#TeCuento La tempestad de mi llegada a Cabo Polonio

Cabo Polonio. Octubre, 2016

La gente cree que porque viene 2 o 3 veces a Cabo Polonio se sabe la historia. Me da risa cuando escucho a un extranjero hablando sobre que no hay electricidad, que las casas tienen esa forma porque “x” y que es un pueblo de hippies. Hablan como si supieran todo viste.

¿Hippies? ¡La gente acá es rustica! Una persona que vive acá hace cosas que un extranjero ni se imagina… Es que si vieras cómo era Cabo hace 10 años… ¡No tiene nada que ver con lo que es ahora! ¿Entendés?

Alguien, un día cualquiera.

***

Llegué una noche de tormenta y alerta de quién sabe de qué color. Era las 20:30h y el viento parecía correr a más de 50km/h. No había luz en la Terminal del Cabo. Un ente negro salió a buscarnos y nos llamó para que entráramos a la sala de espera. Nos informaron que no había paso, la “cañada” estaba inundada y el carrito nos dejó a 1km del pueblo.

Si la gente que estaba ante’ llegaron caminando, ustedes también van a llegar, no les va a pasar nada.

Una familia de franceses, una francesa, una ronchense, un montevideano que tiene 3 años viviendo en el Cabo y yo nos arriesgamos a la aventura, no teníamos de otra. “Pero si quieren, pueden quedarse aquí a pasar la noche”, nos informó un jóven con licor de Butiá en mano. “Nos arriesgamos a ir caminando, gracias. ¿Eso que estás bebiendo es para compartir”, solté. Bebí un trago.

El frío parecía que cortara el cuerpo. Apenas me bajé del carrito para caminar, sentí la primera bofetada de viento. Me arrepentí. Ahora no me quedaba más que caminar al lado de mi mayor miedo natural.

-L, ¿me puedo agarrar de ti mientras vamos caminando? Tengo miedo.

Los  franceses no entendían español, nosotros ne parle pa francaise y ahí, ente gemidos, risas y gestos, nos comunicábamos en aquella catástrofe de viento, con el mar a nuestras faldas, espuma (¿de dónde salió tanta espuma?), con frío y sin más luz que 2 linternas de celulares para 8 personas.

El casi nativo nos trataba de guiar entre la costa. El viento impedía dar pasos limpios, teníamos los pies mojados, el cabello en la cara, la espuma hasta las rodillas y los pantalones mojados. Los zapatos de una de las francesas, antes brillantes y limpios, habían quedado tapizados de arena y agua de mar, sentí lástima, porque parecían ser caros y ella no tenía medias puestas.

Las olas reventaban casi en nuestras caras, la luz del faro (la única que se veía) apenas nos daba esperanza de una llegada segura… Con cada paso, parecía que estuviéramos retrocediendo.

Llegamos.

-Esta es la Av. Principal ¡Bienvenidos al Cabo! Los franceses se quedaron atónitos ante un camino de tierra apenas distinto del resto del paisaje. -Es que esto avenue? -Sí -respondío el chico que vivía ahí-.

“Claro, como vienen de Europa, se esperan caminos bien señalizados y avenidas de cemento”, gruñó nuestro guía.


Era mi primer día de trabajo en La Perla del Cabo. Llegué empapada, arenosa y muerta de cansancio y miedo. Apenas abrí la puerta, percibí caras largas. La Perla, estaba con la puerta rota, caracoles hasta el living y arena.

Las olas habían entrado hasta el restaurante. El techo de la casa de mi jefe se había volado. Y yo, acababa de llegar.

¿Qué haces acá?

Bueno, vine porque quedé en empezar mañana de mañana.

¡Qué momento este, chiquilina!


 

¿Te gustó?  Sucríbete. Me encantaría compartir contigo mis borradores y otras cosas lindas que me pasan. 

Lo que vio Artigas el día de la Marcha por la Diversidad 2016

Artigas, es un personaje polémico de Uruguay. Algunos lo celebran como el prócer, el héroe; otros lo ven como el traidor o como el invento ante la ausencia de un mártir propio; como el tipo que tuvo relaciones con su prima, o como un departamento de Uruguay.

