Mendoza, la pesadilla más hermosa que viví [Parte 1]

Mendoza, fue el contraste real entre vivir un sueño hecho realidad y una pesadilla. Fue la experiencia más difícil pero, seguramente, la que definirá el camino de mis próximos años de vida

Mi experiencia en Mendoza es muy difícil de explicar con palabras. Fue un viaje de ilusiones y pesadillas, un sueño cumplido a medias, una emoción nostálgica.

He tratado de escribir lo que viví en esa ciudad muchas veces, y por más que lo intento, hay una presión en la boca del estómago que me impide que fluyan las palabras, es todo cuerpo, todo situación pechística.

Han pasado 3 meses desde la última vez que nos soñamos, Mendoza.

Intento #1

Todo iba normal hasta que, desde el bus que venía de Córdoba, vi a lo lejos una montaña con nieve. Nunca había visto nada si quiera parecido. Yo venía de la selva y el verde, el color blanco era de película.

Colapsé de emoción.

De repente me sentí los ojos llenos de lágrimas, y por dentro, un grito que estaba germinando desde las entrañas. Lo sentí desde que nació, percibí su recorrido por el estómago, su caminar al pecho y sus vueltas por el corazón; subió hasta el cuello y justo antes de que saliera al exterior, mis manos temblorosas y sudadas cubrieron mis labios. Y me frené ahí, en ese momento.

Viajar sola tiene sus puntos débiles y este es uno de ellos: no poder compartir la emoción.

Llamé a mis padres e intenté explicarles lo inexplicable: ¿Cómo les cuentas a alguien la emoción de un sueño cumplido? ¿Cómo le explicas que tu corazón está a punto de estallar, que no puedes dejar de observar ese momento, que la sonrisa te da vuelta la cara y que sientes plenitud?  (Deje su mensaje acá para próximos viajes)

Paréntesis

Un caraqueño sabe lo que implica ir a un terminal de buses. Crecimos sabiendo que podías estar en cualquier lugar, menos en una terminal. Eso era poner en juego tu suerte.

Intento #2

Llegué alrededor de las 10h y mi host de couchsurfing no salía del trabajo hasta las 14h, así que apenas llegué al terminal pensé que lo mejor era salir. Así que busqué el McDonald’s más cercano para desayunar, almorzar y esperar el mensaje que indicara cuándo podía llegar a casa e instalarme.

Paréntesis

Apenas me compré el café, me robaron en el McDonald’s.

Si, me robaron

Yo sé, no se entiende

Todo, me quitaron todo

Menos el café, mi libretita y el celular

No, no fue forzado

Sobreviví

Intento #3

Pasé del estado de éxtasis al bajón más profundo de mi ser.

Imagínense que están en medio de su graduación y les digan que atropellaron a su abuelo o padres.

¡Ajá! , ya conectamos con la emoción.

Recuerdo el momento exacto que pasé de la vida color rosa y aventurera al miedo, la ira, tristeza y resignación.

Es impresionante cómo, cualquiera de esas emociones, te llevan a olvidar por completo cualquier sentimiento lindo, amable, bueno (inserte aquí+sinónimos). En segundos ya me había olvidado de la nieve, de las montañas y de mi propósito, del viaje.

Pasé mi primer medio día en Mendoza junto a la policía. Llorando.

Descubrí varias cosas:

(tips para venezolanos viajeros inexpertos)

  1. Las terminales son seguras en el sur, es mejor quedarse ahí que salir a la calle.
  2. Estaba en el McDonald’s mas peligroso de la ciudad, pero como uno es turista, no parecía. Volver al punto 1.
  3. En Mendoza roban tanto a los turistas, que tuvieron que abrir una comisión especial dedicada sólo a ellos, nosotros, los que viajan,
  4. … Mientras estaba declaraba, hubo 3 casos más de robos.
  5. Tuvieron todo para descubrir a los ladrones, solo había que seguirlos en auto, y no fueron, porque “siempre pasa”. (Volver a punto 1)

Siempre, pasa

SIEMPRE PASA

Eso sí, me trataron bien y con respeto. Y ofrecieron llevarme a lugares para hacer trámites.

Obvio, no siempre podían llevarme.

Ya saben cómo es esta movida latina.

Intentó #4

Caminé todo el día bajo una nube gris y con un velo negro para no ver los colores. Tomé un baño lagrimeado, intenté dormir para descansar, salí a caminar sin rumbo, me encontré con un amigo de Cabo Polonio (eso fue una situación muy loca, que alguien me grite en Mendoza ¡Sinay! me hizo sentir mejor).

Y entonces…

Resultó que tuve el mejor host del mundo. Estaba en un lugar increíble, con vista a la pre cordillera, cerca de parques y hasta azotea.

