NOCTILUCAS en Cabo Polonio, uno de los tantos fenómenos que explican el #UruguayTeQuiero

Buen día,

Me gustaría hacer una reserva para una habitación doble, pero antes quería saber si es posible que me digan cuándo habrá noctilucas, pues mi novia nunca las ha visto y me gustaría darle la sorpresa.

Gracias,

Fulano de tal.


Después de haber hecho una caminata magistral desde la playa norte a la sur, atravesando las dunas y bordeando el bosque de Cabo Polonio, vuelvo al pueblo sobre el atardecer y,  justo cuando estaba entrando a la Av. Ppal, veo una figurita menuda girando la cabeza cual ventilador, con los ojos desorbitados y la sonrisa congelada… Era M. 

M., es un personaje menudo y fino como una varita de terciopelo que camina como flotando, siempre con una mochilita a la espalda.  De esas personas que cada vez que las vez tienen una nueva lista de reproducción de palabras suburbanas y cuentos increíbles. 

Era la primera vez venía al cabo y había comenzado con el pie derecho al haber tomado el mejor puesto de todos: arriba del camión, en la esquina. Le hago señas con la mano desde la colina del puente de los gemidos y sin más que un par de miradas a distancia ya nos habíamos ubicado.

¿Qué se podía hacer en Cabo Polonio a las 5.30pm con una persona que nunca había venido?

Ir al sillón de la sur.

El “Sillón de la Sur”, es una formación natural de rocas que para ser un sofá solo le falta el acolchado y un par de almohadones. Es el living natural de la playa, que cuenta con vista HD al atardecer más increíble, brillante y colorido que vas a ver alguna vez en la vida… También tiene otras funciones, algunos suelen sentarse a ver la puesta de sol, beber, charlar y, dependiendo de la hora, el tipo de charla y la bebida, se presta para encuentros más carnales.

Y si te invita un poloniense, es el truco para enamorar a cualquier turista.

En nuestro caso, solo íbamos a ver el atardecer.

Como guía turística me muero de hambre, pero me encanta hacer el show e intentarlo, aún cuando sé que siempre me olvido de cómo llegar al lugar o cómo se llama… Menos mal que entre la búsqueda del sillón, M. Linn, la autora de la foto de este post, escuchó mi voz y saltó de la nada con un “¡qué haces Sina!” y no quedé tan desubicada.

La tormenta del día anterior había dejado el mar impetuoso, fuerte. Me sorprendió la cantidad de agua que sostenían las olas para formarse y la espuma que soltaban al romper, que por cierto estaba blanquísima, y quedaba regada por toda la zona rocosa como dientes de león entre el barro.

El sol bajaba tranquilo, marcando el paso del tiempo sin apuros, perfecto para disfrutar a plenitud de su despedida. Vimos con claridad cómo esa bola de fuego inclemente, de repente perdía la intensidad, y el amarillo se tornaba naranja, y el naranja en rosa eléctrico -para ese punto podíamos ver la silueta del sol perfecta-, para luego desaparecer.

En contraste, el cielo pasaba de azul a violeta. Vimos el rayo verde de Cortázar, pero no nos enamoramos de nadie. Vimos las nubes naranjas nítidas navegando cual barcos flotantes. Y, de un momento a otro, ya veíamos chispear las primeras estrellas.

M., no había visto un atardecer en un par de meses así que en el proceso enmudeció y ahí nos quedamos en silencio, sentadas en el mejor lugar del Cabo, observando y apreciando el momento sin siquiera mover un dedo ¡qué lindo poder ver este fenómeno sin pensar en el celular, y qué importante que es vivirlo!

Quedamos ahí, mutando, quién sabe por cuánto tiempo, para cuando reaccionamos, Linn ya se había ido. 

De repente, un rayo flúo azul apareció entre la ola.

¡Marica, NOCTILUCAS! Grité. No, no. No puede ser, me respondí. Seguro es una linterna que justo hizo reflejo y se vió así.

1 min después. Otra chispa flúo.

M., dice ¿viste eso? ¿Esas son noctilucas?

No sé, le respondí. Ya había visto noctilucas, pero nunca las vi tan cerca, tan iluminadas, nítidas y tan sorpresivamente.

Observo directo al mar, justo donde se formaba la ola, me voy al detalle:

Vi cómo el agua se juntaba para formar una masa corpulenta, altísima y masisa. Minusiosamente detallé ese instante en que la gran masa, pasó a tener forma de ola y formaba un tunel de agua natural. (¿¡cómo me había perdido antes de este proceso tan hermoso!?) y ahí, entre medio del cuerpo de la ola y la cresta de espuma, allí entre la nada y el todo, apareció una serie de luces azul flujo que permanecieron prendidas hasta que la gravedad y la fuerza del mar hicieron que rompiera. 

¡SON NOCTULUCAS, SON NOCTILUCAS! gritábamos.

Las noctilucas son dinoflagelados (una especie de alga), organismos unicelulares que miden alrededor de un milímetro y que se alimentan de plancton vegetal. Como la mayoría de los organismos bioluminiscentes, emiten brillo como resultado de una reacción bioquímica: el oxígeno oxida una proteína llamada luciferina y el ATP (adenosín trifosfato) proporciona energía para una reacción que produce agua y luz.

Los ojos se me llenaron de lágrimas, pero no lloré. El impacto y la adrenalina  me provocaron dar un salto y junto a M., comenzamos a saltar sin parar abrazadas, girando sobre nuestro propio eje, riendo a carcajadas, felices, incrédulas.

