¿A qué casa vuelve un inmigrante viajero?

“Narrar un viaje de regreso”
Después de 6 meses en Brasil y uno en Venezuela, volví a Uruguay con la incertidumbre en la mochila, con miedo y ansias de reencuentros, con 3 días usando la misma ropa, con un olor a Caribe que no se me quitaba y mascando un chicle en portugués.

Tuve mucho tiempo desconectada de la escritura sentimental, esta que me mueve y que me lleva a hacer que tú/vos vibres y me cuentes qué sentiste con este montón de palabras que tiro acá en el blog.

Al menos es mi intensión.

Para reconectarme con esta maravilla que es el papel y el lápiz o el teclado y los dedos, revisé mi última lección del taller de escritura de viajes con Norte de Papel. En realidad, terminó hace unas semanas (me parece que un mes), pero yo no le quería dar fin. En mi escritorio de la computadora, veía el PDF pidiendo a gritos ser leído y yo lo ignoraba abriendo Google Chrome.

Hasta que en estos días, lo leí y ¿a que no saben de qué hablaba? 

“Narrar un viaje de regreso”

Vibré.

Ya sabía que había algo extraño en este nuevo regreso a Uruguay. Fueron 6 meses curtiendo otras tierras, masajeando otra moneda, oliendo otros vientos.

¿Cómo narramos un viaje de regreso? Dicen que el alma tarda muchos días en volver. El cuerpo llega a Estambul y siente una especie de delicia en las mezquitas y en las formas a contraluz pero el alma es rebelde. Ella sigue en el departamento de cortinas rojas en Roma(…)

Siento un cosquilleo desde los dedos hasta la punta del cabello. Y a medida de leía, me daba cuenta de que en realidad mi alma no había regresado del todo a Uruguay. Como que estaba llegando fragmentada.

Descubro.

¿Dónde está mi alma? ¿Cuándo regresé? ¿Qué siento?

***

Tengo un defecto: no hago planes. Puede ser que muchos lo vean como la mejor forma de vivir la vida y estar a plenitud, pero en realidad, esta fase solo funciona cuando perteneces a un país normal que te recibe con la casa de tus padres esperándote puertas abiertas con comida calentita.

Como soy inmigrante, me tocó volver a una casa que no es mía, a un país que tampoco es mío en un momento que quizás era -o no-el adecuado.

Después de 6 meses en Brasil y  uno en Venezuela, volví a Uruguay con la incertidumbre en la mochila, con miedo y ansias de reencuentros, con 3 días usando la misma ropa, con un olor a Caribe que no se me quitaba y mascando un chicle en portugués.

De Brasil a Venezuela, de Venezuela a Brasil

¡Puaj!

Tenía 2 años sin volver a Venezuela hice un post con todo el detalle de lo que sentí al volver, pero me parece necesario repasar esa emoción de nuevo.

Después de que te vas de tu país, dejas un poco de “ser” y te transformas de una mezcla entre lo que eras y tu nuevo yo. El proceso de adaptación te hace ver otras cosas. Cuando eres inmigrante y Venezolano la vida se pone un poco complicada, hermosa, tormentosa, dramática, nostálgica, increíble. Vives cada momento como algo totalmente nuevo, es un cambio radical de vida. En mi caso, lo mejor que puede pasar.

La nostalgia siempre está, el verbo extrañar se pasa de vez en cuando para sacarte algunas lágrimas. Y cuando llega el momento de volver a esa vida que dejaste…  resulta que es

in-cre-í-ble-men-te difícil.

Porque cuando lo enfrentas, la emoción del reencuentro dura unos pocos días. Después que pasa el furor de la fiesta de bienvenida y todos vuelven a sus vidas y tareas cotidianas, te despiertas de la realidad y observas que nada cambió.

Todos siguen haciendo lo mismo, tu “casa” está igual, tus padres, tus amigos, tus vecinos. Algún que otro cambio táctico de casamientos, hijos, etc., y tú ahí siendo testigo de este acontecimiento que es la nada. Con una mochila de historias, personajes, viajes, comidas, cuentos y sentimientos que quieres cantar a vox populi, pero no lo haces, porque: a nadie le importa, es delicado y, sobre todo ¿cómo lo explicas?

