Y si llueve, ¿qué hago en Cabo Polonio?

Recuerdo charlar con varios clientes que, entre cara larga, me comentaban que habían escogido el peor día para visitar el lugar y me pedían recomendaciones para hacer “algo” entretenido a pesar de la lluvia, porque las opciones son pocas y la playa, para ellos, solo era posible con sol (continua)

Yo trabajaba casi todo el día y parte de la noche en Cabo Polonio, mis distracciones estaban enfocadas en lavar tazas, vasos, levantar desayuno tipo bufete, atender al público, limpiar, charlar, leer el horóscopo los lunes, tomar mis horas de descanso para dormir o leer y quizás, de noche, dependiendo de la lluvia, salir a tomar algo después del trabajo. Daba igual si era soleado, nublado o lluvioso.

Recuerdo charlar con varios clientes que, entre cara larga, me comentaban que habían escogido el peor día para visitar el lugar y me pedían recomendaciones para hacer “algo” entretenido a pesar de la lluvia, porque las opciones son pocas y la playa, para ellos, solo era posible con sol.

Sinceramente, nunca tuve una respuesta convincente ante las quejas, pero insisto, la lluvia es muy disfrutable.

  1. Razones banales: Te recuerdo que eres de los pocos que tienen el privilegio de estar en ese lugar (porque es caro e inaccesible para muchos), y además, te convertirás en alguien más exclusivo ¿Por qué? Porque a todos les tocó el sol… Pero tú, tú caminaste entre las dunas sin que se te hundiera el pie, te metiste en la playa y te mojaste el doble, ya  el mar alborotado de olas y no necesitaste de sombrilla y un bloqueador para disfrutar. A ti no se te quemó la piel del sol, ni te encandiló el brillo del mar.
  2. Razón verdadera: ¿Qué hay de malo con la lluvia? Al final, la idea de “vacacionar” es el descanso.

La magia de la lluvia, es que puedes tomar hábitos que tenías olvidados desde hace un tiempo, ¿desde cuándo tienes el libro dando vueltas en tu mochila sin leerlo? ¿Desde cuándo no te tomas un café o un té viendo el mar? ¿Desde cuándo no tienes una buena charla con el soundtrack de gotas de lluvia?

Olvidemos un poco ese ideal que nos fue impuesto, ese que tiene que ver con sombrilla, el bloqueador, sombrero, cerveza y lentes de sol, sugiero que los amoldes de acuerdo a la realidad. Y si llueve, sustituye la sombrilla por el living de casa, el sombrero por la ventana por la que verás el paisaje, la cerveza por un café o un vino y los lentes de sol por el libro que habíamos hablado, o mejor aún, ¿por qué no cerrar los ojos y soñar?

*Por cierto, ¿anotaste tu último sueño?*

Si vas por un día, puedes tomarte algo en Lo de Dany (aceptan tarjeta), a La Perla, si quieres comer algo increíble y tener una experiencia cómoda, o en Si Supieras, si quieres que te atiendan bien y comer comida casera, sana y deliciosa… No desperdicies las tardes de té.

Si te quedas en un hostel, aprovecha y conoce gente nueva, prende una estufa, conecta, colabora, pregunta las leyendas del lugar.

Si estás en un rancho solo, retoma y valora el tiempo contigo mismx, descansa, aprovecha el día libre.

Si estás acompañado por amigos, disfrútense. Rían, beban, coman y amen.

Si estás con tu pareja, practiquen para lograr la mejor cucharita que puedan.

Es simple:

No hagas nada.

¿Desde cuándo no lo haces?

Y si quieres hacer algo, te dejo esta frase del libro Voces del Desierto que dice:

La mayoría [de los humanos] se muere sin saber qué se siente al estar desnudo bajo la lluvia.

Cuando llovió, yo hice esto y sobreviví.

También puedes leer la historia completa sobre ese día.