Reparé que ni siquiera era totalmente de noche, la luna estaba creciente y con tanta luz que veíamos nuestra sombra,  y aún así seguíamos viendo aquellas lucecitas flúo nacer entre la cresta de la ola.

Para cuando volteo la mirada hacia la costa, las cientos de olas que iban a reventar a la orilla, iban cabalgando campantes con sus crestas azules en movimiento. 

¿Somos las únicas que estamos viendo esto? Preguntó M.

Algunas familias habían salido de sus ranchos para averiguar el por qué de los gritos, pero estaban tan encandilados por la luz de sus casas que los veíamos salir y entrar de nuevo sin entender nada de lo que estaba pasando.

Parece que sí, dije. 

El motivo por el que estos organismos gastan su energía en producir luz es aún desconocido. No poseen órganos sensibles a la luz, por lo que no pueden percibirla como una señal. Existe una hipótesis según la cual se iluminan para exponer a sus depredadores a la vista de peces más grandes y así deshacerse de ellos.

Foto de Guzman Infanzon.
Foto de Guzman Infanzon.

Estábamos en medio de un cuento de hadas, éramos las sirenas entre las rocas, rodeadas de un fenómeno que nunca se sabe cuándo va a pasar, que no está en cualquier parte del mundo y que, además estaba sucediendo con luna y al final del atardecer.

¡Nos sentimos tan afortunadas! ¿Sabes cuántas personas ni siquiera han visto el mar? Quienes lean este post seguro que hasta estarán aburridos de hacerlo, pero somos minoría. Y además, ver el mar junto con este fenómeno galáctico, es… Galáctico, mismo. 


El mail de Fulano de tal, llegó un día antes de que aparecieran las noctilucas. Cuando la recepcionista nos contó, reímos todos a carcajadas, ¡era imposible saber eso! 

Pudimos haberle mentido en juego diciéndole que al día siguiente iba a poder ver las noctilucas, pudimos haberle dicho que viniera igual, que nunca se sabe, si Fulano no hubiese dudado, pudo haberle dado la sorpresa a su novia.

Pero Uruguay es así, una incertidumbre. Una caja de pandora que va revelando sus misterios cuando quiere, no cuando lo buscas. Por eso hay que tener los ojos abiertos, estar atentos y no esperar nada, porque las cosas increíbles de este paícito llegan solas.

Nunca duden. 

#GraciasUruguay, te quiero. 

Foto de Guzman. Cabo Polonio. Luces de mar, Valizas y Punta del Diablo.
Foto de Guzman Infanzon. Cabo Polonio.

* Los datos sobre las noctilucas los copié de acá

¿Cómo le describirías a alguien que nunca pisó Uruguay, cómo es Cabo Polonio?  

Esta pregunta me la hizo un amigo después de haberle descrito a mi abuela cómo era el lugar donde estaba viviendo ahora.

Abuela, estoy en un pueblo que está como a 5 h en bus desde la capital de Uruguay. Es rústico, aislado de la rutina de ciudades. En invierno viven 70 personas nada más ¡imagínate!

No tiene electricidad, todo funciona con plantas eléctricas, paneles solares o candelabros y la oscuridad permite ver toda la galaxia. Estrellas al infinito, la noche más oscura o más clara dependiendo de la luna… Por cierto que ¡nunca vi tantas estrellas!  Tampoco vi tantos atardeceres tipo documental de África, ni salidas de la luna por el mar, ni puestas de luna… Es increíble.

Te encantaría estar aquí, hay gallinas, patos, gansos, botes pesqueros, caballos y lobos marinos. Está como para que te orilles* y te tomes algo tranquilita…es más, si vienes te veo viviendo acá, es todo rústico como te gusta, así como la señora del recorte de periódico que tienes en tus libros ¿sabes? la que tenía a sus gallinas y tu decías que algún día querías estar como ella, viviendo con lo que necesitas,  comiendo en platos de peltre y tus 10 gallinas.

Feliz.

“No me convence mucho tu explicación”, me interrumpió mi amigo cuando le conté.

Es que, estoy pensando que cuando vuelva a España, voy a tener que explicarles a todos mis amigos y a mi madre todas las cosas que vivo acá, y no quiero que me hagan preguntas o que me digan que soy un hippie, por las sensaciones que les voy a describir, ¿si me entiendes?  Por ejemplo, el día de la luna llena y vino el lobo marino y tal… ¿Cómo le digo a mi madre que fue mágico? Y que me entienda ¡esa es la parte difícil.

No hay descripción para las sensaciones del Cabo. Sí podes describir que hay noches de luna nueva que te paralizan de tanta oscuridad en la tierra y brillo de estrellas en el cielo. Puedes decirle que este lugar te permite aislarte y concentrarte más en el presente y en el valor que tiene la naturaleza. Puedes hablar sobre los personajes del Cabo, que acá viven solo 70 personas y que esto generó 70 personajes de película, que cada uno se hizo su casa, que tienen las manos grandes y con cayos de tanto trabajar,  que fruncen el ceño y tienen la boca doblada a un lado de tanto gruñir…

No. Porque me va a preguntar por qué la gente es así o que qué es eso de vivir el presente,  o cualquier otra cosa ¿sabes?  Y no quiero responder preguntas. No sé cómo explicarle eso…

Entonces, me parece que lo que tienes que hacer es buscar puntos de comparación con otros países o regiones que tu madre conozca y a partir de eso, empezar a contarle cosas, lugares o emociones con las que tu madre se sienta identificada. Por ejemplo, a mi abuela le gustan las gallinas y los animales, si yo no le digo eso, a ella no le hubiese emocionado el lugar.