Las plataformas colaborativas funcionan, agradezco por haber caído ahí, con ellos y su buena onda.

Nada podía estar mal después de haber pasado algo totalmente triste y luego recibir naturaleza, amor, cariño y empatía.

Lo material se recupera, pero ¿cómo recuperas las oportunidades?

Terminé el primer día, tomando cerveza artesanal con mi host. En el bar de un amigo de él.

Ya estaba en Mendoza, debía aprovecharla.

Pre cordillera, desde la casa de mi host. Mendoza, Argentina
Pre cordillera, desde la casa de mi host. Mendoza, Argentina

Gente que nunca pensé…

Aprovecho para agradecer.

Después de mi situación nefasta y desafortunada, hice una publicación en Facebook que, hasta el día de hoy, me sorprende… La cantidad de personas que me enviaron mensajes de fuerza, aliento, de “Vamo arriba” y “marik que arrecha eres”, me cambió. Aunque suene absurdo y medio cliché, me dio fuerza pa’ afrontar eso que me pasó.

Y, aunque no pedí ayuda de forma explícita, la recibí.

Y quiero que sepan que no me alcanzará el corazón pa’ agradecer todos los gestos que tuvieron conmigo. Gracias a USTEDES, estos seguidores/lectores/amigos/conocidos/desconocidos pude tener un cierre de viaje increíble.

TODOS formaron parte de esta increíble experiencia que me cambió la vida. Sin su apoyo, sin sus palabras y sin sus manifestaciones de cariño, la historia sería otra.

GRACIAS

Continuará…

“Volveré a Viajar”, lo prometo.

Hacerse la vista gorda, nivel “Embajadas de Venezuela”

Una micro historia de lo que me pasó cuando me robaron en Mendoza, Argentina y sobre a ayuda que me dio la Embajada de Venezuela.

 

Les contaré una historia de otra venezolana (porque no creo que sea la única) que quedó sin respaldo por parte de una embajada que “se supone” debe Defender los derechos e intereses de sus conciudadanos (+ info acá).

No quiero que esto sea una excusa más para decir que “Venezuela es una mierda”, yo solo quiero sacarme de la garganta esta impotencia de haberme sentido desolada, y observarme a mí misma en esta situación para saber cuál es la postura que voy a tener de ahora en adelante.

Les haré la historia corta:

Viajé.

Me robaron hasta los documentos cuando llegué a Mendoza, Argentina.

Llamé a la embajada de Venezuela en Buenos Aires:

Me pasó esto, les dije.

Bueno, nosotros lo que podemos hacer es ofrecerte un “vale por un viaje” a Venezuela.

Yo no vivo en Venezuela desde hace 3 años, ¿pueden ayudarme a volver a Uruguay?

No, no podemos.

¿No me pueden dar un pasaporte temporal?

No, nosotros no hacemos eso. Si quieres el pasaporte, tendrías que esperar por lo menos 90 días. Y tampoco sacamos la cédula.

A ver, ¿no tienen alguna forma de ayudarme a volver?

No.

Y, a continuación, la frase más prepotente escuchada jamás:

Que resuelva Uruguay, ¿no vives allá pues?

Y con esa respuesta me fui al consulado de Uruguay en Mendoza. Allá, me dieron un papel que es SOLO PARA URUGUAYOS, pero como tengo residencia, decidieron intentarlo. Me atendió el mismo cónsul, me tomaron la foto tipo carné, se dieron el tiempo de escuchar mi historia y me dijeron que todo iba a estar bien. Me fui con un vale por un viaje de vuelta a al paisito.

Uruguay resolvió.

 

¿POR QUÉ CUENTO ESTO?

Porque me sentí MAL.

Mi familia entera está en Venezuela, vivo en Uruguay sola, me encontré en una situación bastante violenta, había perdido todo; con ayuda de mis amigos (a los cuales agradezco profundamente) pude sobrevivir y volví como una reina.

Pero quiero que analicen la situación de esta forma:

Estaba en medio de una tempestad. Mi casa estaba muy lejos así que decido ir a la casa de mis padres. Toqué el timbre, porque ya no tengo la llave para entrar. Me abren y siento el olor de un guisito con arroz blanco y arepitas. Muerta de frío, y con el estómago vacío, les digo que me dejen pasar la noche y me ayuden a volver a casa, porque perdí la cartera.

Y me dicen “dile a al que te alquiló la casa que te ayude, ¿No te fuiste a vivir sola pues? Resuelve” y me tiran la puerta en la cara.

Que resuelva el otro, que nada que ver.

 

Desde hace un mes tenía el sabor amargo de quien se toma un café recalentado de hace 3 días, tenía esta historia en la garganta como un nudo que me estaba atravesando hasta el corazón. Los detesté tanto y amé (y amo) tanto a Uruguay, que pienso que, en definitiva, el hogar está donde uno se siente mejor.

