Emigrar también implica “estar hospitalizado”

Esta vez no fui yo. Pero, lo viví de cerca con un gran amigo.

M., se sintió mal todos estos días, tenía el nervio ciatico inflamado y de un momento a otro, un nervio, paralizó su trabajo, su fin de semana, su en encuentros, su cuerpo, y lo tumbó en la cama.

Una semana de dolor intenso, de quejidos, gemidos, respiraciones, pastillas, ceño fruncido de rabia, de sábanas calentitas, de comida desparramada en la cama, vasos, platos, tabaco, humo.

Una semana de un cuerpo dolorido y muchos amigos que entre charla y charla, la única solución que veían para aliviarlo era la risa y un par de chismes.

Después de 8 días de dolor, M. va al hospital para revisión. Se le habían acabado los calmantes y debía resolver pronto. M., es extranjero, habla medio español, medio su idioma, su familia no está cerca, así que no tuvo “la sopita de mamá que todo lo alivia” ni la compañía de un familiar para apoyarlo. Fueron él, su nervio inflamado y su limitada capacidad de caminar.

***

Apenas me enteré que lo habían dejado internado, salí rápido hasta el lugar. Por suerte, este tipo de noticias corre rápido entre amigos, ni bien el había terminado de enviar el mensaje y ya unos cuantos amigos le hacían compañía.

Llegué y ahí estaba, con una sonrisa que le daba la vuelta a la cabeza, estaba contento porque al fin que no le dolía, el suero ya tenía calmantes y todo eso estaba entrando de una a la sangre.

A mitad de mi visita, lo trasladaron de hospital, y ahí estaba yo dando vueltas en una ambulancia, cagada de risa con M. y J., gozados.

“¿Cuántas veces tenemos la posibilidad de ir gozados en una ambulancia?”, pensé.

***

Ya van unos cuantos días que M., está internado. Es extranjero, le duele cada vez menos, sonríe cada vez más y come como un pozo sin fondo, su familia no está, él ni se inmuta “los únicos que deben estar en un hospital son los enfermos, aquí no permito que se quede nadie conmigo”. 

Hay varias postulaciones para quedarse acompañándolo, pero no quiere “hay muchas enfermeras lindas acá, ellas me ayudan a bañarme”, dice con picardía.

Su sentido del humor no pasa, traspasa. No me queda más que mirarlo y sonreír.

En mi ideal de emigrante, no tenía la hospitalización como una opción. Ahora sé que existe y que, si tienes amigos puedes llevar el tema con más tranquilidad.

El primer día que vi a M. sentado en la camilla, con una aguja en sus venas, drogas y enfermeras en medio de una habitación blanca y con olor a alcohol, me movió un montón de cosas ¿qué pasa con quienes están recién llegados a un país y les toca? ¿Qué pasa con la familia a distancia? ¿Qué pasa con la ayuda? ¿Qué pasa con nosotros cuando estamos solos en esas situaciones? ¿Qué pasa con “la sopita de mamá que todo lo alivia”, te la mandan por Skype?

Y entiendo que, enfermarse y estar hospitalizado, también le pasa a los inmigrantes.

Veracidade o ver a cidade?

Se llama Mauro Neri da Silva. Es graffitero. No lo conocí en persona, pero conocí sus trazos, que dejan huella en todos los rincones de Sampa.
Veracidade y ver a cidade. Su invitación informal a la observción, a prestar atención y ser buenas personas, ¿volver a los valores?

Unas mujeres que yo llamo “sus negritas” acompañan su VER y su VERACIDAD. Ellas siempre con la mirada hacia arriba, ¿será que tenemos que comenzar a dejar de ver el suelo y comenzar a ver las caras, a dejar las pantallas por las bocas?

Quién sabe.

Mauro, ni siquiera me conoce, pero sin saberlo, ya me enseñó mucho.
Ver, verdad, veracidad, ver la ciudad. Amarla, cuidarla, valorarla y sentirla.

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Ya vengo, me voy a perder

¿Qué probabilidades tiene una venezolana común de estar São Paulo y tener una amiga de Curitiba?