Para generar una sensación, busca ese “algo” que le genere emoción al que escucha.

Imaginate un lugar aislado de la ciudad,  donde trabajas en lo que te gusta,  te pagan,  tienes casa y comida asegurada y además te desconectas del ritmo de la ciudad y te rodeas de naturaleza. 

Imaginate un lugar que veas por donde lo veas es playa, dunas, cielo azul saturado y zonas de pasto verde y que tengas acceso a infinitas salidas y puestas de sol y de luna. 

Imaginate, que como no hay electricidad (mejor dicho, hay acceso limitado) puedas mirar el cielo lleno de estrellas con colores y todo… Y que te acuestes en la arena mirándolo y se te acaben los deseos de tantas estrellas fugaces que vas a ver. 

Imaginate, un lugar en el que vives tranquilo, sin apuro y contento, como en un sueño. 

Y cierres los ojos y de noche escuches hasta tu respiración… Y te duermas con el aullido de los lobos marinos, el viento soplando y el mar. 

Como una mezcla entre los atardeceres en el malecón de Choroni, el silencio del Pico Naiguatá de El Ávila, las playas como maracas beach en Trinidad y Tobago y las dunas de Coro. 

Eso en un solo lugar. 

¿Ves? Eso es Cabo Polonio.



Pd. Quiero leer tu descripción. 

#TeCuento Sobre ver una tormenta eléctrica a orilla del mar

Seguro que entre la lista de cosas increíbles que me han pasado en la vida está el check de una tormenta eléctrica en Cabo Polonio.

Todo comenzó como de costumbre: lluvia, viento, el mar crecido, truenos y relámpagos. Los rayos caían al mar iluminando la penumbra y prendían la luz natural del pueblo por segundos.

Desde el balcón de la habitación, se divisaba la tormenta. E. y yo nos sentamos a la luz de la velita que habíamos agarrado del trabajo, allí nos quedamos en silencio viendo, a través de es de la reja de madera, la dinámica de los rayos. Bailaban al son de las olas y el tumbao del trueno, desplazándose entre las dunas de Valizas, el horizonte del mar y la orilla de la playa.

Nos hicieron un show casi íntimo, nos coquetearon en la cara. Nos dieron vuelta la mirada y nos enamoraron…

¿Querés dar una vuelta?, preguntó E.

La lluvia había parado, el viento dio un descanso. Agarramos los abrigos y nos adentramos en la penumbra.

Caminamos por la avenida principal del Cabo hasta el terminal de jeeps, con miedo y acompañadas de un espectáculo natural.

Como por inersia  nos detuvimos frente al mar y ahí, de nuevo en silencio, los rayos nos invitaron a danzar con la mirada y los seguimos por un rato, atónitas, enamoradas de lo que la naturaleza nos mostraba.

Cada rayo, hizo de la noche más oscura y tenebrosa, un día resplandeciente. Cuando caían, podíamos ver el azul del mar, el dorado de las dunas, los caracoles de la arena, el rojo de la chaqueta de E. y el cielo gris.

Impresionante todo lo que se puede ver en segundos. Impresionante que no llovía. Impresionante el miedo que teníamos y que, a pesar de todo, algo nos motivaba a estar ahí paradas.

De repente, un estruendo sacudió el cielo y vimos un rayo aparecer en el horizonte, corrió hasta nosotras y terminó su camino justo encima de donde estábamos. El estómago se me hizo un nudo y escupí un gemido que quedó entre la sorpresa y el miedo.

¿Sentiste eso?  Dice E.

Sí.

¿Nos vamos?

Sí.

#TeCuento La tempestad de mi llegada a Cabo Polonio

Cabo Polonio. Octubre, 2016

La gente cree que porque viene 2 o 3 veces a Cabo Polonio se sabe la historia. Me da risa cuando escucho a un extranjero hablando sobre que no hay electricidad, que las casas tienen esa forma porque “x” y que es un pueblo de hippies. Hablan como si supieran todo viste.

¿Hippies? ¡La gente acá es rustica! Una persona que vive acá hace cosas que un extranjero ni se imagina… Es que si vieras cómo era Cabo hace 10 años… ¡No tiene nada que ver con lo que es ahora! ¿Entendés?

Alguien, un día cualquiera.

***

Llegué una noche de tormenta y alerta de quién sabe de qué color. Era las 20:30h y el viento parecía correr a más de 50km/h. No había luz en la Terminal del Cabo. Un ente negro salió a buscarnos y nos llamó para que entráramos a la sala de espera. Nos informaron que no había paso, la “cañada” estaba inundada y el carrito nos dejó a 1km del pueblo.

Si la gente que estaba ante’ llegaron caminando, ustedes también van a llegar, no les va a pasar nada.

Una familia de franceses, una francesa, una ronchense, un montevideano que tiene 3 años viviendo en el Cabo y yo nos arriesgamos a la aventura, no teníamos de otra. “Pero si quieren, pueden quedarse aquí a pasar la noche”, nos informó un jóven con licor de Butiá en mano. “Nos arriesgamos a ir caminando, gracias. ¿Eso que estás bebiendo es para compartir”, solté. Bebí un trago.