 

P.D.: Si ya fuiste al cabo, deja un comentario y sugiérenos algo, ¿qué hiciste/harías en un día de lluvia? Me encantaría que compartiéramos sugerencias :)

[12] Sonidos de Cabo Polonio

Si pudiera definir mi infancia diría que mis mayores influencias son mi madre, mi padre, mi abuela y un trombón bajo.

Tengo recuerdos nítidos de momentos en que escuchaba el trombón como soundtrack de mis sueños. Recuerdo muchas mañanas que, recién levantada, salía de mi cuardo en la búsqueda del sonido y veía a mi padre tocando en la sala de mi casa, en short y sin camisa; sentado en la silla más cercana a la puerta de casa, con el paral negro atajando las hojas sueltas de las partituras y los libritos medio roídos de esos que ni se podían ver, porque quien los perdiera se metía en un lío grande, y unas hojas de periódico en el piso que atajaban la saliva que se acumulaba en la vara del instrumento… Cuando llegaba a la entrada de la sala, me miraba de reojo, terminaba la sinfonía que estaba prácticando, soplaba y escurría la vara sobre el periódico, y mientras me sacaba el sueño de los ojos me decía ¡Mami!, ¿cafecito?

Y un, dos, tres y.


En Cabo Polonio no hay silencio.

La naturaleza también aturde si no hay un equilibrio. El mar, habla. El viento, habla. El bosque, habla. Los animales, hablan. El corazón, habla.

Hay costa al norte, sur y este del pueblo. Si el mar está agitado, se escuchan las olas del mar rompiendo sobre la orilla, si la mar ‘ta serena, se escucha el meneo del baile, el vaivén de la marea, y siempre, siempre se escuchan las olas rompiendo sobre las rocas… Una y otra y otra vez.

Y sobre las rocas, aullidos de lobos marinos. Este fenómeno es raro y tiene un parecido a la leyenda del silbón venezolana: si estás cerca de los lobos el aullido se escucha lejísimo, pero si estás lejos se escucha tan fuerte como si los tuvieras al lado.

El viento norte trae los quejidos de las riñas, estos pueden ser por causa de la toma de una roca, por los piropos de los machos de la isla queriendo conquistar a la loba hembra para procrear, pueden ser suspiros al viento, o lamentos de quienes pierden las peleas en la isla y quedan renegados a este lado de la tierra con el único fin de ser la foto perfecta y la postal del turista.

A la media noche, entre el silencio aparente, escuchas el crujir de los pasos entre la arena como si caminaras sobre mil paquetitos de galletas crujientes, escuchas a los grillos y los sapos candando ópera, escuchas tu respiración, inhalas, exhalas, tragas saliva, pasa por la garganta…baja. Ahí está el pálpito del corazón que retumba cuando ya estás sobre la cama soltando el último suspiro del día y el primero del sueño.

¿Escuchaste el suspiro también?

Escuchas el motor de los botes de los pescadores cuando salen a pescar por la mañana, escuchas las ruedas de la carretilla arrastrando la lancha por la arena, las olas retumbando entre los costados del bote, el primer chapoteo de los hombres al agua, el encendido del motor, el gruñido de los pescadores cuando se dirigen la palabra y el eco cuando están alejándose.

Por ahí escuchas las gaviotas, las golondrinas haciéndole pelea a los gatos, los teros gritando cada vez que alguien (o algo) pasa cerca del nido, escuchas a los jauría de perros que van jugando por toda la costa, el relinchar de los caballos antes de una tormenta y las chicharras que nos cuentan cuándo será la próxima lluvia.

El viento es un sonido constante, perseverante y a veces es el amigo que habla de más. Una vecina dice que el viento vuelve loca a la gente, porque habla, y mucho. Quién sabe todo lo que tendrá que decir a este pueblo el pobre viento, que no se cansa, no para ni un minuto de susurrar (o gritar).


Los primeros 15 días de Enero los sonidos cambian.

Los camiones empiezan a escupir personas sin vuelta atrás, escuchas los clics de las cámaras, los cierres de las mochilas que abren y cierran en búsqueda del efectivo, las rueditas de las maletas de avión, el motor de los camiones y el palabrerío de la multitud. Risas, llanto de bebés, hombres a las risotadas, mujeres abriendo el compacto con espejo, los vendedores contando el dinero y el pos de la tarjeta que suena piiii cuando aprueban la transacción.