¿Que probabilidades tiene esta venezolana de fumar con su amiga e ir a vender Palha Italiana y #Negritas en  la Av. Paulista?

¿Qué probabilidades hay de que la venezolana vaya hasta la Av. más importante de Brasil, se siente en el piso de la acera y dedique 3 horas de su día a estar ahí?

***

Debe haber más de 5000 filtros de cigarro en la Av. Paulista de SP. Pareciera que el mantenimiento gubernamental solo barriera las hojas de los árboles.
Así la ciudad se ve menos parque.
Con este sol, las medias azules con estrellas blancas de la Mishi me dan calor.


¡Y hambre! Aunque no tiene nada que ver. De todas formas ya me arrepentí de haberme puesto zapatos negros.


Dos chicos bien vestidos (y parecidos) se acaban de detener a pegar sus diseños en la pared de Bradesco justo en nuestra frente.


¡Dios, qué sol!


Desde que nos sentamos en la acera, han pasado 635 personas. 325 están vistiendo jeans, 100 están de shorts y el resto creo que son menores de edad. Sin contar, lo bien vestidos que están los chicos que están pegando sus diseños en la pared, bonitos -los diseños-.


Del otro lado de la calle, una chica conecta un parlante y comienza a cantar What a wonderfull world acompañada de su guitarra y el pum pum del cajón peruano que está tocando su amiga ¿Serán amigas o novias? ¿Por qué dije amiga? ¡Yo qué sé!.


Mmm… Acaba de llegar un olor a pan con canela y azúcar que me levantó hasta lo que no fue. En mi pueblo, ese olor sería de Cinnamon o rollitos de canela.


Ahí van 2 hombres, 1 señora y 20 adolescentes jugando Pokemon Go. Lo sé, porque caminan guiados por el instinto automático y la mirada fija en la pantalladel celular. Casi se tropiezan entre ellos por intentar cazar uno.


También pasó una japonesa de lentes, y recuerdo la enseñanza de un amigo “São Paulo es la ciudad con la mayor colonia japonesa en Brasil”


Fumé marihuana hace un rato, estoy sensible. Escucho el taconeo de la señora, el “obrigado” de la cantante al otro lado de la acera, el sonido de la tapa de la alcantarilla que acaba de pisar el muchacho de camisa amarilla y las campanillas de las bicis que van por la ciclo vía.

¡Cuántas “illas” en un mismo párrafo”!


Hace 2 minutos, un vagabundo se detuvo frente a mí, supongo que le llamó la atención verme escribiendo en plena furia citadina, y preguntó “Cadê a caneta?”
Mi cara reflejó un perfecto “no entendí” y Mishi levanta su lápiz.


“Ah! Ai está a caneta!” . Suelta una carcajada, me ve, extiende la mano, yo le doy mi mano también, y dice “O cor, né?, somos do mesmo cor?”


Nos veo.

“Somos, sim”.

***

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De tarde el reencuentro es inminente.

El Ibirapuerra nos da la bienvenida con un árbol repleto de flores color rosa fuerte, casi con luminaria natural. Una muchacha con audífonos puestos coloca sus manos en el tronco del árbol, y como si lo estuviera empujando baja la cabeza entre los brazos, cierra los ojos y se queda ahí, quieta. Ni se inmuta ante nuestras miradas.

Ella es, junto con el árbol.

¡Ta lotado de pessoas! dice mi amigo.

Descubrimos el estado de tranquilidad de los patos recibiendo el atardecer nadando en el lago, y nuestra tranquilidad al verlos. También que el GPS interno de los chicos no estaba funcionando bien y dimos más vueltas de las necesarias para poder encontrar tomar un lugar para tomar café.

¡La música es tan necesaria en los espacios públicos! La diferencia entre caminar con música de ambiente en mute, y la transición emocional al escuchar una batería y un saxo en pleno camino, te cambia el tumba’o.Caminas con ritmo y hasta con sonrisa.

Pasamos por el puente sobre el lago y el sol nos bañó de amarillo, nos calentó y nos recargó.

¡Foto, foto!

Descubrimos que la chica que nos atendió, le encanta que le digan que su café es buenísimo y tengo la sensación de que va a lanzarse a un emprendimiento. Ella se lo cree, nosotros somos sinceros con ella.