El frío parecía que cortara el cuerpo. Apenas me bajé del carrito para caminar, sentí la primera bofetada de viento. Me arrepentí. Ahora no me quedaba más que caminar al lado de mi mayor miedo natural.

-L, ¿me puedo agarrar de ti mientras vamos caminando? Tengo miedo.

Los  franceses no entendían español, nosotros ne parle pa francaise y ahí, ente gemidos, risas y gestos, nos comunicábamos en aquella catástrofe de viento, con el mar a nuestras faldas, espuma (¿de dónde salió tanta espuma?), con frío y sin más luz que 2 linternas de celulares para 8 personas.

El casi nativo nos trataba de guiar entre la costa. El viento impedía dar pasos limpios, teníamos los pies mojados, el cabello en la cara, la espuma hasta las rodillas y los pantalones mojados. Los zapatos de una de las francesas, antes brillantes y limpios, habían quedado tapizados de arena y agua de mar, sentí lástima, porque parecían ser caros y ella no tenía medias puestas.

Las olas reventaban casi en nuestras caras, la luz del faro (la única que se veía) apenas nos daba esperanza de una llegada segura… Con cada paso, parecía que estuviéramos retrocediendo.

Llegamos.

-Esta es la Av. Principal ¡Bienvenidos al Cabo! Los franceses se quedaron atónitos ante un camino de tierra apenas distinto del resto del paisaje. -Es que esto avenue? -Sí -respondío el chico que vivía ahí-.

“Claro, como vienen de Europa, se esperan caminos bien señalizados y avenidas de cemento”, gruñó nuestro guía.


Era mi primer día de trabajo en La Perla del Cabo. Llegué empapada, arenosa y muerta de cansancio y miedo. Apenas abrí la puerta, percibí caras largas. La Perla, estaba con la puerta rota, caracoles hasta el living y arena.

Las olas habían entrado hasta el restaurante. El techo de la casa de mi jefe se había volado. Y yo, acababa de llegar.

¿Qué haces acá?

Bueno, vine porque quedé en empezar mañana de mañana.

¡Qué momento este, chiquilina!


 

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¿A qué casa vuelve un inmigrante viajero?

Tuve mucho tiempo desconectada de la escritura sentimental, esta que me mueve y que me lleva a hacer que tú/vos vibres y me cuentes qué sentiste con este montón de palabras que tiro acá en el blog.

Al menos es mi intensión.

Para reconectarme con esta maravilla que es el papel y el lápiz o el teclado y los dedos, revisé mi última lección del taller de escritura de viajes con Norte de Papel. En realidad, terminó hace unas semanas (me parece que un mes), pero yo no le quería dar fin. En mi escritorio de la computadora, veía el PDF pidiendo a gritos ser leído y yo lo ignoraba abriendo Google Chrome.

Hasta que en estos días, lo leí y ¿a que no saben de qué hablaba? 

“Narrar un viaje de regreso”

Vibré.

Ya sabía que había algo extraño en este nuevo regreso a Uruguay. Fueron 6 meses curtiendo otras tierras, masajeando otra moneda, oliendo otros vientos.

¿Cómo narramos un viaje de regreso? Dicen que el alma tarda muchos días en volver. El cuerpo llega a Estambul y siente una especie de delicia en las mezquitas y en las formas a contraluz pero el alma es rebelde. Ella sigue en el departamento de cortinas rojas en Roma(…)

Siento un cosquilleo desde los dedos hasta la punta del cabello. Y a medida de leía, me daba cuenta de que en realidad mi alma no había regresado del todo a Uruguay. Como que estaba llegando fragmentada.

Descubro.

¿Dónde está mi alma? ¿Cuándo regresé? ¿Qué siento?

***

Tengo un defecto: no hago planes. Puede ser que muchos lo vean como la mejor forma de vivir la vida y estar a plenitud, pero en realidad, esta fase solo funciona cuando perteneces a un país normal que te recibe con la casa de tus padres esperándote puertas abiertas con comida calentita.

Como soy inmigrante, me tocó volver a una casa que no es mía, a un país que tampoco es mío en un momento que quizás era -o no-el adecuado.

Después de 6 meses en Brasil y  uno en Venezuela, volví a Uruguay con la incertidumbre en la mochila, con miedo y ansias de reencuentros, con 3 días usando la misma ropa, con un olor a Caribe que no se me quitaba y mascando un chicle en portugués.

De Brasil a Venezuela, de Venezuela a Brasil

¡Puaj!

Tenía 2 años sin volver a Venezuela hice un post con todo el detalle de lo que sentí al volver, pero me parece necesario repasar esa emoción de nuevo.

Después de que te vas de tu país, dejas un poco de “ser” y te transformas de una mezcla entre lo que eras y tu nuevo yo. El proceso de adaptación te hace ver otras cosas. Cuando eres inmigrante y Venezolano la vida se pone un poco complicada, hermosa, tormentosa, dramática, nostálgica, increíble. Vives cada momento como algo totalmente nuevo, es un cambio radical de vida. En mi caso, lo mejor que puede pasar.

La nostalgia siempre está, el verbo extrañar se pasa de vez en cuando para sacarte algunas lágrimas. Y cuando llega el momento de volver a esa vida que dejaste…  resulta que es

in-cre-í-ble-men-te difícil.