Hay mucha música mezclada con dolores de ovarios, vas andando por la principal y no sabes si prestarle atención a la música electrónica del León, al mazacote de La Estación, la cumbia en vivo del Lobo, la canción que puso el pibito que iba pasando con el celular o la de mi trabajo en La Perla. Escuchas todo y nada, escuchan lo que dicen los demás y es casi imposible mantener una conversación con un amigo.

¡Mirá una estrella fugaz!, eso también se escucha, mucho.

Escuchas los besos, las risadas, los portazos, las caídas porque pelaron una bajadita, los chamullos imparables (después me extenderé en este punto), los vasos chocando cada vez que gritan ¡salú! y las botellas de vino descorchándose.

Escuchas el motor de los camiones y los pasitos de la gente caminando cuando hacer fila para volver, escuchas las últimas compras del día, las puteadas por no tener post para pasar tarjeta y el resto que se queja por no tener cajeros automáticos.

Y las cámaras haciendo clic hasta el final.


El 16 de Enero, me siento de mañanita y me tomo un café. Escucho por ahí a los turistas andando sin rumbo, preguntando al primero que se encuentren “¿sabes cómo se llega al faro?”

Y el mar chocando contra las rocas y el viento…. Incesante.

Veo a Dejeps comiendo pasto sin parar y escucho cómo el pasto se va despegando de la tierra casi hebra por hebra.

¿Será que el trombón tiene algo que ver?

¿O es que aún no me despierto del sueño?


  1. En ocasiones especiales, como algunos días que tuve, puedes escuchar el nacimiento de una golondrina, el crujir de los huevos cuando ya están listos y sus primeras peticiones de alimento.
  2. El balanceo del rancho cuando hace mucho viento.
  3. Los truenos como ecos de tambores.
  4. El aleteo de una mariposa chocándose con un vidrio.
  5. El acento francés de Piere, del Buena Vista cuando dice ¿tenemos papel para el culo?
  6. El balón de fútbol de los chicos jugando en la canchita del faro.
  7. Al brasilero que pregunta O prato da para duas pessoas? Donde é que fica o farol?
  8. Y el argentino que te dice ¿Ya está el descuento en la factura?
  9. También escucho los martillazos de George, de la selva cada vez que repara algo en el hotel.
  10. Los gritos del Panky a las 3am exclamando ¡SON TODOS PUTOS!
  11. El típico ¡Cachetimbi! Que lanza Jhony después que pasa una chica linda cerca.
  12. Y la típica puteada poloniense: ¡La puta maaaaaaaadre! el Polonio.

 

 

¿Cuando fue la última vez que viste un atardecer con los ojos cerrados? 

Te invito a ver tu primer atardecer con los ojos cerrados ¿Qué ves? ¿A quien ves? ¿Qué observa tu cuerpo?

Playa Sur, Cabo Polonio- Uruguay

Atardecer

Ya vienen los últimos suspiros del sol, el azul del mar se va cambiando a tonos rojos y naranjas, las nubes hacen fiesta alrededor del sol y hacen del horizonte su pista de baile… Está sereno, las olas se balancean como bailando un bolero y la espuma rabiosa de las olas desaparece,  porque el día se despide.

Mis pies, aferrados a la orilla de la playa, sienten el roce de las olas que ahora se encompinchan con la arena de para hacerme cosquillas. Los grumos saltarines que surgen del contacto mar-tierra me da gracia y me hunden poco a poco para que no me mueva.

Ahora tengo los pies enterrados, la piel húmeda, el culo mojado porque recién acabé de orinar y sensible, porque estoy menstruando.

Hay una brisa que se viene levemente para envolverme con una manta anti humedad y lo agradezco.

¡Ah! El sol.

Ahí está, frente a mi. Lo sé porque siento su reflejo y su calor, lo se porque entre mis párpados cerrados hay un color rojo intenso, ¿será que la ceguera tiene color?