Venezuela no me ayuda sentirme mejor, por lo tanto no lo siento mi hogar, ni siquiera a distancia ¿Está mal que me sienta así?

Pero familia es familia, y cariño es cariño. Como dice la canción

Amor y control

Confío que un día esas voces de ministerio serán voces de verdad y justicia. Que ayuden, que funcionen y que hagan su trabajo con amor, porque me da la sensación de que eso es lo que les falta, amor.

Gracias Uruguay, por hacerte cargo. Gracias amigos por ayudarme. Gracias querida mujer con voz de ministerio, por ayudarme a ver lo que no quiero ser.

18 horas en tren

Hablemos de los no-lugares, del presente, de las experiencias en tren y lo que pasa en 18 horas.

Andar en cualquier medio de transporte es raro, porque una sabe muy bien de dónde viene y a dónde va, pero no queda claro dónde estamos en el momento exacto que alguien pregunta… Para cuando respondes se está en otro lugar.

Hablamos de los no-lugares en el curso de escritura de viajes, pero ¿que es un no-lugar?

Es el espacio que divide el pasado y el futuro, el trayecto de un lugar a otro, es la transición, es estar en el medio del todo… O la nada.

Es mal uso del verbo ¨estar¨.

El no lugar, es este tren que va desde Buenos Aires a Córdoba, ese espacio donde estuve durante 18 h.


Es la primera vez que viajo en tren.

B. y F., me acompañaron hasta la estación Retiro de Buenos Aires, ninguno de los 3 teníamos muy claro cómo iba a ser mi despedida, pero para resumirles, me vi entrando por un portal negro de alrededor de 3m de alto que tenían el número 8 centrado en la parte superior junto a la bandera argentina que decoraba cada portal. Del otro lado, un tren azul celeste larguísimo estaba aguardando a los pasajeros.

¿Te vas a Hogwarts? me dijo B.

Estación Retiro, Buenos Aires, Argentina

Solo me faltó la lechuza, un carrito de supermercado y pasar a través de un muro para que la visión fuera exacta. La estación Retiro, es como entrar en otro mundo.

Cuando me despedí, me di cuenta de la desventaja de viajar sola. No podía expresar mis pensamientos como quería, sufrí del síndrome de la emoción no compartida. Tenía el gritito de colapso (de felicidad) en la punta de la garganta y lo único que me sirvió de desahogo fue abrir más los ojos, esbozar una sonrisa y tener a mano mi libreta y lápiz.

Para mí, viajar en tren es vivir aquello que siempre viste en TV.

Implica escuchar el sonido de la campanilla cuando el tren está a punto de salir, dormir con el sonido de rieles, admirar muchos paisajes a través de las ventanas grandes, entender que los pueblos siguen, que las praderas se extienden y que las personas avanzan mientras tu estás sentado, medio incómodo (caso de trenes argentinos) sin muchas distracciones alrededor, pero contento.

Vas al baño sin bajar la cabeza ni agarrarte de los asientos. Se camina cómodo, tranquilo, sin movimientos bruscos a causa de frenos o bocinas. No hay tráfico, no hay semáforos.

Solo hay paisaje, pueblos y la estación Rosario a mitad de camino.

Había una cantina y, a pesar de que no tenía ganas de tomar café, lo compré igual. Me senté en una de las mesas, al lado de la ventana mientras el paisaje iba de volada, admiré mi alrededor.

Me acuerdo a la pareja de señores que discutían sobre qué hacer en Córdoba, el olor de  las medialunas -que no compré -recién salidas del horno, el sonido de la máquina de café sabiendo que el que salía era para mí, la carpa de circo que vi entre el paisaje, que por cierto me recordó al hermano de N., que nada que ver.

Me reí sola por ese recuerdo, pensé en enviarle un mensaje, pero no venía al caso. Así que sostuve la cabeza con el brazo apoyado a la mesa y agradecí al señor por haberme traído el café.

Estaba  malísimo, pero te sientes tan bien que el sabor es lo de menos (¿eso último tiene sentido?).

El primer sorbo lo brindé por la primera vez que me tomaba un café en un tren, me sentí que había acumulado una experiencia más a mi vida. El resto de los tragos, me hicieron olvidar al bebé que lloró toda la noche, la conversación de los hippies que hablaban de fumar marihuana en los baños a todo gañote y las zancadas del niño que estaba practicando su nueva habilidad de correr de un lado para otro.

También agradecí, por estar en ese lugar, por cumplir uno de mis objetivos e ir en el trayecto rumbo a una ciudad desconocida.

No sé si viajaría muchas veces en ese tren, pero sí que me hubiese arrepentido de no haberlo hecho.