Tu casa, siempre va a ser tu casa. Pero cuando migras y vuelves te preguntas  ¿Dónde estoy? ¿Es esta mi casa de verdad? ¿Dónde esta Uruguay (mi caso)? ¿Dónde están las historias para contar? ¿Por qué no pasa nada nuevo?

Disfrutas a tu antiguo modo, cosntruyes lo que eras. Lo haces con amor y cariño y guardas las vivencias para cuando vuelvas ¿a casa?

***

Volví a São Paulo. Para el final de mi viaje en Caracas (léase que no había vuelto a casa, fue un viaje) ya estaba debatiéndome entre la dicha de la entrega familiar y la duda ante lo nuevo que me esperaba en Brasil.

¿Cuál es el polo opuesto de la zona de confort? Ahí estaba yo.

Volvía de un viaje sagrado, interno y lleno de amor familiar rumbo al desconocimiento.

Me arriesgué.

***

Salí un día nublado de Vila Mariana en São Paulo. Me despedí con una felicidad dudosa, como incompleta. Todavía no me había aburrido del “Bom dia” al levantarme; aún no me había cansado de ver la amplitud de la Av. Paulista, ni me había tapado las orejas al escuchar “Bom dia moça! Você precisa de alguma coisa? Todo a um real, todo a 1 real!!!” de los vendedores de la feria de los miércoles.

¿Por qué me tenía que ir? Aún mi cuerpo no tenía tanta celulitis como para dejar de comer pastel  de feira ni pão de queijo; el

Polaroid CUBE
Sao Paulo vista desde el Edif. Italia

smog no había saturado tanto mi nariz ni mis ojos. ¿Y si se me olvida cómo se ve SP desde el Edif. Italia? Déjenme ver otra vez esa selva de cemento desde las alturas, al menos para reiterar por qué me voy.

 

Hasta hace unos días me ardía el cuerpo de aquellos domingos de Rodas do Samba en Vila Madalena, ahora que recuerdo, se me enfría la mano creyendo que aún sostengo la cerveza Original de medio litro, la que bebí de a pico un día y un señor me dijo que eso “estaba mal visto, porque solo lo hacían las personas ebrias o las putas”.

No me dijo “putas”, pero casi.

En mi pueblo, se toma de a pico ‘e botella, señor. Lo siento.

Camino por Palermo y aún siento la presencia de los edificios de 20 pisos de alto, a pesar de estar rodeada de casas viejas increíbles. A veces me asomo a la puerta de casa y siento que ahí va a estar el árbol de flores de primavera que tenía en mi “casa” en SP, el de flores moradas radiantes que estaba apresado entre una cerca, un cableado eléctrico que hacía arder la vista de solo mirar y el edificio de ventanas minúsculas.

Aún me pregunto por qué la gente vivía en aquel edificio nefasto, ni siquiera podían asomar la cabeza en la ventana.

Pero ese árbol, le daba vida a toda la calle.

A veces, me levanto y escucho la voz de An. hablándome de su hija, de su nieto que está criando, de su madre desaparecida, de ella, del café que había hecho R. “Nossa que ruim que esta este café!”

Ahora tengo la bici y tengo sed de recorrer el Ibirapuera, aunque lo hice a pie. Pero no es lo mismo.

¿Qué habrá sido de todas las caipirinhas que no me tomé? ¿Y de los millones de lugares que nunca visité? ¿Me estarán esperando? ¿Querré ir?

Ahora voy en el ómnibus vía La Unión en Montevideo. A través de la ventana veo la calle, toda gris, con los árboles secos y “palúos”, la gente con capas de abrigos, a pesar de que no hace tanto frío y la nadie misma en las aceras, porque somos 1 millón y medio en la ciudad.

Me da gracia, porque esta imagen también me lleva a mis días en el Metro de São Paulo, y me doy cuenta de que el metro no lo extraño ni un poco, qué triste ir de un lugar a otro sin poder ver por la ventana.

Lo que sí extraño es el contenido: el olor a café con leche y pão de queijo (tengo una obsesión), la diversidad de culturas, idiomas, colores de piel, de géneros, estilos y formas.