Observo el atardecer desde la piel y con el viento de verano que me arropa, lo observó desde mis pies enterrados en la arena recibiendo golpecitos de agua caliente del Atlántico ¡qué placer!

Observó el atardecer escuchando el vaivén del agua,  también escucho los murmullos de los turistas que están detrás de mí, escucho risas a lo lejos, a un chico tocando una guitarra en el fondo, el sonido de haber destapado un termo de mate para cebar la ronda el chapoteo mal encarado de alguien que acaba de clavarse al agua.

Suspiro.

Abro los ojos, una nube se interpone en el horizonte y marca una nueva puesta de sol. El cielo ahora es violeta y veo la silueta de dos humanos haciendo Kayak, típica postal de verano.

Cierro los ojos.

Me llevo los brazos a la cabeza y entrelazo los dedos de las manos justo en la nuca, arqueo la espalda y me estiro junto con una bocanada de respiración profunda.

Hay un silencio colectivo, con excepción del mar, que siempre tiene algo para decir. Siento que el frío se incrementa y que el sol debe estar por irse… ¿Me veré muy ridícula viendo un atardecer con los ojos cerrados?  No los puedo abrir, no quiero.

Amaría que mi familia estuviera conmigo, me lo imagino, los veo sentados en la arena riéndose y tocando maracas, sonrío.

Mis párpados ahora ven colores opacos, abro los ojos. El sol ya no está…

Y mi familia tampoco.

Bueno, cada uno ve el atardecer que quiere ¿Cuál es el tuyo?

#TeCuento La tempestad de mi llegada a Cabo Polonio

Cabo Polonio. Octubre, 2016

La gente cree que porque viene 2 o 3 veces a Cabo Polinio se sabe la historia. Me da risa cuando escucho a un extranjero hablando sobre que no hay electricidad, que las casas tienen esa forma porque “x” y que es un pueblo de hippies. Hablan como si supieran todo viste.

¿Hippies? ¡La gente acá es rustica! Una persona que vive acá hace cosas que un extranjero ni se imagina… Es que si vieras cómo era Cabo hace 10 años ¡no tiene nada que ver con lo que es ahora! ¿Entendés?

Cabo Polonio. Octubre, 2016

La gente cree que porque viene 2 o 3 veces a Cabo Polonio se sabe la historia. Me da risa cuando escucho a un extranjero hablando sobre que no hay electricidad, que las casas tienen esa forma porque “x” y que es un pueblo de hippies. Hablan como si supieran todo viste.

¿Hippies? ¡La gente acá es rustica! Una persona que vive acá hace cosas que un extranjero ni se imagina… Es que si vieras cómo era Cabo hace 10 años… ¡No tiene nada que ver con lo que es ahora! ¿Entendés?

Alguien, un día cualquiera.

***

Llegué una noche de tormenta y alerta de quién sabe de qué color. Era las 20:30h y el viento parecía correr a más de 50km/h. No había luz en la Terminal del Cabo. Un ente negro salió a buscarnos y nos llamó para que entráramos a la sala de espera. Nos informaron que no había paso, la “cañada” estaba inundada y el carrito nos dejó a 1km del pueblo.

Si la gente que estaba ante’ llegaron caminando, ustedes también van a llegar, no les va a pasar nada.

Una familia de franceses, una francesa, una ronchense, un montevideano que tiene 3 años viviendo en el Cabo y yo nos arriesgamos a la aventura, no teníamos de otra. “Pero si quieren, pueden quedarse aquí a pasar la noche”, nos informó un jóven con licor de Butiá en mano. “Nos arriesgamos a ir caminando, gracias. ¿Eso que estás bebiendo es para compartir”, solté. Bebí un trago.

El frío parecía que cortara el cuerpo. Apenas me bajé del carrito para caminar, sentí la primera bofetada de viento. Me arrepentí. Ahora no me quedaba más que caminar al lado de mi mayor miedo natural.