Sea lo que sea, la imagen de este personaje está inmortalizada en el Centro de la Plaza Independencia de Montevideo. Ahí se puede ver cabalgando valiente, con pinta de prócer (ya saben, uniforme, capa, todo eso) con la vista y el cuerpo en sentido este, dando inicio a la Avenida 18 de Julio (¿o es el final?).

Debajo de él, su mausoleo. Un lugar medio oculto que guarda las cenizas de los restos de lo que algún día fue. Dice la leyenda que en realidad sus cenizas no están, que se quedaron por ahí en una embarcación. Otros dicen que esas cenizas no son de él, puesto que sus huesos fueron sacados de una fosa común.

Pero esa es otra historia.

Lo importante, es que el pasado 30 de septiembre, Artigas fue testigo de una de las movilizaciones más importantes de la ciudad: La Marcha por la Diversidad.

Así lo vivió.

***

El día estuvo movido,Colectivo Ovejas Negras, Mujeres en el Horno, Mizangas Mujeres Afrodescendientes, Proderechos, la Unión Trans del Uruguay, el Área Académica Queer, la Red Uruguaya de Jóvenes y Adolescentes Positivos, Llamale H Uruguay y Multimostro Colectivo, fueron algunos de los encargados de este despliegue histórico y cómplices de transformar la Av. 18 de Julio con pancartas, colores del arcoiris, carteles, frases, cámaras, pintura, avisos, producción, etc.

A mis faldas (hablando de diversidad) montaron carpas de colores y una tarima que quedó justo en las patas del caballo. Desde acá solo daba para observar los techos de colores, y las cabecitas de los transeúntes. Estaba frío el día, así que la mayoría-en principio- iban abrigados, con termo y mate en la mano, tranqui.

Pero, a partir de las 5pm comenzaron a aparecer pelucas, tu tus, vestidos, tacos altos, pinturas, banderas, flores, música de fondo, caricaturistas y hasta un par de minas que iban de bodypaiting (que, por cierto, me daba frío de solo verlas).

También había muchos trans con vestidos que dejaban al descubierto nalgas voluptuosas, tangas, piel, cuerpo, pelo y extremidades.

Escuché la historia de una chica que vendía ilustraciones, cada una con una historia. Me llamó la atención una sobre tres hermanas: una simbolizaba la imposibilidad de hablar y mostrarse, otra era la que plantaba las manos y pisaba firme, y la última, era la iluminada. Me hubiese gustado escuchar otras historias, como la que nombró de la mujer que contemplaba su aborto, o la que idealizaba, pero empezaron a hablar por el altavoz y mi atención cambió de rumbo.

Soy Drag Queen, es mi primera vez en escena, así que muero de nerviossss

La Drag estaba de espaldas a mí, así que solo pude ver sus las nalgas moviéndose de un lado a otro entre esas piernas montadas sobre tacos a gran escala, al menos puedo afirmar que se movía y cantaba bien. Dos chicas se juntaron a pintar un cuadro en vivo al ritmo de la música, no pude ver el resultado, pero sí pude ver centenas de personas apreciando, aplaudiendo, gritando.

Nila Cohen, también estaba por ahí con un megáfono, un vestido con corset, un tu tu, y una peluca verde… ¡QUÉ VIVA EL AMOR CHIQUILINES! gritaba por el megáfono que tenía.

Me llamo Nila Cohen, pero mis amigas me llaman “Ni la cogen”. No le digas a nadie. Es secreto.

A pesar del día gris, nada detuvo las fotos la sesión de fotos con las cuatro vedettes que estaban junto a comando de sonido. Nada detuvo a los dos señores que cargaban una pancarta “Mi hijo es hétero, pero igual lo queremos”, nada frenó el recital, nada frenó la asistencia progresiva de personas. Mientras más de noche, más personas.

Muero por las polleras.

(…) y hay una culpa en las polleras,

y es que entre ellas, también se crían machitos.

Soy puto, bien puto, increíblemente puto.

Soy la negra del bigote con pollera, la que tiene pelo en las tetas.

(…) Está lindo chuparnos todo entre todos 

Yo nunca vi tanto amor junto, ni siquiera en mí mismo cuando creía en la unión de Río de la Plata.

