se fortalecen, la confianza en el otro resurge después de aquella nefasta época individualista del ser humano, los residentes reciben viajeros en sus casas y vuelve el trueque o intercambio como nueva forma de pago.

Las plataformas colaborativas superan las espectativas del mercado tradicional, Uber, Airbnb, couchsurfing y otros “malestares” del capital, se plantan para evolucionar las relaciones humanas.

Estamos a un clic para viajar, a otro para contactar a otra persona que viva en el país que queremos conocer, a otro de encontrar una forma de intercambio que permita gastar la menor cantidad de dinero posible, y a una compra de pasaje para hacer todo realidad.

Las difusas líneas fronterizas se llevan el dinero con ellas:

¿Qué tienes para ofrecer que le interese a la otra persona? ¿Cuántos idiomas hablas? ¿Cuántos mates preparas? ¿Cuántas harinas para arepas puedes llevar? ¿Das clases de Forró? ¡Recuerda traerme un chocolate!

Básico: Si tú tienes algo para compartir, siempre habrá una persona lo necesita.

***

En Venezuela, nos enseñan a que nunca tenemos dinero. Para nuestra sociedad, el dinero es como una herramienta que, a pesar de buscarla, de tenerla en la mano y de usarla, jamás va a funcionar bien.

Nuestras cuentas pueden tener muchos ceros, pero la respuesta ante el viaje o ante el placer de comprar algo es: no tengo mucha plata.

Para viajar necesitamos mínimo quién sabe cuántos miles de dólares, porque quién sabe qué puede pasar, quién sabe cuánto cuesta eso. Hay que llevar pal’ mercado, pa’ comprarse la ropita y pa’ el por si acaso.

También te llevas un poquito más por si te provoca come’te un dulce, otro poquito más por si tienes sobrepeso en la maleta, otro poco más pal’ perro, pal’ estacionamiento y pal’ guardia que seguro te va a parar antes de llegar al aeropuerto (quizás lo último sí lo deban tener en cuenta).

Es que en Venezuela, uno nunca sabe. Es mejor prevenir.

Y nunca falta el amigo que te dice “¡Nooo papá! eso no te va al alcanza’ pa’ na’, yo que te lo digo (adjunten un individuo que jamás fue al país al que tú vas), tengo una conocida que fue, y se devolvió a los dos días”.

De antemano, una recomendación sin experiencia personal, no hay que tomarla en cuenta. Porque:

Probablemente, era una tipa que al llegar a ese país, se tomó todas las birras, comió en los restaurantes más caros, se compró ropa, pagó tours y hasta se fue a cortar el pelo.

Mire señor/ señora, amig@:

Si usted tiene el pasaje ¡VÁYASE! ¿Qué estás esperando?

Si ya tienes la plata EN LA MANO. Es momento de agarrar tus cositas, e irte. 

Allá vemos cómo resolvemos.

***

Si leyeron sobre mi proceso para trabajar en São Paulo, se habrán dado cuenta que cuando tomé la desición de viajar a Brasil, en realidad ni siquiera tenía dinero para comprarme un litro de leche. Pero por cosas de la vida, cuando comencé a pensar en formas de intercambio y de trabajo, el universo y sus cosas maravillosas, abrieron un portal inmenso de oportunidades para mí.

Y conseguí lo que quería, hacer intercambio de trabajo por alojamiento.

Si ya leíste el post anterior, te cuento lo que pasó después de que trabajé en Ô de casa hostel.

Salté al agua

Fui para Venezuela a visitar a mi familia después de no haberlos visto en 2 años. INVERTÍ todo el dinero que tenía en pasajes. Bueno, no todo (ahí afloró la mala costumbre venezolana), en realidad me quedé con ese monto pal’ por si acaso.

¡Menos mal que lo tenía!, porque perdí un vuelo y tuve que pagar una multa. De no haber sido así, me hubiese quedado varada en mi escala en Bogotá.

En fin, eso solo le pasa a personas que viven en la Luna, si vives en allá,
llévate dinero por sia. Si no, ignora todo y arriésgate.

En fin, quedé con 50 euros en la mano y unos 100 reales, que equivalen a 30 USD y monedas.

Ta, son más de 50 euros, cierto. 

***

Existe una plataforma brasilera llamada World packers, ellos son un intermediaro entre tus habilidades vs un montón de hostels que están buscando voluntarios como tú.

Funciona en muchos países del mundo, puedes investigar.

Te puedes registrar gratis. Sin embargo para comenzar a hacer uso del site y asegurar un lugar, necesitas tarjeta de crédito internacional. Si un hostel te acepta, ellos retiran/debitan USD $60 de tu tarjeta.

Yo no tengo tarjeta, y tampoco quiero que me debiten USD 60, solo por que un hostel me aceptó para trabajar por intercambio.