-L, ¿me puedo agarrar de ti mientras vamos caminando? Tengo miedo.

Los  franceses no entendían español, nosotros ne parle pa francaise y ahí, ente gemidos, risas y gestos, nos comunicábamos en aquella catástrofe de viento, con el mar a nuestras faldas, espuma (¿de dónde salió tanta espuma?), con frío y sin más luz que 2 linternas de celulares para 8 personas.

El casi nativo nos trataba de guiar entre la costa. El viento impedía dar pasos limpios, teníamos los pies mojados, el cabello en la cara, la espuma hasta las rodillas y los pantalones mojados. Los zapatos de una de las francesas, antes brillantes y limpios, habían quedado tapizados de arena y agua de mar, sentí lástima, porque parecían ser caros y ella no tenía medias puestas.

Las olas reventaban casi en nuestras caras, la luz del faro (la única que se veía) apenas nos daba esperanza de una llegada segura… Con cada paso, parecía que estuviéramos retrocediendo.

Llegamos.

-Esta es la Av. Principal ¡Bienvenidos al Cabo! Los franceses se quedaron atónitos ante un camino de tierra apenas distinto del resto del paisaje. -Es que esto avenue? -Sí -respondío el chico que vivía ahí-.

“Claro, como vienen de Europa, se esperan caminos bien señalizados y avenidas de cemento”, gruñó nuestro guía.


Era mi primer día de trabajo en La Perla del Cabo. Llegué empapada, arenosa y muerta de cansancio y miedo. Apenas abrí la puerta, percibí caras largas. La Perla, estaba con la puerta rota, caracoles hasta el living y arena.

Las olas habían entrado hasta el restaurante. El techo de la casa de mi jefe se había volado. Y yo, acababa de llegar.

¿Qué haces acá?

Bueno, vine porque quedé en empezar mañana de mañana.

¡Qué momento este, chiquilina!


 

¿Te gustó?  Sucríbete. Me encantaría compartir contigo mis borradores y otras cosas lindas que me pasan. 

Punta del Diablo, más bulla que la cabuya

Bueno, cuento mi experiencia de lo que fue ir a Punta del Diablo, ese lugar que tantos me recomendaban y que terminó siendo “un lugar más”.

¿Por qué? ¡Clickea!

Bueno, cuento mi experiencia de lo que fue ir a Punta del Diablo, ese lugar que tantos me recomendaban y que terminó siendo “un lugar más”.

¿Por qué?

Antiguamente este balneario era un pueblo de pescadores, pero con el tiempo, fue creciendo, creciendo, creciendo, hasta que se convirtió en un lugar cada vez más turístico, esto pasa desde hace más o menos 5 años y en temporada explota de la gente que va.

Me atrevería a decir que la gente que vive del turismo allí, está mucho más preparada que los de Punta del Este. Hay muchos hostels para el tamaño del lugar, hay un sistema de transporte que no es el mejor, pero funciona bastante seguido y bien (en realidad son 2 o 3 tipos con vans que pasan cada cierto tiempo de la parada del pueblo, hasta el terminal) y muchas cosas que hacer.

No se hacen filas, no debes esperar mucho para que te atiendan, no es tan caro…

Feria de artesanos
Feria de artesanos

La caminería de bares y restaurantes queda frente a la playa,  es muy lindo pasar por allí y ver todas las opciones para comer o tomar mientras que al otro lado tienes la playa, esperando por ti. Disfrutando de tu visita.

Hay una feria de artesanos bastante linda y arregladita, pero con poca variedad de productos. Igual es obligatorio pasarse por ahí.

Lo mejor para mi, fueron estos que se las ingeniaron con un montón de frutas para hacer licuados, tragos y pare de contar. Estéticamente muy atractivo y de sabor, ¡Lo máximo!:

Punta del Diablo -Uruguay
La Barita de Simón -Punta del Diablo

La playa es bastante tranquila y azul, nada que las anteriores no tuvieran. Pero la vi muy sucia en comparación con otras que ya había visitado. Quizás porque había una gran GRAN charco de agua verde  en todo el medio del camino de arena que arruinaba el paisaje, y demás te daba pie a pensar que meterte al agua no era una buena opción…

¡Igual me metí! No les voy a engañar.