Mesas del cafetín del tren que va de Córdoba a Argentina

#GraciasArgentina, por la experiencia.

PD. No se olviden de hacer un playlist para viajar. Yo no fui prudente y pasé 18h sin música. Aún no tengo un playlist de viajes, pero me encontré con este disco que me parece que es lindo para compartir.

***

¡Soy toda oídos y corazón!
Escríbeme en caso de que tengas alguna consulta, si quieres comentarme algo o si tienes ganas de compartir tu experiencia. Trataré de responderte lo más pronto que pueda :)

 

Y si llueve, ¿qué hago en Cabo Polonio?

Recuerdo charlar con varios clientes que, entre cara larga, me comentaban que habían escogido el peor día para visitar el lugar y me pedían recomendaciones para hacer “algo” entretenido a pesar de la lluvia, porque las opciones son pocas y la playa, para ellos, solo era posible con sol (continua)

Yo trabajaba casi todo el día y parte de la noche en Cabo Polonio, mis distracciones estaban enfocadas en lavar tazas, vasos, levantar desayuno tipo bufete, atender al público, limpiar, charlar, leer el horóscopo los lunes, tomar mis horas de descanso para dormir o leer y quizás, de noche, dependiendo de la lluvia, salir a tomar algo después del trabajo. Daba igual si era soleado, nublado o lluvioso.

Recuerdo charlar con varios clientes que, entre cara larga, me comentaban que habían escogido el peor día para visitar el lugar y me pedían recomendaciones para hacer “algo” entretenido a pesar de la lluvia, porque las opciones son pocas y la playa, para ellos, solo era posible con sol.

Sinceramente, nunca tuve una respuesta convincente ante las quejas, pero insisto, la lluvia es muy disfrutable.

  1. Razones banales: Te recuerdo que eres de los pocos que tienen el privilegio de estar en ese lugar (porque es caro e inaccesible para muchos), y además, te convertirás en alguien más exclusivo ¿Por qué? Porque a todos les tocó el sol… Pero tú, tú caminaste entre las dunas sin que se te hundiera el pie, te metiste en la playa y te mojaste el doble, ya  el mar alborotado de olas y no necesitaste de sombrilla y un bloqueador para disfrutar. A ti no se te quemó la piel del sol, ni te encandiló el brillo del mar.
  2. Razón verdadera: ¿Qué hay de malo con la lluvia? Al final, la idea de “vacacionar” es el descanso.

La magia de la lluvia, es que puedes tomar hábitos que tenías olvidados desde hace un tiempo, ¿desde cuándo tienes el libro dando vueltas en tu mochila sin leerlo? ¿Desde cuándo no te tomas un café o un té viendo el mar? ¿Desde cuándo no tienes una buena charla con el soundtrack de gotas de lluvia?

Olvidemos un poco ese ideal que nos fue impuesto, ese que tiene que ver con sombrilla, el bloqueador, sombrero, cerveza y lentes de sol, sugiero que los amoldes de acuerdo a la realidad. Y si llueve, sustituye la sombrilla por el living de casa, el sombrero por la ventana por la que verás el paisaje, la cerveza por un café o un vino y los lentes de sol por el libro que habíamos hablado, o mejor aún, ¿por qué no cerrar los ojos y soñar?

*Por cierto, ¿anotaste tu último sueño?*

Si vas por un día, puedes tomarte algo en Lo de Dany (aceptan tarjeta), a La Perla, si quieres comer algo increíble y tener una experiencia cómoda, o en Si Supieras, si quieres que te atiendan bien y comer comida casera, sana y deliciosa… No desperdicies las tardes de té.

Si te quedas en un hostel, aprovecha y conoce gente nueva, prende una estufa, conecta, colabora, pregunta las leyendas del lugar.

Si estás en un rancho solo, retoma y valora el tiempo contigo mismx, descansa, aprovecha el día libre.

Si estás acompañado por amigos, disfrútense. Rían, beban, coman y amen.

Si estás con tu pareja, practiquen para lograr la mejor cucharita que puedan.

Es simple:

No hagas nada.

¿Desde cuándo no lo haces?

Y si quieres hacer algo, te dejo esta frase del libro Voces del Desierto que dice:

La mayoría [de los humanos] se muere sin saber qué se siente al estar desnudo bajo la lluvia.

Cuando llovió, yo hice esto y sobreviví.

También puedes leer la historia completa sobre ese día.

 

P.D.: Si ya fuiste al cabo, deja un comentario y sugiérenos algo, ¿qué hiciste/harías en un día de lluvia? Me encantaría que compartiéramos sugerencias :)

¡Hasta luego, Cabo Polonio!

Justo cuando encontré la calma entre la espuma de las olas y descubrí el silencio entre los soplidos del viento. Justo, cuando ya le estaba tomando cariño a la gente, y haces amigxs que provoca tener cerca más que una temporada de verano.