Me encantaba ver a las chicas con labial violeta, azul o verde a plena luz del día. Las cabezas con cortes radicales, rapados, diseños, y colores diversos. Pero sobre todo, me encantaba ver a la gente tocándose sin miedo. Amaba cuando los homosexuales se besaban y se arrecostaban todo en medio de las puertas de salida y ni una mirada extrañada subía la ceja.

Impensable en Caracas. Impensable en Montevideo.

Éramos todos fantasmas, en una sociedad de 20 millones de habitantes.

Polaroid CUBE
Fantasma de S. en Vila Madalena

Ahora que el bus pasa por un shopping, agradezco no haber invertido tiempo en los de SP. Era como entrar a una ciudad dentro de otra ciudad. Como matrioska.

¿A dónde se fueron los graffittis? ¿Dónde están esas tipografías valiosísimas que dan identidad a la ciudad? ¿Y la saturación de color? ¿Dónde está el arte abarrotado por todas las esquinas? ¿Y el amor?

Me levanto.

¿Por qué todos me ven? Y recuerdo haber atravesado mil almas apresuradas en aquella ciudad furiosa, sin mirarnos, sin sentir al otro, sin observar.

¿Extraño?

Recuerdo que mientras estaba en SP pasé horas, días, momentos, pensando en La Rambla, en mis amigos/familia, en CreativeMornings, en la tranquilidad, en la vida que había construido acá, en la naturaleza, en la magia de Montevideo.

Me fui de Brasil un día nublado y regreso a Uruguay un día de lluvia constante, la que limpia la tierra y el cuerpo. El paisaje de cemento ahora era un campo de futbol natural con vacas.

Vuelvo a un lugar que conozco bien, que siento mío, pero no lo es ¿o sí?

De nuevo, vuelvo a un país que no es mío, a una casa que no es mía, a una nueva vida inmigrante.

Siempre he sido inmigrante.

***

Regresé y veo aquellos restos de lo que fui, escucho las risas que compartí y seco lágrimas que derramé quién sabe por qué, por quién o cuándo.

Me observo en la ciudad, la siento y la saboreo.

Me gusta encontrarme en esas esquinas conocidas y tomar una pieza de lo que fui para juntarla con lo que soy para recordarme.

Como decía M., en Norte de Papel: cuando vuelves, hay que hacerlo despacio, hay que comer liviano y dejar que el cuerpo arranque cuando pueda. Sin forzar nada.

Hay que dejar que pasen algunos días, cerrar los ojos, respirar, sentir el aire y el nuevo lugar que ahora te rodea.

Yo sé que volví, pero no sé si volví a casa, no sé si tengo una o tengo muchas. No sé si algún día voy a regresar, porque en mi intento de “volver a casa”, siempre vuelvo a lugares ajenos. Conocidos, sí, pero ajenos.

Y cuando ya siento a MVD como mía, me toca irme de nuevo.

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Cabo Polonio, Uruguay

¿Será que algunos nacimos para ser eternos inmigrantes?

Quiero leer sus regresos.

 


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Sobre cómo sobreviví un mes con ‎€ 50 en Brasil

El dinero no es más una excusa para viajar, conocer y hacer lo que quieres. Acá cuento mi experiencia.

Las líneas entre países están cada vez más difuminadas, el mundo se moviliza, las personas salen de sus casas, la mente quiere expandirse y los viajeros, cada vez somos más.

Del otro lado, las plataformas colaborativas se fortalecen, la confianza en el otro resurge después de aquella nefasta época individualista del ser humano, los residentes reciben viajeros en sus casas y vuelve el trueque o intercambio como nueva forma de pago.

Las plataformas colaborativas superan las espectativas del mercado tradicional, Uber, Airbnb, couchsurfing y otros “malestares” del capital, se plantan para evolucionar las relaciones humanas.

Estamos a un clic para viajar, a otro para contactar a otra persona que viva en el país que queremos conocer, a otro de encontrar una forma de intercambio que permita gastar la menor cantidad de dinero posible, y a una compra de pasaje para hacer todo realidad.