Pero, ahora que lo pienso, quizás lo vi así porque ya había recorrido bastante costa de Uruguay… Quizás fui en un momento no tan lindo. Quizás a la gobernación se le pasó por alto el detalle.

-Quizás, estoy exagerando –

En el momento que fui hubo mucha gente, muchos autos, muchas casas, mucho todo. Ahora entiendo a los uruguayos cuando dicen que no quieren ser más de 3 millones. Todos queremos un lugar para estar en paz.

La recomendación es sin duda que visiten el lugar, no puedo negar que está lindo el tema de la vida nocturna, el montón de hippies por ahí cantando y danzando, y las infinitas ofertas para disfrutar la noche y pasarla de maravilla.

Pero fue más el alboroto por parte de algunos conocidos para que visitara el lugar que lo que fue… Para mí.

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El Diablo Tranquilo
Vista desde el hostel El Diablo Tranquilo

Agradecimientos infinitos a El Diablo Tranquilo hostel por recibirme un par de días y darme la oportunidad de recorrer el lugar.

Valizas, el límite entre la playa y el desierto

De los balnearios rústicos uruguayos, de los pequeños y sencillos pueblos de pescadores y artesanos… Valizas, dicen, es el más hippie y rebelde.

Continúo por la costa uruguaya, en el departamento de Rocha. Ahora vamos directo a Valizas.

Comienzo con una frase del portal de Valizas:

De los balnearios rústicos uruguayos, de los pequeños y sencillos pueblos de pescadores y artesanos… Valizas, dicen, es el más hippie y rebelde. Por encontrarse frente al océano Atlántico, entre extensas playas, un arroyo y enormes dunas… la de “la Barra” es, para muchos, la costa más impactante. La bohemia y natural Barra de Valizas armoniza un paraíso de tranquilidad y libertad, con la movida nocturna artística y las opciones del ecoturismo.

¿Recuerdas que en mi post sobre Cabo Polonio dije que una de las formas de llegar hasta el pueblo era atravesando las dunas? ¡Bueno, estas son! Por aquí te vas por la costa o atravesando el mini desierto y en 3 horas ya estás en el cabo.

Valizas, es unbalneario muy rústico que muestra toda la inmensidad del mar, un riachuelo que trae el agua del campo hace una laguna que divide las dunas de la playa y una muralla de arena que te hace ver chiquitito como una hormiga ante tanta inmensidad. Tres paisajes en un solo lugar.

Dicen sobre el nombre…

(…) cuentan que hubo bandidos que ponían luces en la costa simulando un puerto para que las embarcaciones se estrellaran y pudieran saquearlas, de ahí “Valizas”.

Náufragos (a causa o no de estos bucaneros) y oriundos de la zona construyeron sus ranchos junto al arroyo y en los arenales, frente al mar, atraídos por la abundante pesca y la faena de lobos en el vecino Cabo Polonio. El incremento del turismo vinculado a la pesca y la naturaleza contribuyó al abandono de la faena y al incremento de una población orientada a estas actividades.

Vista panorámica de Valizas
Vista panorámica de Valizas

Como todo pueblito de Uruguay, Valizas consta de una sola calle que mueve todo el turismo de la zona. Las casitas sencillas y humildes le dan un toque rústico que queda muy lejano de lo que viví en Punta del Este. Pero necesario.

Playa de Valizas y las dunas
Playa de Valizas y las dunas

Valizas ha sido de mis lugares favoritos de Uruguay. Incluso más que el Cabo. Es que tiene una magia natural ligada a civilización que te sorprende. Sus tres atmósferas son perfectas para las fotos y, extrañamente, el mar es mucho más cálido que el resto de la costa que visité.

Lo único malo fue no poderme quedar en el lugar. Esta visita fue fugaz, pero bastante oportunida e impactante. Igual si se quieren quedar hay un montón de lugares.