Porque cuando lo enfrentas, la emoción del reencuentro dura unos pocos días. Después que pasa el furor de la fiesta de bienvenida y todos vuelven a sus vidas y tareas cotidianas, te despiertas de la realidad y observas que nada cambió.

Todos siguen haciendo lo mismo, tu “casa” está igual, tus padres, tus amigos, tus vecinos. Algún que otro cambio táctico de casamientos, hijos, etc., y tú ahí siendo testigo de este acontecimiento que es la nada. Con una mochila de historias, personajes, viajes, comidas, cuentos y sentimientos que quieres cantar a vox populi, pero no lo haces, porque: a nadie le importa, es delicado y, sobre todo ¿cómo lo explicas?

Tu casa, siempre va a ser tu casa. Pero cuando migras y vuelves te preguntas  ¿Dónde estoy? ¿Es esta mi casa de verdad? ¿Dónde esta Uruguay (mi caso)? ¿Dónde están las historias para contar? ¿Por qué no pasa nada nuevo?

Disfrutas a tu antiguo modo, cosntruyes lo que eras. Lo haces con amor y cariño y guardas las vivencias para cuando vuelvas ¿a casa?

***

Volví a São Paulo. Para el final de mi viaje en Caracas (léase que no había vuelto a casa, fue un viaje) ya estaba debatiéndome entre la dicha de la entrega familiar y la duda ante lo nuevo que me esperaba en Brasil.

¿Cuál es el polo opuesto de la zona de confort? Ahí estaba yo.

Volvía de un viaje sagrado, interno y lleno de amor familiar rumbo al desconocimiento.

Me arriesgué.

***

Salí un día nublado de Vila Mariana en São Paulo. Me despedí con una felicidad dudosa, como incompleta. Todavía no me había aburrido del “Bom dia” al levantarme; aún no me había cansado de ver la amplitud de la Av. Paulista, ni me había tapado las orejas al escuchar “Bom dia moça! Você precisa de alguma coisa? Todo a um real, todo a 1 real!!!” de los vendedores de la feria de los miércoles.

¿Por qué me tenía que ir? Aún mi cuerpo no tenía tanta celulitis como para dejar de comer pastel  de feira ni pão de queijo; el

Polaroid CUBE
Sao Paulo vista desde el Edif. Italia

smog no había saturado tanto mi nariz ni mis ojos. ¿Y si se me olvida cómo se ve SP desde el Edif. Italia? Déjenme ver otra vez esa selva de cemento desde las alturas, al menos para reiterar por qué me voy.

 

Hasta hace unos días me ardía el cuerpo de aquellos domingos de Rodas do Samba en Vila Madalena, ahora que recuerdo, se me enfría la mano creyendo que aún sostengo la cerveza Original de medio litro, la que bebí de a pico un día y un señor me dijo que eso “estaba mal visto, porque solo lo hacían las personas ebrias o las putas”.

No me dijo “putas”, pero casi.

En mi pueblo, se toma de a pico ‘e botella, señor. Lo siento.

Camino por Palermo y aún siento la presencia de los edificios de 20 pisos de alto, a pesar de estar rodeada de casas viejas increíbles. A veces me asomo a la puerta de casa y siento que ahí va a estar el árbol de flores de primavera que tenía en mi “casa” en SP, el de flores moradas radiantes que estaba apresado entre una cerca, un cableado eléctrico que hacía arder la vista de solo mirar y el edificio de ventanas minúsculas.

Aún me pregunto por qué la gente vivía en aquel edificio nefasto, ni siquiera podían asomar la cabeza en la ventana.

Pero ese árbol, le daba vida a toda la calle.

A veces, me levanto y escucho la voz de An. hablándome de su hija, de su nieto que está criando, de su madre desaparecida, de ella, del café que había hecho R. “Nossa que ruim que esta este café!”

Ahora tengo la bici y tengo sed de recorrer el Ibirapuera, aunque lo hice a pie. Pero no es lo mismo.

¿Qué habrá sido de todas las caipirinhas que no me tomé? ¿Y de los millones de lugares que nunca visité? ¿Me estarán esperando? ¿Querré ir?

Ahora voy en el ómnibus vía La Unión en Montevideo. A través de la ventana veo la calle, toda gris, con los árboles secos y “palúos”, la gente con capas de abrigos, a pesar de que no hace tanto frío y la nadie misma en las aceras, porque somos 1 millón y medio en la ciudad.

Me da gracia, porque esta imagen también me lleva a mis días en el Metro de São Paulo, y me doy cuenta de que el metro no lo extraño ni un poco, qué triste ir de un lugar a otro sin poder ver por la ventana.

Lo que sí extraño es el contenido: el olor a café con leche y pão de queijo (tengo una obsesión), la diversidad de culturas, idiomas, colores de piel, de géneros, estilos y formas.

Me encantaba ver a las chicas con labial violeta, azul o verde a plena luz del día. Las cabezas con cortes radicales, rapados, diseños, y colores diversos. Pero sobre todo, me encantaba ver a la gente tocándose sin miedo. Amaba cuando los homosexuales se besaban y se arrecostaban todo en medio de las puertas de salida y ni una mirada extrañada subía la ceja.

Impensable en Caracas. Impensable en Montevideo.

Éramos todos fantasmas, en una sociedad de 20 millones de habitantes.

Polaroid CUBE
Fantasma de S. en Vila Madalena

Ahora que el bus pasa por un shopping, agradezco no haber invertido tiempo en los de SP. Era como entrar a una ciudad dentro de otra ciudad. Como matrioska.