Justo,

me voy.

Me voy.

Justo cuando me estaba acostumbrando a despertarme con el trinar de los pájaros, los susurros del viento y los cantos de la mar; justo cuando los caballos ya empezaban a saludarme y los aullidos de los lobos eran el eco del viento; justo cuando empecé a conocer el ritmo del pueblo y la mano no paraba de saludar desde que salía hasta que llegaba a casa; justo cuando ya sentía el concepto “hogar”.

Ya había encontrado mi roca preferida y me estaba acostumbrando a mi propia compañía, sabía vestirme sin luz y a encontrar todas las cosas que necesitaba con tan solo tantear en el cajón las texturas; también encendía velas sin quemarme, aunque nunca pude evitar que se derramara el cebo al apagarlas.

Justo cuando ya no me molestaba hablar conmigo, cuando entendí que los dolores duelen, y que es normal, y que debía acostumbrarme a que los estados de ánimo son extremos en ese lugar: si estas feliz, es MUY feliz, si estás triste, es casi una depresión… Aprendí la técnica de la”neutralidad”.

Justo cuando empezaba a acostumbrarme a las historias polonienses, al tono, a los colores, a los panes del Bunker, a los sábados de Estación Central, a las tardes de capuchino en Si Supieras, a las tortas fritas de Mary, al cafecito con Nela, a los gritos del Panky, los vinitos de Jhonny y a caminar a ciegas en noches de luna nueva sin caerme.

Justo cuando encontré la calma entre la espuma de las olas y descubrí el silencio entre los soplidos del viento. Justo, cuando ya le estaba tomando cariño a la gente, y haces amigxs que provoca tener cerca más que una temporada de verano.

Justo,

me voy.

Y me choqué contra el sonido del motor del bus durante 5 horas de viaje, contra las luces blancas del Terminal de Tres Cruces con música de fondo y miles de olores que te estimulaban entre el hambre, la sed, las ganas de comprar ropa y las de salir corriendo.

Y corrí. Y me choqué contra una muralla de autos, el sonido de sus frenos, del arranque, de la bocina, de la campanita de la bici que iban de costado y de la puteada del dueño del auto, que no le gustan las bicis.

Ahora entiendo a la gente del interior, cuando dice que Montevideo es rápido.

Rápido, pero necesario.

Porque del otro lado, hay un sol radiante, túneles de árboles que te arropan, una rambla te saluda, amigos que te reciben, un mate recién echo, un café, un amigo que tiene una muestra, una exposición, una palabra, arte. Un parte, una cerveza, un plan.

De la nada al todo… ¿O del todo, a la nada?

¿Cómo volvieron de cabo?

Cualkier Guayaba, el nacimiento de un colectivo de circo desde ADENTRO

¿Qué pasa cuando le ponemos atención a nuestro interior? ¿Qué mochila cargamos? ¿Cómo nos mostramos?

 

ADENTRO es la historia del colectivo Cualkier Guayaba (con “K”). Una pieza escénica contenida por acrobacias, danza, teatro, clown y manipulación de objetos. Una metáfora, una forma de expresión que representa todas las etapas que Kellyns, Alejandra, Cecilia y Diego tuvieron que vivir después de haber dicho “sí” al compromiso de dedicar una parte de su vida a hacer circo.

Cualkier Guayaba, tienen un año de haberse conformado, pero dentro y fuera del circo, sus vivencias, oportunidades y fortalezas los han consolidado tanto como un grupo de más tiempo.

Ya se habían presentado en el Encuentro Internacional de Circo 2016 en el mes de Septiembre, y los días 16 y 17 de octubre se dio la oportunidad  de presentar su obra, en el Teatro Florencio Sánchez en El Cerro.

Adentro, es una pieza escénica construida con base a distintos lenguajes y herramientas de un colectivo dispar. Partimos de lo que ya tenemos, usamos y transformamos lo que somos y lo que habita en nosotros.

La nariz roja

La historia gira en torno a Amarella. Ella es una clown que carga con una mochila pesada llena de objetos, historias, miedos, complejos y un pare de contar que apenas le permite moverse.

Es la que da el nacimiento a las Guayabas, la que teme, acepta, cuida, mima, abraza y fortalece. Amarella es la vida implícita que surge en medio de un grupo de personas que deciden hacer lo que aman, es quien lleva los problemas, las virtudes, las derrotas, las peleas y las celebraciones.

Ella es la historia de los personajes. Los personajes son ella misma.

“Entrega, confianza y disfrute”

El nacimiento

“Agradecemos apagar todos sus teléfonos celulares en consideración con los artistas que se van a presentar”.

Silencio.