Amé Valizas, espero volver muy muy pronto. Definitivamente, mi querido amigo Santi me dio un excelente consejo.

¡Nos fuimos pa’ Punta del Diablo!

Cabo Polonio, el lugar que me permitió ver la galaxia

Definitivamente, Cabo Polonio es de los lugares más lindos que he visitado. No se compara con nada. Es un lugar virgen en todo su esplendor y espero que siga así por mucho tiempo más.

Cabo Polonio, es un balneareo ubicado en el departamento de Rocha, Uruguay. Es Patrimonio Natural de la Nación, aunque creo que el nombre le quedó pequeño.

Pero como todo lo que trae este paicito, este lugar te llena de sorpresa en sorpresa desde que decides comprar el ticket para ir, hasta que te devuelves.

Hay dos formas de llegar al lugar:

  • La primera es caminando a través de las dunas de Valizas. Son 8 km recorrido que dura aproximadamente 2h30 o 3h y que tiene que ser tempranito, porque si no, el sol te devora entre la arena.
  • El segundo recorrido fue el que hicimos nosotros: tomar un Jeep. Sé que no suena nada divertido, pero era la única opción que nos daba tiempo para recorrer y conocer  un poco.  La travesía dura aproximadamente media hora de camino en ese carrito… Menos mal que nosotros tomamos unos buenos asientos y pudimos captar este tipo de cosas:

DSC03949Ahí nos quedamos en El “Hostel del Cabo” por solo una noche. Este hostel queda justo frente al mar y no saben lo céntrico que es. Desde allí no se ve el atardecer, pero si caminas un poquito hasta la playa que queda detrás del hostel, puedes ver la hermosura de atardecer que se aparece por el cabo.

Maravillas de “El Cabo”

Este lugar tiene cosas muy peculiares: La mayoría de las casas son de colores, y algunas de ellas tienen todos los colores de la bandera de la diversidad. Esto me pareció un recibimiento absoluto, porque no importa a quién amas, lo importante es AMAR, y respetar claro.

Hay dos playas imponentes que envuelven las tierras del Cabo entre el agua salada, ambas son hermosas, limpias y perfectas.

En una parte de la costa, puedes ver el faro, que tiene un mirador 360° donde puedes apreciar absolutamente todo el pueblo, allí, a la orilla de las piedras… Leones marinos rugiendo, que los tendrás tan cerca como nunca, ya que al fin se toman la siesta de la tarde muy tranquilos para dejarse admirar .

La otra costa no muestra nada más que la inmensidad del mar y el pueblo a lo lejos.

El Faro -Cabo Polonio
Vista panorámica desde el faro

Las casas ni el pueblo tienen electricidad, así que tuvimos que hacer todo el recorrido rápido. Lo bueno es que acá anochece a las 21:00h, así que nos rindió lo suficiente.

La frutilla del postre fue el anochecer. Cuando el sol se ocultó aplaudimos como focas el final de su reflejo, todo el pueblo lo hizo. Allí nos quedamos a la orilla de la playa, viendo cómo cada estrella aparecía una después de la otra, hasta que nos dimos cuenta de que estábamos iluminados por MILLONES DE ESTRELLAS.

(No tengo fotos de las estrellas. Me quedé sin batería en la cámara y, como recordarán, no hay luz en el pueblo)

Era tanta mi impresión sobre la noche, que tuve mucho miedo. Era la primera vez que veía la galaxia… Tal cual como la había visto en los libros.

Fue la noche más increíble que pude ver en mi vida.

Hasta que tuve que volver al hostel, allí si que tuvimos que tener cuidado, porque había excremento de caballo por todos lados y no queríamos embarrarnos.

Definitivamente, Cabo Polonio es de los lugares más lindos que he visitado. No se compara con nada. Es un lugar virgen en todo su esplendor y espero que siga así por mucho tiempo más.

Una vez más, Gracias Uruguay!

Leones marinos tomando sol en el cabo
Leones marinos tomando sol en el cabo

Seguimos el recorrido… Valizas nos espera!