Las difusas líneas fronterizas se llevan el dinero con ellas:

¿Qué tienes para ofrecer que le interese a la otra persona? ¿Cuántos idiomas hablas? ¿Cuántos mates preparas? ¿Cuántas harinas para arepas puedes llevar? ¿Das clases de Forró? ¡Recuerda traerme un chocolate!

Básico: Si tú tienes algo para compartir, siempre habrá una persona lo necesita.

***

En Venezuela, nos enseñan a que nunca tenemos dinero. Para nuestra sociedad, el dinero es como una herramienta que, a pesar de buscarla, de tenerla en la mano y de usarla, jamás va a funcionar bien.

Nuestras cuentas pueden tener muchos ceros, pero la respuesta ante el viaje o ante el placer de comprar algo es: no tengo mucha plata.

Para viajar necesitamos mínimo quién sabe cuántos miles de dólares, porque quién sabe qué puede pasar, quién sabe cuánto cuesta eso. Hay que llevar pal’ mercado, pa’ comprarse la ropita y pa’ el por si acaso.

También te llevas un poquito más por si te provoca come’te un dulce, otro poquito más por si tienes sobrepeso en la maleta, otro poco más pal’ perro, pal’ estacionamiento y pal’ guardia que seguro te va a parar antes de llegar al aeropuerto (quizás lo último sí lo deban tener en cuenta).

Es que en Venezuela, uno nunca sabe. Es mejor prevenir.

Y nunca falta el amigo que te dice “¡Nooo papá! eso no te va al alcanza’ pa’ na’, yo que te lo digo (adjunten un individuo que jamás fue al país al que tú vas), tengo una conocida que fue, y se devolvió a los dos días”.

De antemano, una recomendación sin experiencia personal, no hay que tomarla en cuenta. Porque:

Probablemente, era una tipa que al llegar a ese país, se tomó todas las birras, comió en los restaurantes más caros, se compró ropa, pagó tours y hasta se fue a cortar el pelo.

Mire señor/ señora, amig@:

Si usted tiene el pasaje ¡VÁYASE! ¿Qué estás esperando?

Si ya tienes la plata EN LA MANO. Es momento de agarrar tus cositas, e irte. 

Allá vemos cómo resolvemos.

***

Si leyeron sobre mi proceso para trabajar en São Paulo, se habrán dado cuenta que cuando tomé la desición de viajar a Brasil, en realidad ni siquiera tenía dinero para comprarme un litro de leche. Pero por cosas de la vida, cuando comencé a pensar en formas de intercambio y de trabajo, el universo y sus cosas maravillosas, abrieron un portal inmenso de oportunidades para mí.

Y conseguí lo que quería, hacer intercambio de trabajo por alojamiento.

Si ya leíste el post anterior, te cuento lo que pasó después de que trabajé en Ô de casa hostel.

Salté al agua

Fui para Venezuela a visitar a mi familia después de no haberlos visto en 2 años. INVERTÍ todo el dinero que tenía en pasajes. Bueno, no todo (ahí afloró la mala costumbre venezolana), en realidad me quedé con ese monto pal’ por si acaso.

¡Menos mal que lo tenía!, porque perdí un vuelo y tuve que pagar una multa. De no haber sido así, me hubiese quedado varada en mi escala en Bogotá.

En fin, eso solo le pasa a personas que viven en la Luna, si vives en allá,
llévate dinero por sia. Si no, ignora todo y arriésgate.

En fin, quedé con 50 euros en la mano y unos 100 reales, que equivalen a 30 USD y monedas.

Ta, son más de 50 euros, cierto. 

***

Existe una plataforma brasilera llamada World packers, ellos son un intermediaro entre tus habilidades vs un montón de hostels que están buscando voluntarios como tú.

Funciona en muchos países del mundo, puedes investigar.

Te puedes registrar gratis. Sin embargo para comenzar a hacer uso del site y asegurar un lugar, necesitas tarjeta de crédito internacional. Si un hostel te acepta, ellos retiran/debitan USD $60 de tu tarjeta.

Yo no tengo tarjeta, y tampoco quiero que me debiten USD 60, solo por que un hostel me aceptó para trabajar por intercambio.

Gracias WP, pero no. Entonces, ¿qué hizo Sinay, como el monte?