Amarella sale al escenario arrastrando muebles, sillas y mesas cargadas a sus espaldas. Da tres vueltas en círculo sin rumbo fijo. En paralelo, seis personas salen envueltas en una tela que simula una placenta, todos se están gestando, preparándose para salir. El escenario era el útero. Amarella era el escenario.

Los músicos son los primeros en abrirse paso y salir al mundo exterior dejando atrás una tela de tul que los cubría.

Solo quedan las Guayabas dentro de la placenta. Amarela siente los síntomas de parto, respira, pare a uno. Siente ganas de defecar, defeca a otro.  Siente ganas de vomitar, vomita al último.

El tul, siempre presente.

Y así nació Cualkier Guayaba.

Fue la escena más difícil de ensayar, ¿Cómo voy a dar a luz a alguien que ya nació? ¿Cómo lo hago si no lo quiero hacer?… Porque es una persona distinta con defectos y virtudes, no estaba preparada para parirlos. Pero al final, el grupo tuvo que aprender a vivir eso, porque todos esos partos, cagadas y vómitos fueron los que nos hicieron crecer. Comentó Kellyns.

Los rostros de los recién nacidos están cubiertos por un velo negro. No son nadie y son todos, no se identifica quién es quién, no se revela la identidad.

Igualdad.

Pasión

Se pone la piel de gallina. Es hora de tender los trapos a la luz.

En el escenario, la figura Diego y Cecilia están preparadas para entrar… Ella se queda en la base, él se para sobre sus hombros, ahora Diego mide 3 metros de altura. La tela que antes formaba una placenta es una sábana que Diego está colgando en una cuerda a +3 metros de distancia del suelo. La tela es tan larga que no se ven los pies, solo su cabeza. Así que sus movimientos de “caminar”se ven naturales ante el espectador. Es un gigante.

Cuando colocó la última pinza de madera, las luces se apagan completamente.

Una luz rosa se enciende de frente a la audiencia y las figuras de Diego y Cecilia resaltan a contraluz. Los músicos se trasladan a melodías melo-dramáticas y la danza acrobática comienza la búsqueda de los cuerpos, el desafío a la gravedad, el equilibrio y el rechazo.

La búsqueda del amor y la presencia del miedo.

Somos reflejo

Alejandra y Cecilia salen a escena. El espejo de Amarella ahora está en el medio del escenario, ellas se paran una frente a la otra, ambas con un velo de tul negro que les tapa la cara y el cabello, tienen el mismo traje y desde lejos pareciera que también tienen la misa estatura.

Sus movimientos van coordinados, ambas se mueven al mismo tiempo, de la misma forma, en sincronía. Se mimetizan, se transforman en una sola… No hay diferencias.

Bajan del techo un trapecio y un aro, la música comienza a ser mucho más rápida, la iluminación pasó de ser tenue y de colores cálidos al blanco y negro, ahora cada una se destaca con sus movimientos y enganches acrobáticos, tienen un espacio para expresarse, la luz ilumina las escenas, una primero, la otra después.

Cada vez que una es destacada por la luz, va dejando al descubierto un rasgo que las caracteriza, entonces los cabellos se sueltan, los velos se desatan, la remera manga larga se saca y al final, a pesar de las diferencias, ellas siguen siendo una sola, esta vez por sus movimientos sincronizados.

Son distintas, pero son reflejo.

Autoestima

El té está servido. La instancia ahora es compartida con Diego. Amarella,se ilusiona, le mima, le regala una nariz de payaso y se la pone. Quiere que él también se sienta como ella, se busca la empatía.

Mientras está sentado en la mesa, Diego aprovecha las distracciones de Amarella y, con la cuerda lisa, él sube y baja, la confunde, ella no entiende cómo el aparece y desaparece.

Le gusta él. Lo quiere. La mueve.

¿Será que la conquista es para el chico de la cuerda lisa, o para ella misma?

Ego y perdón

Llegan los papeles, las formalidades, las cartas y los enfrentamientos. Justo cuando Amarella estaba preparada para firmar un papel, Alejandra la molesta balanceándose de un lado a otro colgada en un arné.

Amarella, mientras más se mueve para evitar el contacto, más llama a la molestia de Alejandra. Hay miradas de tensión, miedo y hasta un poco de envidia entre ellas, porque una no puede ser como la otra.

Ale, le quita el papel a Amarella y revuelve la carta en con un montón de otros papeles que ya tenía y tira todo al piso.

Llovían papeles.

¡Desastre! ¡Pérdida!

Amarella se enfurece, se frustra, y se prepara para enfrentarla, pero Alejandra es más rápida, está casi volando en el aéreo. Amarella se prepara para atacar, Alejandra va hacia ella a su encuentro y justo antes del primer encontronazo… ¡HAAAAAAA! Gritó Amarella muerta de miedo cuando ya Ale, la tenía sujetada y ambas volaban.