Inexplicable la cantidad de personas que había besándose, abrazándose, lanzándose besos, dándose las manos, escuchando, respetando, andando hombro a hombro, o al descubierto, o con ojos bizcos de tanto observar lo “no común”.

Nunca vi yo en este suelo sureño tantas personas defendiendo un concepto: diversidad. Nunca vi yo tanto orgullo por lo diferente, por lo igual o por lo que existe.

Como dijo la nena del tambor Somos este río enorme que nos une, no dejemos que nos desunan.

***

A la noche, ya se podía ver el verdadero trabajo: toda la Av. 18 de Julio maquillada. Maquillada de igualdad, de diversidad. Cada poste vestido con un color de la bandera LGBT, abrillantaba ese “Montevideo gris” e iluminaba con la energía de todas las personas que no fueron escuchadas, que se reprimieron y fueron reprimidas, de los que alguna vez tuvieron miedo, y de los que nunca tuvieron y tuvieron fuerza para movilizar todo un país.

Caían esas luces como agua fresca para despejar el cuerpo y la mente de los machistas, racistas, homofóbicos, antisociales y cualquier persona que promueva el odio.

La primera carroza salió a eso de las 8pm. A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, de Gloria Trevi a todo dar. Desde acá divisaba las miles de banderas, banderitas, flores, corazones en la mejilla, pelucas, carcajadas, cajas de vino, botellas de cerveza, cuerpos saltarines, equipo de seguridad a los lados de la camioneta.

Escuché también algunas expresiones “Bo, ta tremendo”, “tremenda fiesta/marcha/movilización”, “¿y vos no vas a venir?” “¿Te vas a perder esto?” “¡Qué viva el amor!”

Desde esta altura, la movida era imponente. Entre música, tragos y otras cosas, la defensa por el concepto de diversidad, acabó en diversión y un momento de felicidad, una demostración de hay una mayoría que quiere un cambio social profundo, una transformación, una nueva forma de ver a las personas.

Ya no tengo más por qué luchar. Este país se las arregla solo. Cierro los ojos, me despido y continúo inmortalizado con el corazón de 65 mil personas latiendo en un mismo ideal de vida.

 

2 años esperando volver a Venezuela y perdí el vuelo

En mi taller de Escritura de Viajes hablamos de los No-Lugares.

¿Qué es un No Lugar? Un espacio por donde transitas. Es el estar, pero no.

2 años pasaron desde que no veía a mi familia y cuando tomé la decisión de volver a verlos, perdí el vuelo y me quedé varada en el Aeropuerto Intercancional El Dorado en Bogotá.

Por suerte, tuve la desgracia de sentirme tan mal que lloré a cántaros, desconsolada, privada, avergonzada de lo que acababa de pasar, porque ya mi familia estaba en el aeropuerto esperándome. Y digo “por suerte”, porque yo era uno de los personajes que dan vida a los no-lugares, sin duda.

Me vi. Me vi llorando en cámara cenital con luces pálidas y miradas de condolencia a mi alrededor.

Me vi reflejada en los ojos azul celeste de la señora que estaba detrás de la ventanilla de Avianca, tratando de hacerme entender que no podían hacer nada, que debía volver a pagar para salir de esa pesadilla.

Me vi en los ojos de la señora de al lado de la ventanilla, que me observaban con discreción y pena, porque mi boca exclamaba que eran los últimos 100usd que tenía en el bolsillo.

Me escuché en el “acabas de perder el vuelo” de la aeromoza que anunciaba otro vuelo.

Me sentí en sandwich de Subway que me compré, el que pedí vegetariano y me dieron con sabor a dolor, a menos dinero, a miedo.

Me sentí en el aire frío de atardecer en Bogotá. Me sentí en el equipaje pesadísimo que cargaba encima, en las notas de voz de mi mamá que me decía “ya pasó, mañana nos vemos”, en las 24h que faltaban para que yo pudiera verlos de nuevo.

24 horas que pasaron tan lento como 2 años.

Hasta que encontré un pedacito de aeropuerto que se transformó en lugar. Mi lugar. Un rincón que pasaba desapercibido si no girabas a la derecha de la entrada y seguías hasta el final, después de la agencia de viajes. Bien al fondo.