¿A dónde se fueron los graffittis? ¿Dónde están esas tipografías valiosísimas que dan identidad a la ciudad? ¿Y la saturación de color? ¿Dónde está el arte abarrotado por todas las esquinas? ¿Y el amor?

Me levanto.

¿Por qué todos me ven? Y recuerdo haber atravesado mil almas apresuradas en aquella ciudad furiosa, sin mirarnos, sin sentir al otro, sin observar.

¿Extraño?

Recuerdo que mientras estaba en SP pasé horas, días, momentos, pensando en La Rambla, en mis amigos/familia, en CreativeMornings, en la tranquilidad, en la vida que había construido acá, en la naturaleza, en la magia de Montevideo.

Me fui de Brasil un día nublado y regreso a Uruguay un día de lluvia constante, la que limpia la tierra y el cuerpo. El paisaje de cemento ahora era un campo de futbol natural con vacas.

Vuelvo a un lugar que conozco bien, que siento mío, pero no lo es ¿o sí?

De nuevo, vuelvo a un país que no es mío, a una casa que no es mía, a una nueva vida inmigrante.

Siempre he sido inmigrante.

***

Regresé y veo aquellos restos de lo que fui, escucho las risas que compartí y seco lágrimas que derramé quién sabe por qué, por quién o cuándo.

Me observo en la ciudad, la siento y la saboreo.

Me gusta encontrarme en esas esquinas conocidas y tomar una pieza de lo que fui para juntarla con lo que soy para recordarme.

Como decía M., en Norte de Papel: cuando vuelves, hay que hacerlo despacio, hay que comer liviano y dejar que el cuerpo arranque cuando pueda. Sin forzar nada.

Hay que dejar que pasen algunos días, cerrar los ojos, respirar, sentir el aire y el nuevo lugar que ahora te rodea.

Yo sé que volví, pero no sé si volví a casa, no sé si tengo una o tengo muchas. No sé si algún día voy a regresar, porque en mi intento de “volver a casa”, siempre vuelvo a lugares ajenos. Conocidos, sí, pero ajenos.

Y cuando ya siento a MVD como mía, me toca irme de nuevo.

DSC04005
Cabo Polonio, Uruguay

¿Será que algunos nacimos para ser eternos inmigrantes?

Quiero leer sus regresos.

 


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Cualkier Guayaba, el nacimiento de un colectivo de circo desde ADENTRO

¿Qué pasa cuando le ponemos atención a nuestro interior? ¿Qué mochila cargamos? ¿Cómo nos mostramos?

 

ADENTRO es la historia del colectivo Cualkier Guayaba (con “K”). Una pieza escénica contenida por acrobacias, danza, teatro, clown y manipulación de objetos. Una metáfora, una forma de expresión que representa todas las etapas que Kellyns, Alejandra, Cecilia y Diego tuvieron que vivir después de haber dicho “sí” al compromiso de dedicar una parte de su vida a hacer circo.

Cualkier Guayaba, tienen un año de haberse conformado, pero dentro y fuera del circo, sus vivencias, oportunidades y fortalezas los han consolidado tanto como un grupo de más tiempo.

Ya se habían presentado en el Encuentro Internacional de Circo 2016 en el mes de Septiembre, y los días 16 y 17 de octubre se dio la oportunidad  de presentar su obra, en el Teatro Florencio Sánchez en El Cerro.

Adentro, es una pieza escénica construida con base a distintos lenguajes y herramientas de un colectivo dispar. Partimos de lo que ya tenemos, usamos y transformamos lo que somos y lo que habita en nosotros.

La nariz roja

La historia gira en torno a Amarella. Ella es una clown que carga con una mochila pesada llena de objetos, historias, miedos, complejos y un pare de contar que apenas le permite moverse.

Es la que da el nacimiento a las Guayabas, la que teme, acepta, cuida, mima, abraza y fortalece. Amarella es la vida implícita que surge en medio de un grupo de personas que deciden hacer lo que aman, es quien lleva los problemas, las virtudes, las derrotas, las peleas y las celebraciones.

Ella es la historia de los personajes. Los personajes son ella misma.

“Entrega, confianza y disfrute”

El nacimiento

“Agradecemos apagar todos sus teléfonos celulares en consideración con los artistas que se van a presentar”.

Silencio.

Amarella sale al escenario arrastrando muebles, sillas y mesas cargadas a sus espaldas. Da tres vueltas en círculo sin rumbo fijo. En paralelo, seis personas salen envueltas en una tela que simula una placenta, todos se están gestando, preparándose para salir. El escenario era el útero. Amarella era el escenario.

Los músicos son los primeros en abrirse paso y salir al mundo exterior dejando atrás una tela de tul que los cubría.

Solo quedan las Guayabas dentro de la placenta. Amarela siente los síntomas de parto, respira, pare a uno. Siente ganas de defecar, defeca a otro.  Siente ganas de vomitar, vomita al último.

El tul, siempre presente.

Y así nació Cualkier Guayaba.

Fue la escena más difícil de ensayar, ¿Cómo voy a dar a luz a alguien que ya nació? ¿Cómo lo hago si no lo quiero hacer?… Porque es una persona distinta con defectos y virtudes, no estaba preparada para parirlos. Pero al final, el grupo tuvo que aprender a vivir eso, porque todos esos partos, cagadas y vómitos fueron los que nos hicieron crecer. Comentó Kellyns.