Usé WP como intermediario para encontrar hostels que necesitaran colaboradores en el área de recepción, abrí el Facebook, me hice fan de los que me gustaban, agarré los emails y comencé a enviar a cada uno mi CV con una breve historia sobre quién era, qué hacía, qué cosas podía compartir con ellos y mi disponibilidad de hacer intercambio.

Me respondieron varios, pero Nomade In Arte Hostel ganó mi corazón.

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Equipo Nõmade In Arte Hostel

Ellos me dan alojamiento y una canasta básica de mercado. Yo, trabajo 4h y 30min por día. 6 días a la semana. Horario rotativo.

En promedio, me estoy ahorrando unos 500 dólares (o más) mensuales.

¡Yei!

Mi caso es un tanto extraño, porque estoy en una etapa de transcición… Ni soy viajera, ni quiero quedarme. Estoy viviendo el momento, a ver qué pasa.

Sin embargo, imagina una persona que va a viajar por placer y tenga la posibilidad de ahorrarse esa grana… Nada que envidiar a Alicia y sus maravillas.

Además, este tipo de intercambios, abre posibilidades para conocer personas locales, para vivir la ciudad al máximo, aprender, crear, en fin…

Y los que buscan quedarse por mucho tiempo, no se preocupen. Hay hostels que no tienen problema con que trabajes mucho tiempo, a ellos les conviene, pero tampoco recomiendo que les digas de una vez.

Juega un poco, observa bien el lugar, busca acuerdos.

Primero da el paso. Lo demás lo resolvemos luego.

***

¡Sobreviví!

Tengo la suerte de que dentro del hostel podía vender comidita, así que comencé a hacer brownies (vendí todos), pero la ganancia era muy muy poca.

Luego, da la casualidad de que un amigo estaba viviendo acá, nos juntamos y conseguimos vender arepas.

Invertí TODO el dinero (esta vez, en serio, me quedé sin UN REAL). Por suerte, la comida es bien recibida en todos lados… Ganamos el doble de la inversión.

Tengo para respirar

En Uruguay, tuve (y tengo) la suerte de formar parte de una iniciativa llamada CreativeMornings, una serie de charlas gratuitas e inspiradoras dirigidas a la comunidad creativa. Estas funcionan bajo un tema global, que +150 ciudades del mundo bajan a tierra con el orador y el concepto que más se apega a su contexto. Es todo VOLUNTARIO.

Yo soy parte del equipo en Montevideo, y cuando llegué a SP un amigo me comentó que acá también había un capitulo. Contacté con los realizadores, asistí a un evento, conocí gente increíble.

De nuevo, el dinerillo se venía acabando, y ya justo en el momento de crisis, una de las host de #CM SP escribe en su muro de FB: personas, estoy buscando gente para trabajar, ¿quién quiere?

¡YO!

Trabajé en el Forum De Finanças Socias e Negócios De Impacto 2016, haciendo producción operativa del evento durante 2 días. Gané 200 USD.

Y todo empezó con 50 euros. No morí, todavía.

***

Si no tienes ni un contacto que puedas localizar en el lugar donde vas, ni te preocupes por nada

SIEMPRE

SIEMPRE

SIEMPRE

hay bares, restaurantes y trabajos de ese estilo, disponibles. No importa que seas extranjero, no importa que no tengas papeles, no importa nada. Trabajo sí hay.

Para finalizar

Gente linda, si quieren viajar busquen en Internet. Hay muchísimas plataformas para viajar y gastar poco dinero, o ninguno.

Eliminen la frase es que no tengo dinero, por favor. El universo (de nuevo yo, con mis misticismos) te da lo que crees. Si dices que no tienes dinero, pues no lo vas a tener. Mi abuela diría,

La magia del verbo.

Crea un perfil en la plataforma que más te guste, busca un lugar, júntate con personas que aporten, co crea con ellos, colabora, ayuda, voluntarea, teje tu red de contactos y vas a ver cómo se te va abriendo un mundo de posibilidades.

Es dificil, sí.

Si quieres viajar, la dificultad es parte de ese camino que escogiste al decidir que ya no querías estar más en tu zona de confort.