Mi lugar eran 5 sillas que terminaron siendo sala de cine, comedor, cama y tiempo de espera. En ellas percibí todas las facetas del cielo “rolo”, allí vi todos los colores que pasaron entre el azul cielo y el negro noche. Incluyendo los violetas, rojos, naranjas y verdes de entre medio.

El lugar que me decía que estaba entre Colombia y Venezuela. Pero que me mostraba Colombia. El lugar que me calmó la ansiedad con las montañas de enfrente y olor a lluvia. El lugar en el que pasé frío a media noche y el que me dio la bienvenida con el amanecer.

El lugar en el que escuché a otros personajes, como el guardia que habló con su amante y su esposa, prometiéndoles el mismo amor. Y el otro guardia que se reía al ver a la señorita de limpieza.

También me mostró la felicidad de la pareja gringa que fue junta al baño, y el hombre que estaba buscando dónde conectar su teléfono para cargar y me mostró que el aeropuerto no tiene lugar para el “batería baja”

Vi desde ahí, cómo la fila del check-in iba disminuyendo, vi a las señoritas de las aerolíneas bien maquilladas y peinadas, mostrando una sonrisa hasta el final de su turno. Vi las luces encendidas y apagadas, vi el día y la noche, la felicidad y la nostalgia de los que se despiden.

Vi y viví. Hasta que se hizo la hora, bebí un café Juan Valdez increíble que me devolvió el alma y me fui, hasta mi otro próximo lugar.

Polaroid CUBE
Volando Colombia

Post también en Medium

El “sabor peruano” llega a Montevideo

Para quienes se quejan de que en Montevideo la comida no es buena, esta propuesta seguro les hará cambiar de opinión.

IMG_5238

Este restaurante peruano está ubicado en por el barrio de Ciudad Vieja, entre las calles Juan Carlos Gómez y Rincón, ya tiene un año en la ciudad tratando de ponerle sabor y más opciones a la gastronomía uruguaya con sus opciones culinarias, y al parecer, ha llegado para quedarse.

A mitad de cuadra ya se ve la pizarra con el menú y un afiche con imágenes de algunos platos que ofrecen. Así que antes de entrar ya puedes decidir si de verdad quieres probar algo nuevo o seguir con el chivito con fritas.

El lugar no es muy lujoso pero está bien ordenado y limpio. Apenas entras puedes escuchar música folclórica latinoamericana, algunas veces propias del Perú, otras veces suben un poco hasta el Caribe.

Las mesas son pequeñas y están decoradas con manteles color verde manzana y sillas de madera negra medio rústicas. A mano derecha, podrás encontrar una mini barra con algunos licores convencionales y propios de Perú, entre ellos el famoso pisco y al fondo, una ventana pequeñita, muy parecida a las cantinas del liceo, que se comunica directamente con la cocina.

Así que si quieres ver cómo preparan la comida, puedes hacerlo.

Entre los platos que ofrecen se incluye el famoso ceviche, pollo asado, papa a la Huancaína, chupe de pescado, parrilla de mariscos, sudado de pescado y otros más.

Les recomiendo que cualquier opción que vayan a comer, la acompañen con una deliciosa chicha morada.

De los días que fui, tuve la oportunidad de comer el “menú del día”. Un plato bastante resuelto y variado que incluye sopa, seco- plato principal- y un vaso de jugo.

DSC04692En mi caso, me tocó un chupe de pescado que es una sopa con leche y arroz que superó todas las expectativas de sabor que podía haber probado en la vida. Y como plato principal una pieza de pollo con cebolla,morrón, papas y boñato acompañado con arroz blanco.

Ese día no había chicha morada, así que tuve que conformarme con un jugo de manzana, que igual estaba bien.

Lo más increíble es que todo eso tuvo un costo de $110 pesos. Una verdadera ganga para la economía uruguaya.

La comida está bien condimentada, por lo cual el pedir sal o picante no es una necesidad, como pasa con otros locales de comida.

IMG_5263
La señora Isabel,

La atención es cariñosa hasta más no poder, desde el “hola” hasta el  “adios” hay una sonrisa en la cara; ellos detectan tus necesidades antes de que tengas que levantar la mano y luego de que vas un par de veces ya saben qué te gusta y qué no.