El miedo se fue transformando y la diversión ganó terreno. La pelea y los rencores también y ahora solo les queda la diversión de sentir juntas el viento en la cara.

¿Se siente bien volar, no? ¿Se siente bien ponerse en los zapatos del otro, no?

En un momento, las idas y vueltas volando por el escenario se han convertido en un juego para ambas. Se dan cuenta que juntas, es mucho más divertido.

De repente, Ale se detiene y saca de su camiseta el sobre aquel que le había quitado a Amarella. Lo alisa de las arrugas y trata de dejarlo lo más presentable posible. Amarella recibe y retribuye el gesto colocando el sobre en el corazón mientras esboza una sonrisa.

Arreglar el caos

Es tiempo de organizar el caos, y qué mejor forma de hacerlo que desde la diversión. Diego, sale a escena con un hula hula rojo, Alejandra se suma al juego y comienzan los trucos: el hula hula pasa por sus cuellos, la cintura, las piernas, y brazos. El juego de perspectiva ilusiona a los asistentes, parece que el objeto fuera una extensión de su cuerpo.

Mientras ellos bailan con el hula hula, Amarella limpia y recoge todo el caos que dejó el encuentro pasado. Hay muchos papeles en el suelo y ella detesta el desorden, pero la música tropical la hace disfrutar del proceso y de goza todo bailando a ritmo caribeño.

Aceptar los errores y repararlos entre todos. Así es como funciona.


Silencio. Un mantra comienza a sonar.

Amarella, sale a escena con inciensos, una foto de lo que parecía un maestro yogui con nariz de payaso y mat de yoga en mano. Preparada para estirar y darle un espacio al cuerpo.

Lo que no se esperaba es que este ritual no lo iba a hacer sola.


Caminar juntos

Comienza a hacer movimientos de yoga (torpes) y con cada uno, se va sumando un integrante de las Guayabas al ritual, repitiendo sus pasos, sus movimientos del cuerpo, sus respiraciones y sonidos. Al principio, Amarella tuvo miedo, pero cuando se dio cuenta de que podía hacer sus cosas junto al resto del equipo, se sintió  sostenida.

Comienzan las Guayabas al fin a caminar juntas. Ya pasó lo peor, ya se siente la armonía, se huele el incienso en la casa y el público comienza a reírse.


Amarella recoge su mat, el incienso se queda a un lado de los músicos, le hace reverencia a su maestro yogui payaso y dos cuerdas lisas salen del techo del escenario. Se va al espejo y la tela de tul aparece de nuevo a escena.

Ata su cabello con la tela. Al fondo, las Guayabas se comienzan a cubrir completamente con la misma tela.

Soltar

La placenta que los cubría al principio, se transforma en una gran bola de tul que entrelaza a cada uno de los integrantes de Cualkier Guayaba. Diego, Alejandra y Cecilia a medida que se va destapando de la tela, se suben a las cuerdas y comienzan a hacer acrobacias.

Comienzan uno a uno, al principio haciendo movimientos sincronizados con el compañero de la otra cuerda, y haciendo unos trucos que, en caso de que un@ no esté preparad@, dejan de manifiesto la ansiedad entre el miedo de que caigan y el agradecimiento de seguir observando su talento.

Amarella, aquella del principio, ahora se resume a entender, comprender y soltar, a ser parte del otro. Todos están conectados, ahora todos caminan de la mano.


Felices de haber terminado, se presentan ante el público que entre aplausos y silbidos ahora están de pie gritando ¡Bravo! Las Guayabas están contentas, la sonrisa la tienen de oreja a oreja, es la primera vez que presentan su show en un teatro.

Después de unas palmadas en las nalgas y un par de abrazos entre ellos, se escuchó el gritito “¡ahora sí!” y todos bajaron con los brazos abiertos para saludar a sus amigos y conocidos de que estaban en el lugar.

Ya tienen un año trabajando juntos: nacieron, se apasionaron, se quisieron, se llenaron de ego, pelearon, se perdieron, disfrutaron, trabajaron, recogieron el desastre, se pusieron en los zapatos del otro y empezaron a caminar juntos.

Sobre Cualkier Guayaba

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Somos un grupo multidisciplinario de artistas independientes, que convergen para generar un espacio de creación que tiene como objetivo encuentros, espectáculos de calle, teatro y otros espacios no convencionales. Buscamos acercar a la población las posibilidades infinitas que brindan las herramientas con las que venimos trabajando a lo largo de los años. Por sobre todas las cosas queremos tomar en cuenta la inclusión de las nuevas generaciones.

¿Quiénes somos?