Hay que arriesgarse, quizás vas a pasar un poquito de hambre algunos días (solo en caso de que quieras quedarte en el país), pero todo se resuelve y el hambre no será mucha, lo prometo.

Se amable, haz amigos y sobre todo RESPETA OTRAS CULTURAS Y FORMAS DE PENSAR. Recuerda que después de que te vas, ya no eres más de tu país, eres de TODOS los países, de la tierra misma.

¡Salú!

Celebro, porque a partir de ahora sé que vas a dar el paso. Lo demás, lo resolveremos luego.

Mi primer encuentro en vivo con el folclore uruguayo

El domingo pasado tuve la oportunidad de asistir al concierto “Música por los niños” de la organización Aldeas Infantiles SOS. Un espectáculo anual que presenta artistas de trayectoria para recaudar fondos y seguir manteniendo los programas de Acogimiento y Fortalecimiento familiar, los cuales prestan ayuda necesaria para que los niños crezcan con sus familias, o en su defecto con el amor y el calor de un hogar.

Esta vez, los artistas invitados eran dos clásicos de la música uruguaya: el dúo de folclore Larbanois & Carrero y la murga Agarrate Catalina. La invitación indicaba que el espectáculo comenzaba a las 20:00h en el Auditorio Nacional del SODRE Dra. Adela Reta, sin embargo las puertas del auditorio abrieron a las 19:30h, ellas saben  que a pesar del dicho de que el uruguayo llega tarde a todas partes, siempre hay alguien que rompe las cadenas y demuestra lo contrario.

Una exposición fotográfica de Matilde Compodónico, producidas y procesadas digitalmente por Gabriel García, daba la bienvenida a los asistentes. Imágenes grandes, nítidas y llenas de contraste contaban historias sobre la cotidianidad que se vive en SODRE: artistas, bailarines, personal operativo, músicos y todos los que dan vida al lugar se mostraban allí, detenidos en el tiempo con gestos e intimidades que se quedan detrás de los vestidores.

A las 19:30h el living ya estaba quedándose pequeño para la cantidad de personas que demanda el auditorio… Ahí estaban todos bien elegantes y sonrientes, buscando con la mirada a quién saludar, a quiénes felicitar y con quiénes tomarse fotos.

En un momento, dos parejas vestidas cual gauchos hicieron una presentación con boleadoras, como referencia a la música tradicional de Larbanois & Carrero. Las murgas no quedaron atrás: tres chicos vestidos y maquillados como murgueros cantaron una canción medio pegajosa sobre la alianza entre Pronto! y Aldeas Infantiles SOS.

Ambas acciones, por supuesto, iban por parte de la empresa financiera Pronto!

Poco antes de las 20:00h, la chica misteriosa que está detrás de los parlantes generales del auditorio, invitó a los asistentes a que por favor fueran entrando a la sala correspondiente, el espectáculo estaba por comenzar.

El dúo del folclore

Larbanois & Carrero
Larbanois & Carrero

Larbanois & Carrero se presentaron a eso de las 20:00h y llegaron con mucho power.  Los encargados de la iluminación (genios, gracias por existir) aportaron múchísimo al espectáculo, la conexión entre los colores de las luces, lo que transmitía la canción y los sentimientos involucrados en las letras,música y canto hicieron que la experiencia fuera increíble.

Acá nadie sabe quién es quién, y algunos pueden llegar a pensar que es una sola persona. Yo pensaba que era uno solo, y la primera vez que escuché que hablaban de ellos, pensaba que eran humoristas…

Ya saben, el turista es turista así vista de seda.

Carrero es un señor poeta. Uno de esos caballeros que nacieron con el don de la palabra, del canto, de las serenatas y los pañuelos. Larbanois no habló demasiado, sin embargo expresó cada palabra en las cuerdas de la guitarra y entre sus notas dijo todo y mucho más.

Era evidente la complicidad entre ambos ya son más de 35 años de trayectoria juntos. Hay mucha historia detrás, muchos éxitos y fracasos juntos, así que lo que les quedaba era disfrutar lo que cantaban… ¡Y cómo nos hicieron gozar!