Lo amigable de las personas que atienden, sumado al sazón casero te hace pensar que estás en casa de la abuela. Así que invertir un poco de tiempo el fin de semana para ir a comer en familia, seguramente les hará pasar un rato distinto.

Sabor Peruano trabaja todos los días de 11:00h hasta las 22:00h, incluidos domingos y feriados.

Nosotros venimos para trabajar. No creemos en domingos ni feriados. Estamos abiertos tooooodos los días.

No hay excusas para evadir esa propuesta buena, bonita y barata. Además, ¡puedes entrar la bici!

Tía perla
Tía perla y Jack

Cabo Polonio, el lugar que me permitió ver la galaxia

Cabo Polonio, es un balneareo ubicado en el departamento de Rocha, Uruguay. Es Patrimonio Natural de la Nación, aunque creo que el nombre le quedó pequeño.

Pero como todo lo que trae este paicito, este lugar te llena de sorpresa en sorpresa desde que decides comprar el ticket para ir, hasta que te devuelves.

Hay dos formas de llegar al lugar:

  • La primera es caminando a través de las dunas de Valizas. Son 8 km recorrido que dura aproximadamente 2h30 o 3h y que tiene que ser tempranito, porque si no, el sol te devora entre la arena.
  • El segundo recorrido fue el que hicimos nosotros: tomar un Jeep. Sé que no suena nada divertido, pero era la única opción que nos daba tiempo para recorrer y conocer  un poco.  La travesía dura aproximadamente media hora de camino en ese carrito… Menos mal que nosotros tomamos unos buenos asientos y pudimos captar este tipo de cosas:

DSC03949Ahí nos quedamos en El “Hostel del Cabo” por solo una noche. Este hostel queda justo frente al mar y no saben lo céntrico que es. Desde allí no se ve el atardecer, pero si caminas un poquito hasta la playa que queda detrás del hostel, puedes ver la hermosura de atardecer que se aparece por el cabo.

Maravillas de “El Cabo”

Este lugar tiene cosas muy peculiares: La mayoría de las casas son de colores, y algunas de ellas tienen todos los colores de la bandera de la diversidad. Esto me pareció un recibimiento absoluto, porque no importa a quién amas, lo importante es AMAR, y respetar claro.

Hay dos playas imponentes que envuelven las tierras del Cabo entre el agua salada, ambas son hermosas, limpias y perfectas.

En una parte de la costa, puedes ver el faro, que tiene un mirador 360° donde puedes apreciar absolutamente todo el pueblo, allí, a la orilla de las piedras… Leones marinos rugiendo, que los tendrás tan cerca como nunca, ya que al fin se toman la siesta de la tarde muy tranquilos para dejarse admirar .

La otra costa no muestra nada más que la inmensidad del mar y el pueblo a lo lejos.

El Faro -Cabo Polonio
Vista panorámica desde el faro

Las casas ni el pueblo tienen electricidad, así que tuvimos que hacer todo el recorrido rápido. Lo bueno es que acá anochece a las 21:00h, así que nos rindió lo suficiente.

La frutilla del postre fue el anochecer. Cuando el sol se ocultó aplaudimos como focas el final de su reflejo, todo el pueblo lo hizo. Allí nos quedamos a la orilla de la playa, viendo cómo cada estrella aparecía una después de la otra, hasta que nos dimos cuenta de que estábamos iluminados por MILLONES DE ESTRELLAS.

(No tengo fotos de las estrellas. Me quedé sin batería en la cámara y, como recordarán, no hay luz en el pueblo)

Era tanta mi impresión sobre la noche, que tuve mucho miedo. Era la primera vez que veía la galaxia… Tal cual como la había visto en los libros.

Fue la noche más increíble que pude ver en mi vida.

Hasta que tuve que volver al hostel, allí si que tuvimos que tener cuidado, porque había excremento de caballo por todos lados y no queríamos embarrarnos.

Definitivamente, Cabo Polonio es de los lugares más lindos que he visitado. No se compara con nada. Es un lugar virgen en todo su esplendor y espero que siga así por mucho tiempo más.

Una vez más, Gracias Uruguay!

Leones marinos tomando sol en el cabo
Leones marinos tomando sol en el cabo

Seguimos el recorrido… Valizas nos espera!