Gracias WP, pero no. Entonces, ¿qué hizo Sinay, como el monte?

Usé WP como intermediario para encontrar hostels que necesitaran colaboradores en el área de recepción, abrí el Facebook, me hice fan de los que me gustaban, agarré los emails y comencé a enviar a cada uno mi CV con una breve historia sobre quién era, qué hacía, qué cosas podía compartir con ellos y mi disponibilidad de hacer intercambio.

Me respondieron varios, pero Nomade In Arte Hostel ganó mi corazón.

noma
Equipo Nõmade In Arte Hostel

Ellos me dan alojamiento y una canasta básica de mercado. Yo, trabajo 4h y 30min por día. 6 días a la semana. Horario rotativo.

En promedio, me estoy ahorrando unos 500 dólares (o más) mensuales.

¡Yei!

Mi caso es un tanto extraño, porque estoy en una etapa de transcición… Ni soy viajera, ni quiero quedarme. Estoy viviendo el momento, a ver qué pasa.

Sin embargo, imagina una persona que va a viajar por placer y tenga la posibilidad de ahorrarse esa grana… Nada que envidiar a Alicia y sus maravillas.

Además, este tipo de intercambios, abre posibilidades para conocer personas locales, para vivir la ciudad al máximo, aprender, crear, en fin…

Y los que buscan quedarse por mucho tiempo, no se preocupen. Hay hostels que no tienen problema con que trabajes mucho tiempo, a ellos les conviene, pero tampoco recomiendo que les digas de una vez.

Juega un poco, observa bien el lugar, busca acuerdos.

Primero da el paso. Lo demás lo resolvemos luego.

***

¡Sobreviví!

Tengo la suerte de que dentro del hostel podía vender comidita, así que comencé a hacer brownies (vendí todos), pero la ganancia era muy muy poca.

Luego, da la casualidad de que un amigo estaba viviendo acá, nos juntamos y conseguimos vender arepas.

Invertí TODO el dinero (esta vez, en serio, me quedé sin UN REAL). Por suerte, la comida es bien recibida en todos lados… Ganamos el doble de la inversión.

Tengo para respirar

En Uruguay, tuve (y tengo) la suerte de formar parte de una iniciativa llamada CreativeMornings, una serie de charlas gratuitas e inspiradoras dirigidas a la comunidad creativa. Estas funcionan bajo un tema global, que +150 ciudades del mundo bajan a tierra con el orador y el concepto que más se apega a su contexto. Es todo VOLUNTARIO.

Yo soy parte del equipo en Montevideo, y cuando llegué a SP un amigo me comentó que acá también había un capitulo. Contacté con los realizadores, asistí a un evento, conocí gente increíble.

De nuevo, el dinerillo se venía acabando, y ya justo en el momento de crisis, una de las host de #CM SP escribe en su muro de FB: personas, estoy buscando gente para trabajar, ¿quién quiere?

¡YO!

Trabajé en el Forum De Finanças Socias e Negócios De Impacto 2016, haciendo producción operativa del evento durante 2 días. Gané 200 USD.

Y todo empezó con 50 euros. No morí, todavía.

***

Si no tienes ni un contacto que puedas localizar en el lugar donde vas, ni te preocupes por nada

SIEMPRE

SIEMPRE

SIEMPRE

hay bares, restaurantes y trabajos de ese estilo, disponibles. No importa que seas extranjero, no importa que no tengas papeles, no importa nada. Trabajo sí hay.

Para finalizar

Gente linda, si quieren viajar busquen en Internet. Hay muchísimas plataformas para viajar y gastar poco dinero, o ninguno.

Eliminen la frase es que no tengo dinero, por favor. El universo (de nuevo yo, con mis misticismos) te da lo que crees. Si dices que no tienes dinero, pues no lo vas a tener. Mi abuela diría,

La magia del verbo.

Crea un perfil en la plataforma que más te guste, busca un lugar, júntate con personas que aporten, co crea con ellos, colabora, ayuda, voluntarea, teje tu red de contactos y vas a ver cómo se te va abriendo un mundo de posibilidades.

Es dificil, sí.

Si quieres viajar, la dificultad es parte de ese camino que escogiste al decidir que ya no querías estar más en tu zona de confort.

Hay que arriesgarse, quizás vas a pasar un poquito de hambre algunos días (solo en caso de que quieras quedarte en el país), pero todo se resuelve y el hambre no será mucha, lo prometo.

Se amable, haz amigos y sobre todo RESPETA OTRAS CULTURAS Y FORMAS DE PENSAR. Recuerda que después de que te vas, ya no eres más de tu país, eres de TODOS los países, de la tierra misma.

¡Salú!

Celebro, porque a partir de ahora sé que vas a dar el paso. Lo demás, lo resolveremos luego.