Por supuesto, no podían faltar las palabras respectivas que hicieran referencia a Aldeas Infantiles SOS:

Larbanois & Carrero en Música por los Niños
Larbanois & Carrero en Música por los Niños

Con ustedes, con Agarrate catalina y nuestras canciones buscamos tomar conciencia y luchar por un mundo distinto en lo que tiene que ver con la infancia y los chiquilines.

Se dice que los primeros 2 o 3 años de vida es cuando se aprende todo, lo bueno o malo. Debemos evitar entonces alejarnos en ese momento, porque todo lo que podamos hacer después no son más que parches; y culpamos a los gurises, que de repente no tuvieron compañía en el momento adecuado, quien hiciera con ellos los deberes, quien se sentara a leer un libro, quien estuviera cerca.

Entre una canción y otra, siempre había una historia, algunas medio trágicas, otras de amor y otras bien alegres… Hubo una llamada cartas de una abuela a su nieta que hizo que más de uno se secara las lágrimas disimuladamente  entre los aplausos del final, como para que no se notara.

También aprovecharon las instancia para sacar a la luz algunas canciones nuevas, entre ellas “Coplitas Sueltas“.

Este par fue todo un éxito. Me hicieron sentir el Uruguay desde lo más gaucho. Aquí les dejo una muestra de la emoción que se vivió ahí en el SODRE

Agarrate Catalina

Agarrate Catalina en Música por los Niños
Agarrate Catalina en Música por los Niños

Los murgueros llenaron a eso de las 21:50 h con máscaras de ancianos, brillantinas, sacos, pijamas, pinturas y pelucas. No habían terminado de salir todos y ya la gente estaba ansiosa preparando las manos para aplaudir y la risa que la canción de la abuela nos había quitado.

Llegaron a escena como 20 personas. Todas con un rol diferente, pero parecido. Todos simulando a los viejos de las plazas, a los políticos y a las familias tradicionales y cerradas.

Yo ya había escuchado sobre las murgas. Hay gente que le gustan, hay otros que no, están los apasionados que dan todo por ellas y el bando opuesto que las rechaza totalmente.

Yo creía en quienes las amaban. En realidad la época correcta para conocerlas es en carnaval, sin embargo nunca tuve la oportunidad de asistir, siempre pasaba algo que me impedía hacerlo, pero ahora que las vi en vivo solo tengo una palabra para definirlas:

¡SON INCREÍBLES!

La energía que transmitieron desde el primer canto y la sincronización de las voces, actuaciones e intervenciones de cada uno no tienen límite. A leguas se nota el esfuerzo que conlleva organizar tantas voces y tantas ejecuciones: la música, los diálogos, el espectáculo, los gestos.

Todos los números llevan a la reflexión. Sus diálogos y canciones son el reflejo de la cotidianidad del ser humano y cómo la presión social afecta nuestra forma de ser, de pensar y genera una doble moral, un doble discurso.

Esta gente ya tiene desde el 2001 haciendo de las suyas, el año pasado fueron canceladas sus funciones en Carnaval por hacerle crítica a Tabaré Vasquez, para ese entonces candidato a la presidencia de Uruguay.

Un trabajo admirable el de esta y todas las murgas… Por hacer evidente que todos los aportes complementan y suman al trabajo, que todo cuenta y que la colaboración es el camino para hacer las cosas bien, entre todos.

Aquí una muestra:

Aldeas

Así agradecieron los niños de aldeas a los artistas de la noche...¡Genios!
Así agradecieron los niños de aldeas a los artistas de la noche…¡Genios!

Y hablando de colaboración, Aldeas Infantiles SOS es la protagonista de este espectáculo que se lleva a cabo para recaudar fondos y ayudar al futuro del mundo. Esta organización nace desde la guerra más feroz que se ha conocido y hasta hoy sigue funcionando y continúa su lucha por el amor familiar.

Ellos sabe (y promueven) que el amor como la base de nuestras vidas.

La música es la vía para unir a las personas. Esta vez le tocó a dos grupos que, a partir de diferentes matices, forman parte de la tradición uruguaya, cada uno desde su voz y desde su forma de expresión.

Esta organización nos vuelve a demostrar que la gente quiere hacer cosas lindas y está dispuesta a dar su talento por el beneficio de los que más lo necesitan.