Cecilia Argenzio Abella
Ale Malvarez
Diego Estradet
Kellyns Herrera

Nota personal de Sinay, como el monte

Cuando ofrecí para hacer una nota sobre la presentación de ADENTRO, no sabía a lo que me estaba enfrentando. No sabía que era una obra compleja, con una historia muy fuerte detrás y llena de sentimientos, no sabía que lo iba a entender todo y que debía escribir desde una intimidad. No sabía.

Sabía lo que presentaba cada persona del colectivo, entendía bien los procesos, lo viví siempre de manera indirecta. Supe el trabajo que les costó hacerse entender, escucharse, hacer cosas cada quien a su forma y tratar de llegar a un mismo objetivo.

Nunca confié en el circo, siempre lo vi con mirada crítica destructiva y hippie. No tuve a nadie a mi alrededor que me diera otro punto de vista, así que crecí con eso. Pero desde que los conocí y me ofrecieron (recuerdo muy bien) asistir a su primera presentación, quebraron mi vieja mirada del circo y reconstruyeron algo hermoso: hacer circo es un trabajo. Requiere de tiempo, energía, constancia, detalles y amor.

Cualkier Guayaba tiene todo eso y más. Es un grupo que lo da todo. Así se vayan a “hippiar” un mes a Brasil, tienen todo preparado, tienen materiales, herramientas, vestuario, habilidades… Es su trabajo.

Me disculpo públicamente por haber pensado tan mal en mi adolescencia sobre el circo, agradezco a este colectivo por la confianza de poner su voz y su trabajo en mis letras.

 

Punta del Diablo, más bulla que la cabuya

Bueno, cuento mi experiencia de lo que fue ir a Punta del Diablo, ese lugar que tantos me recomendaban y que terminó siendo “un lugar más”.

¿Por qué? ¡Clickea!

Bueno, cuento mi experiencia de lo que fue ir a Punta del Diablo, ese lugar que tantos me recomendaban y que terminó siendo “un lugar más”.

¿Por qué?

Antiguamente este balneario era un pueblo de pescadores, pero con el tiempo, fue creciendo, creciendo, creciendo, hasta que se convirtió en un lugar cada vez más turístico, esto pasa desde hace más o menos 5 años y en temporada explota de la gente que va.

Me atrevería a decir que la gente que vive del turismo allí, está mucho más preparada que los de Punta del Este. Hay muchos hostels para el tamaño del lugar, hay un sistema de transporte que no es el mejor, pero funciona bastante seguido y bien (en realidad son 2 o 3 tipos con vans que pasan cada cierto tiempo de la parada del pueblo, hasta el terminal) y muchas cosas que hacer.

No se hacen filas, no debes esperar mucho para que te atiendan, no es tan caro…

Feria de artesanos
Feria de artesanos

La caminería de bares y restaurantes queda frente a la playa,  es muy lindo pasar por allí y ver todas las opciones para comer o tomar mientras que al otro lado tienes la playa, esperando por ti. Disfrutando de tu visita.

Hay una feria de artesanos bastante linda y arregladita, pero con poca variedad de productos. Igual es obligatorio pasarse por ahí.

Lo mejor para mi, fueron estos que se las ingeniaron con un montón de frutas para hacer licuados, tragos y pare de contar. Estéticamente muy atractivo y de sabor, ¡Lo máximo!:

Punta del Diablo -Uruguay
La Barita de Simón -Punta del Diablo

La playa es bastante tranquila y azul, nada que las anteriores no tuvieran. Pero la vi muy sucia en comparación con otras que ya había visitado. Quizás porque había una gran GRAN charco de agua verde  en todo el medio del camino de arena que arruinaba el paisaje, y demás te daba pie a pensar que meterte al agua no era una buena opción…

¡Igual me metí! No les voy a engañar.

Pero, ahora que lo pienso, quizás lo vi así porque ya había recorrido bastante costa de Uruguay… Quizás fui en un momento no tan lindo. Quizás a la gobernación se le pasó por alto el detalle.

-Quizás, estoy exagerando –

En el momento que fui hubo mucha gente, muchos autos, muchas casas, mucho todo. Ahora entiendo a los uruguayos cuando dicen que no quieren ser más de 3 millones. Todos queremos un lugar para estar en paz.

La recomendación es sin duda que visiten el lugar, no puedo negar que está lindo el tema de la vida nocturna, el montón de hippies por ahí cantando y danzando, y las infinitas ofertas para disfrutar la noche y pasarla de maravilla.

Pero fue más el alboroto por parte de algunos conocidos para que visitara el lugar que lo que fue… Para mí.

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El Diablo Tranquilo
Vista desde el hostel El Diablo Tranquilo

Agradecimientos infinitos a El Diablo Tranquilo hostel por recibirme un par de días y darme la oportunidad de recorrer el lugar.