Los rostros de los recién nacidos están cubiertos por un velo negro. No son nadie y son todos, no se identifica quién es quién, no se revela la identidad.

Igualdad.

Pasión

Se pone la piel de gallina. Es hora de tender los trapos a la luz.

En el escenario, la figura Diego y Cecilia están preparadas para entrar… Ella se queda en la base, él se para sobre sus hombros, ahora Diego mide 3 metros de altura. La tela que antes formaba una placenta es una sábana que Diego está colgando en una cuerda a +3 metros de distancia del suelo. La tela es tan larga que no se ven los pies, solo su cabeza. Así que sus movimientos de “caminar”se ven naturales ante el espectador. Es un gigante.

Cuando colocó la última pinza de madera, las luces se apagan completamente.

Una luz rosa se enciende de frente a la audiencia y las figuras de Diego y Cecilia resaltan a contraluz. Los músicos se trasladan a melodías melo-dramáticas y la danza acrobática comienza la búsqueda de los cuerpos, el desafío a la gravedad, el equilibrio y el rechazo.

La búsqueda del amor y la presencia del miedo.

Somos reflejo

Alejandra y Cecilia salen a escena. El espejo de Amarella ahora está en el medio del escenario, ellas se paran una frente a la otra, ambas con un velo de tul negro que les tapa la cara y el cabello, tienen el mismo traje y desde lejos pareciera que también tienen la misa estatura.

Sus movimientos van coordinados, ambas se mueven al mismo tiempo, de la misma forma, en sincronía. Se mimetizan, se transforman en una sola… No hay diferencias.

Bajan del techo un trapecio y un aro, la música comienza a ser mucho más rápida, la iluminación pasó de ser tenue y de colores cálidos al blanco y negro, ahora cada una se destaca con sus movimientos y enganches acrobáticos, tienen un espacio para expresarse, la luz ilumina las escenas, una primero, la otra después.

Cada vez que una es destacada por la luz, va dejando al descubierto un rasgo que las caracteriza, entonces los cabellos se sueltan, los velos se desatan, la remera manga larga se saca y al final, a pesar de las diferencias, ellas siguen siendo una sola, esta vez por sus movimientos sincronizados.

Son distintas, pero son reflejo.

Autoestima

El té está servido. La instancia ahora es compartida con Diego. Amarella,se ilusiona, le mima, le regala una nariz de payaso y se la pone. Quiere que él también se sienta como ella, se busca la empatía.

Mientras está sentado en la mesa, Diego aprovecha las distracciones de Amarella y, con la cuerda lisa, él sube y baja, la confunde, ella no entiende cómo el aparece y desaparece.

Le gusta él. Lo quiere. La mueve.

¿Será que la conquista es para el chico de la cuerda lisa, o para ella misma?

Ego y perdón

Llegan los papeles, las formalidades, las cartas y los enfrentamientos. Justo cuando Amarella estaba preparada para firmar un papel, Alejandra la molesta balanceándose de un lado a otro colgada en un arné.

Amarella, mientras más se mueve para evitar el contacto, más llama a la molestia de Alejandra. Hay miradas de tensión, miedo y hasta un poco de envidia entre ellas, porque una no puede ser como la otra.

Ale, le quita el papel a Amarella y revuelve la carta en con un montón de otros papeles que ya tenía y tira todo al piso.

Llovían papeles.

¡Desastre! ¡Pérdida!

Amarella se enfurece, se frustra, y se prepara para enfrentarla, pero Alejandra es más rápida, está casi volando en el aéreo. Amarella se prepara para atacar, Alejandra va hacia ella a su encuentro y justo antes del primer encontronazo… ¡HAAAAAAA! Gritó Amarella muerta de miedo cuando ya Ale, la tenía sujetada y ambas volaban.

El miedo se fue transformando y la diversión ganó terreno. La pelea y los rencores también y ahora solo les queda la diversión de sentir juntas el viento en la cara.

¿Se siente bien volar, no? ¿Se siente bien ponerse en los zapatos del otro, no?

En un momento, las idas y vueltas volando por el escenario se han convertido en un juego para ambas. Se dan cuenta que juntas, es mucho más divertido.

De repente, Ale se detiene y saca de su camiseta el sobre aquel que le había quitado a Amarella. Lo alisa de las arrugas y trata de dejarlo lo más presentable posible. Amarella recibe y retribuye el gesto colocando el sobre en el corazón mientras esboza una sonrisa.

Arreglar el caos

Es tiempo de organizar el caos, y qué mejor forma de hacerlo que desde la diversión. Diego, sale a escena con un hula hula rojo, Alejandra se suma al juego y comienzan los trucos: el hula hula pasa por sus cuellos, la cintura, las piernas, y brazos. El juego de perspectiva ilusiona a los asistentes, parece que el objeto fuera una extensión de su cuerpo.

Mientras ellos bailan con el hula hula, Amarella limpia y recoge todo el caos que dejó el encuentro pasado. Hay muchos papeles en el suelo y ella detesta el desorden, pero la música tropical la hace disfrutar del proceso y de goza todo bailando a ritmo caribeño.

Aceptar los errores y repararlos entre todos. Así es como funciona.


Silencio. Un mantra comienza a sonar.

Amarella, sale a escena con inciensos, una foto de lo que parecía un maestro yogui con nariz de payaso y mat de yoga en mano. Preparada para estirar y darle un espacio al cuerpo.