Yo aporto con estas humildes palabras, al final los niños son los que ganan.

Si quieres saber más sobre la organización, puedes ver aquí

Hablando del 2014

En el 2014 pasé de ser renegada de graduación a titularme Comunicadora Social, mención comunicaciones publicitarias.

Con el título, lo que hice fue ponerme un nombre social, una marca, una formalidad, pero por dentro seguía siendo la misma soñadora que alguna vez quiso entrar a la universidad.

Aún sigo siendo la misma

En el 2014 tomé un vuelo sin retorno desde mi amada Venezuela hasta Uruguay y convertí al sur en mi nuevo norte.

Pasé de vivir sola a vivir con la mejor compañía que pude tener en el mundo: mi querido Jack.

Trabajé con mesera, como cuidadora de ancianos, como host en Sinergia Cowork y como recepcionista de un Hostel.

En ninguna de las opciones tenía experiencia previa. Sólo en las últimas 2 me divertí como nunca.

En el 2014 pasé de tener dinero y hacer siempre las mismas cosas, a no tenerlo y hacer todos los días algo diferente, productivo y gratis. Fui a más eventos en 8 meses de los que había ido en toda mi carrera universitaria, fui a mas fiestas gratis de las que fui mientras tenía dinero y conocí más gente de la que conocí mientras estudiaba.

Eso en 8 meses.
Valoré mas a mi familia en los meses que estuve con ellos a principio de año, de lo que los pude valorar por 23 años. Siempre los amé, los amo y los amaré… Pero aprendí que desde lejos se ama igual, que la distancia no importa cuando los disfrutas en cada palabra, cada letra, cada video, cada foto.

Aprendí a extrañar con más prudencia, a llorar con más ganas y a reír a carcajadas.

El Skype, se convirtió en parte de mi vida familiar, mi puente entre mi pasado y mi realidad. La conexión física que tengo con los míos.

En el 2014 hablo mas francés que antes. Lo estudie. Porque quería estudiarlo desde hace mucho tiempo. Terminé el nivel A1.

El año pasado viajé mas que hacer clic en Internet. Fui a Australia, Suiza, Suecia, Italia, Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Finlandia, Nueva Zelanda, Paraguay, Francia, y la Colonia Tovar (chiste venezolano) sin moverme de Montevideo. Eso de trabajar en un hostel es un viaje constante que no tiene rumbo.

Gracias a todos los huéspedes por hacerme volar por su mundo y por compartirlo conmigo.

Con cada viaje, me di cuenta de que la publicidad no era lo mio, porque las ganas de contar, de escribir y de hacer vivir a otros tus propias experiencias da mas satisfacción que ganarse el Cannes por hacer un spot para Coca-cola.

En el 2014 vine a Punta del Este, desde donde escribo estas cortas líneas. Entre millonarios, bares exclusivos y autos de lujo, tuve la oportunidad de conocer el verdadero poder del dinero.

Y mientras todos pagan y mueren por estar aquí mostrando su estatus social, la vida me dio la oportunidad de venir, vivirlo y además trabajar. Desde mi puesto de trabajo, veo el mar… ¿Dónde hubiese podido conseguir eso?

Viví casi toda mi NAVIDAD rodeada de extraños. La mejor NAVIDAD de mi vida. Las mejores fiestas que pude tener.

Y mi familia estaba a miles de kilómetros de distancia. Felices. Y yo feliz porque celebramos juntos, a distancia.

Venezuela me dio las herramientas para poder irme a hacer lo que quiera. Uruguay me recibió con los brazos abiertos, con ropa de estreno y con la mejor sonrisa que se pudo poner.

Ahora, frente al mar, prometo volver a vivir con la misma intensidad el 2015. Que ya comenzó con muchas sorpresas que luego compartiré.

El 2014 me trajo las “gracias” y me la tatuó en el alma para que nunca olvidara su significado… Aun las llevo escritas en el lado izquierdo de mi pecho, del lado del corazón.

Gracias, querido 2014 por tantas anécdotas, risas y fiestas. Gracias por hacerme vivir y revivir lo mejor de mí.

Salú!

Playa Bikini -Manantiales, Uruguay
Playa Bikini -Manantiales, Uruguay