Ya de noche las calles se nos perdieron y nos encontramos en las desconocidas… Ellos viejos encontrando lo nuevo en su propia ciudad, yo nueva, entre lo nuevo.

Callejones, arte, árboles de mora, casas de ensueño en alquiler, el Instituto de Biología y su arquitectura de terror, la calentura de la noche en pleno invierno, nosotros en la caminata, mi emoción, la emoción de ellos. Nuestro reencuentro, con nosotros y con la ciudad.

Compramos un vino, cocinamos burguis de lentejas “Não fale de burgui, Hamburguesa é uma palavra linda”, escuchamos música, mía y de ellos.

Recordamos el pasado, agradecimos el presente y en el futuro quedamos para ir a costa paulista.

¿Recuerdas qué sentiste la última vez que te perdiste?

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Mi experiencia con el Mate

El mate y yo
El mate y yo

¡Al fin probé el mate en Uruguay!

Después de unos cuantos meses, decidí dar el paso, era hora. Pero, en realidad mi experiencia es doble:

La primerísima vez que probé el mate estaba en Venezuela, un amigo había ido a Argentina y me trajo de regalo todas las herramientas para dar mi primer paso sureño :)

Habían pasado unos cuantos días después del regalo cuando me decidí a probarlo. Era ya muy de noche y no había nadie en mi casa; era el momento perfecto para hacer algo ridículo sin pasar vergüenza. Busqué mi tablet, el mate (calabaza), la bombilla y la yerba. Cuando tuve todas esas herramientas a la mano, busqué en Youtube “cómo preparar un mate” y comencé: puse a calentar agua en una olla, eché la yerba en el mate y con la bombilla arrimé la yerba cuidadosamente a un costado hasta dejar un hueco para echar el agua caliente.

Cuando ya estaba listo, lo probé. El ceño se frunció automáticamente, dejé de absorber el agua y quedé con ganas de botar toda la yerba. Fue terrible. Pero sabía que no podía botarlo porque era un regalo, así que me relajé, lo tomé con calma y me fui a la sala, me senté en el sofá y me dispuse a tomar lo que quedaba tratando de engañar a mi mente para que pensara que era una bebida tropical. Lo terminé tranqui, boté los restos y me acosté.

Esta primera vez no cambió mi vida ni mucho menos; fue simplemente un echo pasajero.

Mi segunda vez fue en Uruguay, no podía negarme estando en la cuna del mate.

Una amiga uruguaya nos invitó a mi novio y a mí al parque a “tomarnos unos mates” (frase típica), ninguno de los dos había probado la yerba de acá, así que sin dudarlo tomamos el ómnibus hasta el Parque Rodó, nos ubicamos en un lugar con vista al mar, mi amiga preparó el mate con su termo de agua caliente (nada de ollas, por supuesto); como toda una uruguaya ella tenía sus herramientas.Hizo el procedimiento tal cual yo lo había hecho en un momento y bebió primero para ver cómo había quedado; me ofreció, pero quise alargar mi turno, así que probó mi novio y ahí sí, ya no podía zafarme.

Estaba en pleno saboreo cuando escucho:

Sabe a hoja de Hallaca

Después de que mi novio pronunció esa frase, ¡colapsé! No supe decidir si me gustaba el mate o no, porque el sabor era igual de amargo como la primera vez, pero pensaba “si el mate sabe a hallaca, entonces ¿cómo no me va a gustar si lo segundo es el plato típico de mi tierra? Si decía que no me gustaba, era como negar mi nacionalidad. Así que me auto obligué al gusto hasta el punto de tener una afinidad con el mate. No es que ahora me lleve el termo y el mate a todos lados, pero digamos que le tengo cierto respeto, solo por el echo de que me recuerda el lugar de donde vengo.

Sin querer, Venezuela sigue siendo mi compañera del alma.

A tener en cuenta

Cosas que hay que saber cuando vienes a Uruguay o Argentina. Cosas que debes tener en cuenta si eres de un país caribeño.