Lo que no se esperaba es que este ritual no lo iba a hacer sola.


Caminar juntos

Comienza a hacer movimientos de yoga (torpes) y con cada uno, se va sumando un integrante de las Guayabas al ritual, repitiendo sus pasos, sus movimientos del cuerpo, sus respiraciones y sonidos. Al principio, Amarella tuvo miedo, pero cuando se dio cuenta de que podía hacer sus cosas junto al resto del equipo, se sintió  sostenida.

Comienzan las Guayabas al fin a caminar juntas. Ya pasó lo peor, ya se siente la armonía, se huele el incienso en la casa y el público comienza a reírse.


Amarella recoge su mat, el incienso se queda a un lado de los músicos, le hace reverencia a su maestro yogui payaso y dos cuerdas lisas salen del techo del escenario. Se va al espejo y la tela de tul aparece de nuevo a escena.

Ata su cabello con la tela. Al fondo, las Guayabas se comienzan a cubrir completamente con la misma tela.

Soltar

La placenta que los cubría al principio, se transforma en una gran bola de tul que entrelaza a cada uno de los integrantes de Cualkier Guayaba. Diego, Alejandra y Cecilia a medida que se va destapando de la tela, se suben a las cuerdas y comienzan a hacer acrobacias.

Comienzan uno a uno, al principio haciendo movimientos sincronizados con el compañero de la otra cuerda, y haciendo unos trucos que, en caso de que un@ no esté preparad@, dejan de manifiesto la ansiedad entre el miedo de que caigan y el agradecimiento de seguir observando su talento.

Amarella, aquella del principio, ahora se resume a entender, comprender y soltar, a ser parte del otro. Todos están conectados, ahora todos caminan de la mano.


Felices de haber terminado, se presentan ante el público que entre aplausos y silbidos ahora están de pie gritando ¡Bravo! Las Guayabas están contentas, la sonrisa la tienen de oreja a oreja, es la primera vez que presentan su show en un teatro.

Después de unas palmadas en las nalgas y un par de abrazos entre ellos, se escuchó el gritito “¡ahora sí!” y todos bajaron con los brazos abiertos para saludar a sus amigos y conocidos de que estaban en el lugar.

Ya tienen un año trabajando juntos: nacieron, se apasionaron, se quisieron, se llenaron de ego, pelearon, se perdieron, disfrutaron, trabajaron, recogieron el desastre, se pusieron en los zapatos del otro y empezaron a caminar juntos.

Sobre Cualkier Guayaba

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Somos un grupo multidisciplinario de artistas independientes, que convergen para generar un espacio de creación que tiene como objetivo encuentros, espectáculos de calle, teatro y otros espacios no convencionales. Buscamos acercar a la población las posibilidades infinitas que brindan las herramientas con las que venimos trabajando a lo largo de los años. Por sobre todas las cosas queremos tomar en cuenta la inclusión de las nuevas generaciones.

¿Quiénes somos?

Cecilia Argenzio Abella
Ale Malvarez
Diego Estradet
Kellyns Herrera

Nota personal de Sinay, como el monte

Cuando ofrecí para hacer una nota sobre la presentación de ADENTRO, no sabía a lo que me estaba enfrentando. No sabía que era una obra compleja, con una historia muy fuerte detrás y llena de sentimientos, no sabía que lo iba a entender todo y que debía escribir desde una intimidad. No sabía.

Sabía lo que presentaba cada persona del colectivo, entendía bien los procesos, lo viví siempre de manera indirecta. Supe el trabajo que les costó hacerse entender, escucharse, hacer cosas cada quien a su forma y tratar de llegar a un mismo objetivo.

Nunca confié en el circo, siempre lo vi con mirada crítica destructiva y hippie. No tuve a nadie a mi alrededor que me diera otro punto de vista, así que crecí con eso. Pero desde que los conocí y me ofrecieron (recuerdo muy bien) asistir a su primera presentación, quebraron mi vieja mirada del circo y reconstruyeron algo hermoso: hacer circo es un trabajo. Requiere de tiempo, energía, constancia, detalles y amor.

Cualkier Guayaba tiene todo eso y más. Es un grupo que lo da todo. Así se vayan a “hippiar” un mes a Brasil, tienen todo preparado, tienen materiales, herramientas, vestuario, habilidades… Es su trabajo.

Me disculpo públicamente por haber pensado tan mal en mi adolescencia sobre el circo, agradezco a este colectivo por la confianza de poner su voz y su trabajo en mis letras.

 

Amor en Sampa

No sé si soy amor o me rodee tanto de él en São Paulo que me transformé en el.

El recordatorio es latente, está en casa, en las aceras, cabinas telefónicas, ómnibus, calles, muros, postes; en los abrazos que ves de lejos y en los que te dan a diario (o cada 3 días); en las lágrimas de la muchacha que estaba llorando en la plaza y en las tuyas cuando tienes el verbo “extrañar” en mayúscula; en el pão de queijo que te comes y en el pan que hice yo.

El amor.

Por supuesto que a veces te invaden otros sentimientos, pero apenas volteas a cualquier costado, recuerdas, amor. Ahí está. Escuchas los latidos, lo sientes, te sientes, ahí, del lado izquierdo en tu pecho. Tú. Amor.

São Paulo, ciudad de furia, ciudad de amor.

Polaroid CUBE
Beco do Batman, Vila Madalena -São Paulo

 

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