  • El mate NO ES ARGENTINO, ES URUGUAYO. Cuidado con ir a Argentina y alabar una costumbre incorrecta. Cuidado con venir a Uruguay y decir que el mate es de su enemigo limítrofe
  • En Argentina este ritual es de casa. El uruguayo sale con el termo y su mate a la calle. No importa si es verano o invierno, el agua caliente no afecta su temperatura corporal… Salir sin termo ni mate es como olvidar las llaves de la casa
  • Tienen que mentalizarse en que esto no se fuma. Hay gente que lo piensa ¡Por Dios! es una bebida
  • NO ES DULCE. Mientras más amargo, mejor. Sin embargo, hay quienes le echan jengibre o cáscara de naranja para darle ese toque dulcito
  • El agua, para nosotros los de países tropicales, siempre está MUY CALIENTE. Así que tengan cuidado cuando prueben

Entonces, ¿nos tomamos unos mates?

Miss Venezuela: La casa de la involución femenina

 Este texto es de una amiga, colega y compañera venezolana que se cansó del típico cliché de mujercita riquita operada y mente hueca que han impulsado las empresas de belleza y que ha comercializado la publicidad para definir a la mujer

Miss Venezuela -Mujer florero

Confieso que, en años anteriores, religiosamente me sentaba a ver el certamen de la belleza más visto y esperado en el país, con mi mamá y mi abuela. Comentábamos los vestidos –“¡Qué bello ese!” o “terrible ese, qué mal gusto” – las producciones musicales, las actuaciones de los artistas internacionales y, sobre todo, el mensaje que dejaba el evento ese año.

Por mensaje me refiero a si se elegía a la muchacha más preparada, inteligente y desenvuelta como representación total de la mujer venezolana, que para mi sigue siendo BELLEZA, TALENTO E INGENIO; pero, sobre todo, esas últimas dos.

Se puede apreciar visiblemente la decadencia a la que ha llegado este autollamado “magno evento de belleza”, que no es más que una pobre muestra de jóvenes hermosas – sí, hermosas –  que en general reflejan ese estereotipo de mujer florero; perfecta, que dice solamente lo que le indican y como se lo indican; que se esfuerza de manera sobrehumana para llegar a un peso y una talla ideal por el altísimo estándar de belleza que es ser, mínimo, 90-60-90.

El Miss Venezuela dejó de ser, hace muchísimo tiempo, el concurso de belleza que representa a una mujer venezolana promedio. Y ojo, que quede claro que una venezolana promedio es un ser extraordinariamente rico en viveza, perseverancia y picardía; eso somos.

Podemos tener la mayor fuerza de voluntad, levantarnos más temprano que cualquiera, hacer ejercicio, arreglarnos y estar listas y pulcras, como si fuésemos a ver a nuestra peor enemiga; comernos una Reina Pepeada y tomarnos una cerveza mientras vemos el Caracas – Magallanes. Eso somos, las mujeres venezolanas, las de verdad, somos más que el Miss Venezuela.

Por María Fernanda Montilla

 

Gente para (des)confiar

tener-mas-confianza

Vuelvo con ganas de contar una conversación que tuve con una amiga sobre las cosas que nos hacen desconfiar o confiar en las personas y la verdad es que las cosas que salieron de allí me sorprendieron tanto que les voy a compartir algunas de esas frases:

  • Duda del que tenga tatuajes sin significado
  • Si sabe qué es Moleskine, no lo dejes ir
  • Si lleva una libretita a todas partes ¡Contrátalo!
  • Cuidado con darle la espalda a mujeres con las uñas muy largas, pueden transformarlas en puñal
  • Duda de las personas que usan lentes de contacto de colores. Están escondiendo su alma
  • Si un hombre lleva zapatos muy puntiagudos, no es de fiar. Es peligroso
  • Duda del que te habla y no te ve a la cara. No habla en serio
  • Si usa lentes con cristal sin aumento como si tuviera problemas en la vista, es superficial
  • Si no deja ver su letra, es negativo
  • Si habla sin preocuparse por el teléfono, es sensible

Quizás son cosas muy banales para unos, o no tengan nada que ver para otros, pero cada quien tiene su forma de ver a las personas ¿no?

¿Qué creen ustedes?